¿Es el Molinismo herejía? Una respuesta a Jaime Daniel Caballero

¿Es el Molinismo herejía? Una respuesta a Jaime Daniel Caballero.

Por Raúl Jaramilo


Saludos a todos hermanos.

Como muchos de ustedes sabrán, el Molinismo actualmente está experimentando un avance considerable en Latinoamérica y el resto del mundo. Nuestra páginase ha dedicado en promover y difundir información correcta y confiable sobre lo que sostiene esta postura, basándonos en fuentes primarias como Kirk MacGregor, Kenneth Keathleyy otros más.

Sin embargo, este avance no puede estar desligado de oposición y rechazo de adoptar esta postura. Muchos hemos estado en discusiones con hermanos en la fe que denominan el Molinismo como una falsa doctrina, Arminianismo filosófico y herejía. Aunque muchas de estas acusaciones vienen de parte de personas que no se han tomado el tiempo de leer los componentes esenciales del Molinismo, en esta ocasión responderé a un hermano en la fe que parece tener la preparación en el tema y aun así realiza la acusación de “herejía” y luego es tristemente difundido por la página Evangelio Puro.

No obstante, para ser honesto, escribo esta réplica con algo de duda de que pueda ser considerada “réplica” de verdad, puesto que mi única objeción (si es que puede considerarse así) al escrito original del hermano Daniel Caballero, es una simple pregunta.

Digo esto porque durante todo su escrito parece estar de acuerdo con los componentes esenciales del Molinismo. Dejo el enlace aquí a la publicación del hermano Jaime Daniel Caballero: https://bit.ly/2RJSrAA

#1 Comentarios a favor del Molinismo.

Como mencioné arriba, no creo que mis comentarios puedan ser considerados como réplica debido a que Daniel y yo parecemos estar de acuerdo en casi todo respecto al Molinismo. Observen sus comentarios:

/// Molinismo es herejía.

No me refiero con esto a lo que se conoce como la tercera vía de conocimiento(en oposición a al conocimiento necesario/ libre de Dios). Yo mismo sostengo una postura de la providencia Divina similar al Molinismo Calvinista de un gran número de Escolásticos Reformados: Dios ejerce control sobre las decisiones de los hombres al moldear las circunstancias pertinentes a estos, de tal manera que lo que eligen es aquello que Dios quería que eligieran. ///

Noten que después de considerar que el Molinismo es herejía, Daniel afirma uno de los pilares principales del Mero Molinismo, elConocimiento Medio. El Conocimiento Medio, fue la propuesta de Molina para resolver la aparente contradicción entre la soberanía absoluta de Dios y el libre albedrío del hombre. Molina creía que ambas doctrinas eran enseñadas en la Escritura.

Miren lo que dice William Lane Craig al respecto:

>> Así que la doctrina del Conocimiento Medio dice que Dios conoce lo que tú libremente harías si tú estuvieses en los zapatos del apóstol Pedro: Él sabe si tu negarías a Cristo tres veces, o si tú serías fiel, o cualquier otra cosa.

Así que la clave de la doctrina de Molina acerca de la providencia es que por medio de su Conocimiento Medio, Dios conoce lo que los agentes libres harían libremente en cualquier conjunto de circunstancias (que permitan la libertad) en las cuales Dios pudiera colocarles.

Entonces,al crear estas circunstancias, y colocando a los agentes dentro de ellas, Dios — por así decirlo — aparta sus manos y permite que el agente escoja libremente como desee, aunque Él conoce cómo ese agente libre escogería…<< 1

Nótese la gran similitud entre la descripción de la providencia que Caballero y Craig afirman. Tim Stratton ha argumentado que afirmar el conocimiento medio de Dios es uno de los pilares que te denominarían como Molinista. 2 Entonces, Daniel Caballero afirma el primer pilar del Mero Molinismo, el Conocimiento Medio. ¿Qué hay del segundo?

Daniel dice,

/// El hombre es libre en este sentido de elegir A o no A, pero esta libertad no es necesaria, sino contingente. Todo hombre es libre (contingencial, no necesariamente), libre de venir a Cristo, pero no viene – y nunca vendrá- no porque no pueda (inhabilidad natural), sino porque no quiere – y nunca querrá (inhabilidad moral; i.e. Jonathan Edwards-Freedom of the will). ///

De igual manera, esto lo afirman los Molinistasdesde Molina. No puedo escribir todo al respecto, pero en nuestras publicaciones encontrarás las diferentes características de la libertad y las diferentes etapas del hombre que el libertarianismo suave sostiene, tomadas del libro del teólogo Molinista, Kenneth Keathley.

>>El libertarianismo suave tiene dos características distintivas que lo distinguen del determinismo suave. Primero, el carácter determina la gama de decisiones, en lugar de una decisión específica en sí. Esto significa que dentro de la conformación de una persona, una amplia gama de decisiones está disponible.

La segunda característica distintiva del libertarianismo suave es… [que] Tus decisiones manifiestan quien eres, pero también cambian quien eres. La elección y el carácter interactúan en un bucle de retroalimentación. El carácter de una persona de hecho limitan sus decisiones, pero la condición presente del carácter de uno es como es, por las previas decisiones libres hechas durante ciertos momentos importantes de la “voluntad-situación”.<< 3

Observen que la primera característica es que el carácter o naturaleza del hombre sí determina la gama de decisiones, por ende, en palabras de Daniel, “El hombre puede escoger A o no-A.” Pero Daniel también dice que el hombre no vendrá a Dios y nunca vendrá porque tiene una inhabilidad moral. ¡Por supuesto! Porqueen su estado caído, la decisión “venir a Dios” no forma parte de la gama de decisiones, esto debido a su naturaleza caída.4

>> Nosotros heredamos el estado corrupto de Adán, así que nuestras decisiones son inevitablemente torcidas hacia el pecado. El modelo de depravación radical, al argumentar que el carácter proporciona el rango de decisiones libertarianas limitadas, presenta la situación de la humanidad como algo análogo al encarcelamiento. Somos libres de escoger dentro de las restricciones de nuestras naturalezas caídas. Somos como los presos libres para vagar por una prisión, pero nunca para salir. << 5

Entonces, Daniel también está de acuerdo en que el hombre, incluso en su estado caído, puede escoger A y no-A. Solamente que la opción de buscar a Dios está inhabilitada. Lo cual lo creen Molinistas como Keathley.

Bajo estos parámetros, podríamos decir que Daniel afirma ambos pilares del Mero Molinismo, por lo que Daniel debería felizmente considerarse Molinista. Sin embargo, Daniel en una segunda respuesta a mis objeciones a su publicación menciona

/// No creo que la posibilidad de escoger entre A y no A no es absoluta, sinocompatibilistay contingente, y depende en ultima instancia del decreto de Dios. El hombre siempre escogerá A y no no-A en ciertas circunstancias (como por ejemplo el venir a Cristo). ///

Lo cual, por definición lo sitúa fuera del campo del Mero Molinismo, puesto que el Molinismo por definición es incompatibilista, es decir, negamos que el determinismo causal y el libertarianismo son compatibles. Probablemente por su especificación al final, “y depende en ultima instancia del decreto de Dios”, podamos decir que Daniel objeta a la causalidad del agente. Pero objetar a esto presenta serios problemas al compatibilismo. Problemas que incluso lo ponen en contradicción con su afirmacion de la libertad contingente. R.C. Sproul Sr., comentando sobre el principio de Jonathan Edwards etiqueta a este principio compatibilista La Ley de la Elección de Edwards:

“La Voluntad siempre elige de acuerdo a su inclinación mas fuerte en el momento.” 6

Bruce Ware, defendiendo el compatibilismo nos dice,

“La libertad compatibilista… cuando elegimos y actuamos, lo hacemos de los deseos prevalecientes lo cual explica exactamente por que esta decisión y no otra es hecha.. , ¡debemoselegir como lo hacemos!” 7

Apelar a Jonathan Edwards y al compatibilismo presenta dilemas que se han postulado en otras publicaciones de la página.

Sin embargo, su ejemplo aun podría interpretarse como un libertarianismo suave puesto que nosotros que adoptamos esta postura estamos de acuerdo que ciertas opciones (como por ejemplo, el venir a Cristo) no están disponibles al hombre en su estado caído y sin gracia divina.

#2 ¿Molinismo Herejía?

Pero, aún denomina el Molinismo como herético en su introducción a su publicación. Si Daniel afirma ambos pilares del Mero Molinismo, ¿por qué lo denomina como herético? Esto lo explica en la conclusión de su escrito:

/// Me parece que el Molinismo actual latinoamericano surge como consecuencia de un Arminianismo avergonzado de su propia tradición teológica…

De esta manera han creado su propia versión distorsionada del Arminianismo y el Molinismo, después de todo tanto Arminio como Luis de Molina afirmaban la Depravación Total del Hombre.

De esta manera se hacen dioses para si mismos… [en] negación tanto de la imputación del pecado de Adán, como de los efectos este pecado en el Hombre. Lo que está en riesgo aquí no es otra cosa sino el Evangelio mismo, pues “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”, pues “no hay quien busque a Dios, ni siquiera uno”. Cualquier esquema teológico que niegue la absoluta inhabilidad del hombre para salvación, llámese Molinismo, Pelagianismo o cualquier otro, es herejía y no deberíamos avergonzarnos de decirlo. ///

Entonces, su problema es con el supuesto Molinismo Latinoamericano que “niega la absoluta inhabilidad del hombre para salvación.” Ya que incluso agrega al final,

/// P.S. No toda versión del Molinismo es herejía,pero la mayoría de lo que veo en Latinoamérica si lo es.///

Y es aquí donde mi objeción/pregunta aparece, ¿qué Molinista latinoamericano cree que el hombre tiene “habilidad” para salvación? Daniel correctamente afirma que Molina era un proponente de la Depravación Total,

>>Porque todos han pecado y han sido destituidos de la gloria de Dios, y todos son justificados de manera gratuita por su gracia a través de la redención que vino por Cristo Jesús.8

Molina observó en Efesios 2:8-9 que los seres humanos son totalmente incapaces de merecer el favor de Dios, de tal manera que la única forma en la que los seres humanos pueden ser considerados como justos es que Dios libremente provea la salvación para ellos por gracia, completamente separado de sus obras.9 <<

Entonces, Keathley y el mismo Molina afirmaban que el hombre por su propia iniciativa era incapaz de querer lo bueno, buscar a Dios y obtener salvación. Daniel considera que lo opuesto a esto sería considerado herejía y afirma que los Molinistas Latinos hemos caído en este error. Pero no cita ninguna fuente, maestro o expositor que se auto-denomine Molinista como ejemplo. Meramente lo afirma.

Agrego también que le hice este comentario en su publicación al hermano Caballero y él amablemente respondió de la siguiente forma,

// /Es este caso me parece que usted asume que yo he dicho he afirmado que el Molinismo niega la completa depravación total, lo cual es falso….Creo que en el mismo post afirmo que Luis de Molina, y la mayoría de Molinistas afirman Depravación Total. Mi punto es condicional “si”, y en las formas mas populares del mismo, que en muchos casos en el contexto latino es un sincretismo ecléctico entre el Semi-pelagianismo y el Molinismo Clásico. ///

En esto podemos estar de acuerdo, su argumento principal es condicional. Pero si se lee completo el post original, el único momento en donde podemos observar un enlace entre las palabras “Molinismo-herejía”, es cuando menciona la negación de la inhabilidad moral, por lo que creo que mi pregunta y aparente presuposición está justificada. Noten también que el hermano Caballero sigue sin mencionar algún ejemplo de Molinismo Latinoamericano que sostenga el sincretismo “Semi-Pelagianismo – Molinismo Clásico.” Aparentemente, él no desea mencionar nombres debido a que,

/// seria incorrecto argumentar en contra del [Molinismo] por lo que un expositor afirma, pues para contra-argumentar solamente bastaría responder con la cita de otro.///

En lo cual estoy de acuerdo, pues a pesar de considerarme un admirador y seguidor del trabajo de Craig, difiero con él en algunos aspectos. Al igual que difiero con Kirk MacGregor en otros. Pero creo que como Kenneth Keathley, MacGregor y Craig, junto con Plantinga, son los expositores más prominentes del Molinismo tanto en filosofía como en teología bíblica, tomarlos al menoscomo referencias y autoridades al respecto puede ayudar a aclarar ciertos mal entendidos. Sobre todo si su acusación de herejía está dirigido a un sector de Molinistas en particular, debe de presentar una acusación justificada.

En su respuesta a mi pregunta, Daniel dice,

///¿Quiénes niegan la depravación total? Todo aquel que afirme un Libertarianismo contigente absoluto independiente (o a lo que yo llamo “voluntad necesaria” aunque en realidad es contingente pero en la practica no lo es), necesariamente y por consecuencia lógica no puede afirmar Depravación Total, y a lo sumo una versión hipotética y débil de Imputación del Pecado de Adán. ///

Bien, quisiera preguntar por algún ejemplo o instancia en que esta “voluntad necesaria” es ejercida por un ser humano, sobre todo para esclarecer las cosas ya que a mi parecer, a lo que Daniel llama, Libertarianismo contingente absoluto independiente, es lo que Plantinga y otros denominan Libertarianismo Fuerte o Autonomía Máxima. Y tengo entendido que los cuatro exponentes del Molinismo mencionados arriba rechazan unánimemente esta concepción del Libertarianismo, a menos que Daniel posea un ejemplo de ello o que yo lo esté mal interpretando a él respecto a este término de Libertarianismo contingente independiente.

#3 ¿ Teísmo Abierto?

El hermano Caballero pretende argumentar nuevamente sobre los peligros del Molinismo diciendo en su respuesta,

//Mas aun, si bien es cierta una persona puede ser Molinista y completamente Ortodoxo al mismo tiempo, las bases epistemológicas son similares a las del Teísmo Abierto, en el sentido de que el conocimiento real de Dios depende de factores contingentes, i.e. Dios no sabia el numero personas serian salvas sino hasta después de la creación del mundo, reduciendo el conocimiento de Dios a algo contingente.Por ejemplo, Craig mismo afirma: “En el instante lógico anterior a la creación, Dios no tenia idea de cuantos serian salvos y cuantos perdidos” – William Lane-Craig, The Only Wise God: The Compatibility of Divine Foreknowledge and Human Freedom, 145-146). Esto es muy peligroso. //

Lo cual, con el debido respeto que el hermano merece, eso simplemente es falso. Y quisiera exponer que la cita que menciona de Craig está completamente sacada de contexto.

Les comparto la cita completa, comenzando desde la página 145,

>>Pero si no hay objeciones convincentes al conocimiento medio divino, tal vez este es teológicamente objetable….

¿Por qué no planeo Él su creación de personas y circunstancias de tal manera que todos serían libremente salvos?LOS OPONENTESdel conocimiento medio no enfrentan problema alguno porque EN SU PERSPECTIVAen el instante lógico anterior a la creación, Dios no tenía idea de cuantos serían salvos y cuantos perdidos, de hecho, [tampoco] si los seres humanos caerían en pecado o si Cristo habría venido (a menos, por supuesto, que se sostenga que Dios decretó todas estas cosas él mismo)…

AQUELLOS DE NOSOTROS que sostenemos que Dios sí posee conocimiento medio y realmente quiere que todos seamos salvos, nos enfrentamos a la dificultad de intentar explicar el hecho de que muchos se pierden.<<

Como usted podrá notar, la cita mencionada por Daniel no es una afirmación de Craig, ¡es una afirmación de los oponentes teológicos del conocimiento medio!, en respuesta a la pregunta, “¿Por qué no todos son salvos?”

Cuando le comente de este error, el hermano Caballero respondió,

///La cita la tome de la Enciclopedia de Apologética de N. Geisler, quizá estuvo errada, quizá no. Te doy el beneficio de la duda, puesno tengoni el tiempo, ni el deseo, de revisar los escritos de Craig en este punto. ///

Extendiendo el principio de caridad, entiendo que sea cansado y no todos tengamos el tiempo de verificar las citas que leemos y encontramos en diversas fuentes. Incluiré abajo las mismas fotografías que le envié al hermano Caballero en su propia publicación demostrando este error. Solamente quisiera enfatizar que si vamos a afirmar que una postura es herejía y además señalar a un sector particular de los adherentes Molinistas, debemos tener mayor cuidado en las bases con las que lo decimos.

Conclusión,

Hemos visto que Daniel afirma ambos pilares del Mero Molinismo, el conocimiento medio como una tercer clase de conocimiento de Dios y su función en su soberanía y control providencial de Dios. También afirma que el hombre es capaz de hacer A o no-A dentro de los límites de su propia naturaleza, lo que es Libertarianismo Suave; y este es el segundo pilar del Mero Molinismo. Aunque apela al compatibilismo para salir de esta contradicción, vemos que su “compatibilismo” es consistente con el Libertarianismo suave y por otro lado, es inconsistente con su afirmación de la contingencia de la Libertad. Erróneamente menciona que “El Molinismo es herejía” pero al final aclara que se refiere a meras versiones latinoamericanas del Molinismo, pero no menciona a nadie que sostenga una versión Pelagiana del Molinismo, meramente hace una afirmación gratuita.

Es muy importante ser claros en lo que decimos puesto que la mala información se dispersa rápidamente, vimos esto en la publicación de Evangelio Puro (aunque al final también se retractaron por su falta de cuidado). Aprecio que aclarara al final que no está hablando del Molinismo en general, puesto que de hacerlo, se estaría poniendo a sí mismo en la categoría de hereje (en el caso en que Daniel acepte de una u otra forma los dos postulados del Mero Molinismo), sino meramente está hablando de Latinoamérica, pero al final falla porque no ha provisto evidencia sólida al respecto. Su amonestación es apreciada ya que es correcto que las posturas sufren de cambios y evolución conforme pasa el tiempo y en otros contextos sociales. No todos los Calvinistas creen lo mismo, al igual que no todos los Arminianos creen lo mismo.

Podemos agradecer a Daniel en permitirnos aclarar nuevamente que el Mero Molinismo no es Pelagianismo ni Semi-Pelagianismo. No afirma que el hombre por sus propios méritos y obras puede venir a Cristo en ausencia de la gracia y cualquiera que se denomine Molinista y afirme esta clase de Pelagianismo estaría en contradicción con Molina, MacGregor, Keathley, Plantinga, Craig, Tim Stratton, Evan Minton y los todos los administradores de DASM.

Molina Fan 🙂

Imágenes Citadas del Libro de William Lane Craig.

  1. William Lane Craig en su debate con el Calvinista, Paul Helm. Video subtitulado: https://www.youtube.com/watch?v=sipiOGBRBPE
  2. Más sobre el Mero Molinismo: https://bit.ly/2QN53X2
  3. Libertarianismo: https://bit.ly/2FusWfT
  4. Cuatro Etapas de la Experiencia Humana: https://bit.ly/2QOdhdC
  5. Ibid.
  6. R. C. Sproul Sr., Chosen by God (Wheaton: Tyndale, 1986), 54.
  7. Ware, God’s Greater Glory. 25. Énfasis original.
  8. Molina, Concordia, 3.14.13.46.20; 7.23.4/5.2.3, 20.
  9. MacGregor, Kirk, “Luis de Molina: Life and Theology of the Founder of Middle Knowledge”. Ed. Zondervan 2015, pág. 61.

Revisión de Libro. Su Mejor Vida Ahora, de Joel Osteen.

Revisión de Libro. Su Mejor Vida Ahora, de Joel Osteen.

Por Priscila Fonseca.

Definitivamente, en la vida hay un ocaso de la obediencia bíblica. ¿Qué me motiva a decir esto? Las miles y miles de personas que tienen como pastores a seres humanos cuya única meta es alcanzar el éxito en la vida. ¿Y la cruz? ¿Dónde queda Jesús?

En esta ocasión seleccioné un libro de uno de esos predicadores, de esos que te llaman mediocre por no tener “una visión millonaria”, que te animan a proyectar una imagen de lujo y éxito cuando deforman pasajes de la Biblia para decir que sus discursos son una obediencia divina.

“Su mejor vida ahora” es el título del libro que tengo entre mis manos, son casi 300 páginas dedicadas a guiarte a través de siete pasos hacia el prometedor futuro que “Dios quiere para ti”. Comienza explicándote que una mente contaminada y una autoestima bajo no te conducirán a ningún lado, y en esto estoy de acuerdo con Osteen; el propósito de Dios para nosotros no es que andemos tristes por la vida ni que tengamos constantemente pensamientos negativos. Pero, la Biblia es constante al darnos ejemplos de que la vida no es color de rosa, ni que vamos a estar sin problema alguno, mucho menos nos llama a buscar el éxito monetario.

Osteen llena su libro con la famosa técnica del decreto: aquella donde lo visualizas, lo crees y entonces se vuelve una realidad. Te alienta a buscar la mejor versión de tu persona a través de este tipo de pensamiento. “Si lo creo, entonces lo soy.”

Lo peligroso de esto es que deja fuera todo propósito del dolor en nuestras vidas. ¿Qué pasa si en mi decreto de ser millonaria, tengo un accidente y quedo paralítica? ¿Fue porque no lo decreté lo suficiente? ¿Fue porque mi mente no sale de la mediocridad? ¿Dónde queda la gracia de la que gozamos los cristianos para afrontar las tribulaciones?

Otro peligro es que confunde al lector con mucha habilidad. Comienza narrando que un señor se acercó a él buscando ayuda, pues estaba teniendo problemas en su matrimonio, a lo cual, Osteen cambia de dirección la pregunta tan sutilmente que uno puede dejarse llevar: le responde que él también tuvo problemas en su matrimonio pues vivían en una casa con problemas de acabados, pero que su esposa le motivó a visualizarse en una de aquellas casas lujosas que habían visitado. ¿Se percataron? Un hombre acude a él con problemas serios y su respuesta es mejor hablar de él mismo y contar cómo fue que se hizo de aquella casa lujosa. Así va pasando por todo el libro, contándonos sobre personas con problemas reales y dándonos una motivación para buscar la riqueza.

Un tema preocupante es que también mezcla el concepto de los milagros con la falta de responsabilidad. Nos describe que va manejando a muy alta velocidad y es detenido por un policía, quien al pedirle su licencia le reconoce por el apellido. Por supuesto, el policía lo deja ir sin ninguna multa y Osteen declara que ha sido un gran milagro de Dios. ¿Cómo puede ser posible que Dios te saque de una situación ilegal? Dios no forma parte de lo ilegal, eso es algo que tenemos que tener siempre muy en claro.

Así continúa el libro, lleno de consejos para siempre buscar más, nunca conformarte con lo que tienes ¡busca más, más…y más! Da la impresión de que usa a Dios como un amuleto más que como un Soberano Creador.

Un punto correcto que aborda más adelante es que no debemos desanimarnos cuando Dios no nos da lo que le pedimos. En eso tiene razón, Dios conoce qué es lo mejor para nosotros y sabe qué cosas darnos. Nos insta a dar las gracias incluso cuando no recibimos lo que pedimos. Es un párrafo rescatable. Es un pequeño oasis en este libro, tan pequeño que se agota rápidamente cuando suelta la frase “Dios le hizo y le ha programado para la victoria” (112). Claro que nos ha programado para la victoria, pero en Cristo. Nuestra victoria no es en esta tierra, pero la podemos alcanzar gracias a la obra expiatoria de Jesucristo, no por mérito nuestro.

A grandes rasgos, este es un libro lleno de motivación que utiliza frases y títulos bíblicos para hacerle creer al lector que es sin duda alguna lo que Dios quiere hacer de nosotros. Sí, hay versículos que son sacados de contexto y otros que no, es por eso que perderse en el laberinto se vuelve algo fácil. Lo interesante aquí es que menciona a Dios en casi cada página: “Dios quiere para ti…” “Dios tiene para ti…” ¿Y Cristo? ¿Dónde está mencionada la cruz que Jesús nos pidió que cargáramos? ¿Dónde está el verdadero camino que nos lleva a la verdadera y mejor vida eterna?
Es cierto que Dios no nos ha creado para sufrir mientras Él es un lejano y mero observador, pero sí vamos a encontrar tribulaciones y será Dios quien nos ayude a pasar por ellas, pero definitivamente, nuestra mejor vida, nunca será aquí, ni ahora…y mucho menos en siete pasos.

La vida cristiana no se rige bajo siete pasos…se rige bajo Diez [mandamientos que Jesús resumió en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo].

El Cristiano y las “Fiestas Paganas”

Respondiendo al argumento: El festejo “X” es “Pagano” y por ende, los cristianos no debemos festejarlo.

Por Chris Du-Pond


Respondiendo al argumento:

El festejo “X” es “Pagano” y por ende, los cristianos no debemos festejarlo.

Cuando llegan a la cultura ciertos festejos, muchos cristianos (algunos con celo genuino y buenas intenciones) afirman que tal festividad es “pagana” o “inmunda” y que por eso debemos desecharlo. También juzgan (muchas veces injustamente) a otros cristianos que sí festejan tales días.

Pensemos un poco en esto. Primero, habría que definir lo que significa que algo sea “pagano”.

El paganismo se refiere a la práctica de dar honor a un objeto creado (o a un dios creado) en lugar de darle la honra y el lugar que a Dios se le debe.

De esto se derivan dos cosas:

Primero, no hay “cosas” paganas. El paganismo se deriva del lugar y la INTENCIÓN en el corazón de las personas al ejecutar cierta actividad. Quisiera enfatizar este punto. EL PAGANISMO ES UNA ACTITUD DEL CORAZÓN y por ende, para saber si una práctica es pagana o no, es necesario saber la intención del corazón. Esto es el centro del problema. 

Por ejemplo: se me ha preguntado si quemar incienso está prohibido por el cristianismo. Ya que la biblia no prohíbe tal actividad, el siguiente paso consiste en conocer la INTENCIÓN de la persona al quemar incienso. Hay dos respuestas típicas que puedo recibir:

La persona podría responder que le gusta el perfume del incienso.

Por otra parte, podría responder que el incienso ahuyenta a los “malos espíritus”.

Veamos cuál es la intención en cada caso: En el primero, la intención es la de disfrutar el aroma del incienso. No hay nada en la Biblia que prohíba esto. Por ende, es permitido. Pero si alguien desea abstenerse, también es permitido. Esto es una cuestión de preferencia personal y de conciencia.

En el segundo caso, la intención es la de ejercitar una práctica contraria a la Biblia: es decir, la persona tiene la intención de interactuar con los espíritus malignos de manera errada porque sólo Dios tiene poder sobre los espíritus inmundos y es por medio del poder de Cristo que se deben exorcizar. No por medio del uso de aromatizantes. Esto es paganismo porque la persona está quitando el lugar que le pertenece a Dios y en su lugar está usando el incienso.

El apóstol Pablo coincide: En su carta a los romanos escribe que los cristianos debemos dejar de juzgarnos unos a otros, sin tener razón, por estas costumbres de origen “inmundo”. Esto es lo que Pablo dice:

“Por tanto, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidan esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano. Yo sé, y estoy convencido en el Señor Jesús, de que nada es inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo es”. Rom. 14:13-14.

Quisiera enfatizar tres aspectos de esto:

Primero, los cristianos debemos dejar de juzgarnos por estas cuestiones de intención y conciencia. No es productivo.

Segundo, Pablo mismo afirma que “NADA ES INMUNDO EN SÍ MISMO”.  Dios es el creador de todas las cosas y de todos los días. Ni las cosas ni los días son inmundos o paganos por sí mismos sino por la INTENCIÓN que las personas les confieren.

Tercero: Pablo también dice que no seamos un obstáculo o piedra de tropiezo. Esto es: que la gente no se aleje del evangelio al vernos participar de alguna actividad. El argumento de Pablo es que si la fe de una persona va a flaquear al verte participar de alguna actividad, mejor no lo hagas. Sin embargo, casi todos los cristianos entienden esto como “me ofende que festejes la navidad, por ende, debes dejar de hacerlo”. Pablo nunca argumentó así. Si te ofende que tu vecino cristiano ponga árbol de navidad, examina tu propio corazón para ver qué está mal en ti. Hasta ahora no he conocido a nadie cuya fe haya flaqueado por poner un adorno en su casa o festejar que Jesús nació. Pero sí he visto a muchas personas flaquear en su fe por el legalismo de cristianos fundamentalistas en guerra con un adorno que en nada afecta la pureza del evangelio.

Amigos y hermanos, les ruego que paren de juzgar a otros creyentes que aman el festejo de la navidad o gustan de poner un árbol de navidad (o cualquier otra cosa similar) en su casa porque estas cosas no son ni paganas ni inmundas al menos que la INTENCIÓN de la gente al festejar esto vaya ligada a quitarle la honra a Dios. Precisamente los primeros cristianos comenzaron a festejar la Navidad para darle honra a Dios y al nacimiento de Cristo. Cuando pongo un árbol de Navidad, no estoy honrando a ningún dios de la antigüedad. ¡Es un adorno! Y como la Biblia no prescribe festejar el natalicio de Jesús, uno puede tranquilamente abstenerse de hacerlo si así le place.

Me da tanta pena y tristeza que Pablo es claro en estos puntos, pero que los cristianos sigamos juzgando a otros por poner un adorno o por honrar el sacrificio y nacimiento de Cristo.

Si vas a juzgar a alguien por que participa en alguna práctica o festejo, primero necesitas saber la intención de su corazón. De lo contrario estarás juzgando injustamente.

La Navidad ni es inmunda ni es pagana. De ello he escrito en detalle y no lo repetiré aquí.

Si tú crees que un festejo X es pagano o inmundo, es porque tú le has conferido ese valor y estás en tu derecho de abstenerte. Pero paremos ya de juzgar a otros hermanos al menos que conozcamos las intenciones de sus corazones. Si lo hacemos, no hemos hecho más que caer en el legalismo y causar división por un asunto que no es de doctrina central y del cual la misma palabra de Dios nos dice: “nada es inmundo en sí mismo”.

Cristo nos ha dado libertad de adorarle en espíritu y en verdad. No volvamos a ponernos las cadenas de la religiosidad y del legalismo de las que nos ha librado. Si vas a juzgar a alguien por que participa en alguna práctica o festejo, primero necesitas saber la intención de su corazón. De lo contrario estarás juzgando injustamente.

No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. Juan 7:24

 

 

Revisión de Libro: Monólogos de Dante Gebel.

Revisión de Libro: Monólogos de Dante Gebel

Por Priscila Fonseca

 

              Muchas personas se rieron cuando me vieron leyendo este libro, otras me pidieron ser parcial pues Gebel no es teólogo, y otras salieron a su defensa alegando que este es un libro de “humor”.

            Pues sí, definitivamente es un libro de comedia, el mismo título lo implica: “Relatos de la Vida Cotidiana”. Pero me pregunto ¿Los cristianos estamos llamados a vivir en lo “cotidiano” o en lo “radical”? Sí, los cristianos también tenemos vidas comunes y corrientes, no somos super-héroes, pero no es razón para que consumamos cualquier tipo de comedia, sobretodo me gustaría que tuviéramos especial cuidado cuando este tipo de “humor” proviene de un Pastor. Deja que te cuente mi experiencia al leer este libro…

              Al principio pensaba pasarlo de largo, pues, precisamente caí en el “ah, pero son monólogos, no se le puede exigir mucho a esto,” pero me encontré en su contraportada que el libro está catalogado como “Vida Cristiana” junto a “Vida Práctica” y “General”. No me hubiera llamado la atención la segunda ni última categoría, pero…¿Vida cristiana? ¡Entonces voy a leer esto!

              Cuando tomamos un libro bajo “Vida Cristiana” sabemos que encontraremos una guía, consejos o estudios sobre cómo nos desenvolvemos en el mundo, en nuestras familias, iglesias, en reuniones seculares; encontramos una relación con temas de cómo afrontar tribulaciones a través de la esperanza y fe, entre otros. La verdad es que no me imaginé encontrar un libro de chistes en esta categoría. Lo peor es que son chistes con muy malos remates que caen en lo mundano de una forma bastante simplista. ¿En serio, un orador que lleva el Evangelio me está contando este chiste y espera que lo imite?

              Gebel comienza su introducción narrando cómo es que la gente lo cataloga como un “showman” o un “payaso” y cómo salió de esas etiquetas sin sentirse perjudicado por ellas, diciendo que lo importante es el destino que él quiere para sí mismo y el que Dios le indica. En eso estamos de acuerdo, lo malo es cuando empieza su nula teología al justificarse diciendo que Jesús caminó por las aguas “simplemente porque tenía ganas de hacerlo”, y siendo este el caso, pues si él quiere ser humorista, pues también puede serlo. Pienso que Dante tiene razón al decir que cada uno es libre de decidir qué quiere ser en esta vida, el detalle está en que en el momento en que Dios te da un llamado y lo combinas con chistes del calibre de los que narra aquí, dejan opacada la vida de cristiano. Si uno no conociera a Dante Gebel y lee este libro, podría reírse de un par de chistes, pero jamás lo asociaría con un cristiano. Esa es la espina de este libro, que no parece escrito por un imitador de Cristo.

             Los cristianos sí tenemos sentido del humor, sí sabemos divertirnos, pero nuestra diversión no debería de contradecir nuestra fe.

             

              Dante comienza su libro con varios capítulos dedicados a las diferencias entre hombres y mujeres, cuenta que los matrimonios fallan porque la mujer puede hacer varias cosas a la vez y espera lo mismo del marido que, pintado como un holgazán desparramado en un sillón, solamente le responde entre bostezos. Describe a “todas las mujeres del universo” como unas “mandonas” porque,

“seguramente están en esos días” y solamente están preocupadas por hacer una y otra vez la pregunta “¿Estoy gorda?”. 

¡Vaya! Qué imagen tan desoladora, y para este tipo de escenas ya llegamos a la página 42, una tras otra escena de una mujer en un lecho de furia y pidiéndole a Dios que se lleve ya a su marido o se lo manda ella, en contraste con un marido que nunca pone atención pues está con la mirada clavada en el refrigerador. Estos chistes los escucho seguido en México, la única diferencia es que el hombre se retrata con una cerveza en mano.

Estos chistes los escucho seguido en México, la única diferencia es que el hombre se retrata con una cerveza en mano.

              Las diferencias entre hombres y mujeres son tantas que con frecuencias las podemos llevar a la comedia, y es sano reírnos cuando nos retratan en la vida matrimonial con tanto desorden que es inevitable encontrar similitudes. La comedia es sana, la risa es una gran manera de envejecer…siempre y cuando esté dentro de un contexto ligero.

              Los chistes donde se recurre a la comparación entre arcángeles y magos; burlas pesadas hacia las suegras, la inutilidad exagerada del hombre, los berrinches sobreactuados de las mujeres están sobrados.

              Entonces, tomando en cuenta que hay días en que Dante Gebel decide ser comediante de este estilo, luego decide ponerse corbata de orador para llevar el Evangelio…¿Es así como debemos enfrentar también nosotros nuestros días? ¿Unos días actuamos como ogros indiferentes y al otro llenamos las butacas de la iglesia? ¿O en qué sentido piensa Dante Gebel y su editorial que esto es la vida cristiana?

              Me hubiera pasado de largo y no me hubiera perdido de nada con este libro de humor explícito, pero me gustaría que si se encuentra en tu biblioteca, tomes unos minutos para analizar el tipo de humor que tienes entre tus manos. No te pido que te vuelvas una persona sin sentido del humor ni que andes por la vida con la seriedad de un robot. ¡No! Pero sí te pido, amigo y lector, que tomes con seriedad el tipo de humor que los predicadores nos disfrazan de “vida cristiana”.

En el Cielo, ¿Habrá Libre Albedrío?

¿Habrá Libre Albedrío en el Cielo?

Por Chris Du-Pond/Clay Jones


Si para que haya amor, se requiere de que haya libre albedrío (amor que no se otorga libremente no es amor), entonces ¿cómo es que habrá amor en el cielo (y por ende libre albedrío)?

Por otra parte, ¿cómo es que no usaremos el libre albedrío para hacer el mal (después de todo, la Biblia dice que en el cielo no habrá muerte ni dolor)?

Escépticos famosos como Bart Ehrman se han hecho esta pregunta también. Precisamente Ehrman era cristiano y abandonó su cristianismo por el problema del mal y del sufrimiento:

“Casi todos los que creen en un libre albedrio otorgado por Dios también creen en la vida más allá de la muerte. Supuestamente, la gente en el “más allá” seguirá gozando de libre albedrio (tampoco serán como robots allá, ¿cierto?). Y (según eso) allá no habrá ni sufrimiento ni dolor. ¿Cómo es que la gente va a saber ejercitar su libre albedrio—sin dañar a nadie—en el cielo si no han sabido ejercitarlo bien aquí en la Tierra?” 1.]         

Esta es una pregunta común y hay varias razones por las que sí vamos a tener libre albedrío en el cielo pero no vamos a pecar.

Hay mucho que decir al respecto pero seré breve.

Primero, la Biblia dice que un día todas las cosas que causan pecado serán destruidas: “

El Hijo del Hombre enviará a Sus ángeles, y recogerán de Su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad” (Mat. 13:41). 

Esto incluye a Satanás y sus ángeles caídos, al igual que todos los que probaron el bien y el mal pero que escogieron el mal (Ap. 20:10,13).

Habrá también una Nueva Tierra (Ap. 21:1) en donde la corrupción de la tierra será cosa del pasado; ya no estaremos a “un clic” del mal. Nuestros cuerpos serán redimidos y no serán presas de las lujurias y deseos de la carne (Fil. 3:21). Pero Dios espera completar todo esto hasta que lleguen todos los que han de venir a Él (2 Ped. 3:9).

Segundo, el castigo eterno de aquellos desafiantes no-arrepentidos va a servir como un recordatorio eterno de las graves consecuencias del pecado y la rebelión.

Tercero, sospecho que las lecciones aprendidas aquí en la tierra y en el Juicio venidero van a hacer del pecado algo absolutamente ridículo que simplemente no vale la pena practicar. Este aprendizaje se extenderá a todos aquellos que murieron en su juventud. Será como ver una mini película de tu vida que todos los demás verán. La biblia dice que todas las obras serán expuestas. Si en el juicio no habrá prisa alguna y el juicio de cada persona dura 15 minutos (que incluirá la mini película de tu vida), ahora multiplica esos 15 minutos por la cantidad de gente que habrá existido hasta el momento del juicio. Según el “Population Reference Bureau” 2, hasta el 2012 han existido unas 100,000 millones de personas. Si este es el caso, el Juicio final tardaría como 47,000 años si sucediera hoy. Eso será una tremenda educación para todos, incluyendo para aquellos que murieron jóvenes.

William Lane Craig enfatiza un punto similar en un debate con Ray Bradley. Bradley pregunta que porque Dios no creó el cielo directamente brincándose este mundo.

Craig: “No, el cielo no es un universo que se pueda actualizar tomado de forma aislada. Puede ser que la única forma en que Dios pueda actualizar el cielo con creaturas libres que le adoren sin caer en el pecado sería al tener, por decirlo así, este mundo antecedente donde hay un velo de decisión para el humano en el que algunos escogen Dios y otros escogen estar en su contra. De otra manera no sabes si el cielo es un universo factible. No hay forma de saber esa posibilidad”.


Bradley: “Lo que dice, en efecto, es que cuando caracterizo el cielo como un universo posible en el que todos libremente aceptan a Cristo, estoy equivocado dado as que esto debe ser precedido por este universo actual, este valle de lágrimas y sufrimiento en el que la gente peca y hace el mal”.


Craig: “Lo que afirmo es que puede ser no factible para Dios el actualizar el cielo en aislamiento de un mundo antecedente como este”. Ver http://www.leaderu.com/offices/billcraig/docs/craig-bradley3.html

He utilizado la siguiente ilustración cuando enseño de esto. Tomo un bolígrafo, lápiz o algún otro objeto filoso, lo acerco a mi ojo y pregunto: “¿les gustaría ver cómo me encajo un bolígrafo en el ojo?”3 Tomando el bolígrafo aún más cerca recalco, “¡podría hacerlo!” Luego pregunto, “Pero no lo voy a hacer. ¿Saben por qué?” Nunca nadie responde. Finalmente les digo,

“No me voy a encajar este bolígrafo en el ojo porque soy los suficientemente inteligente para no hacerlo; eso sería un acto de enorme torpeza”.

Consideremos que no les damos bolígrafos a los bebés porque, por seguro, tarde o temprano, se los encajarían en los ojos. Pero yo, aunque viviera mil millones de años en esta tierra (y no pierda el buen uso de mis facultades mentales), nunca me encajaría un bolígrafo en el ojo porque sé que sería algo muy torpe y dañino. 

Esto es lo que sucede en este mundo. Estamos aprendiendo a distinguir entre el bien y el mal (Heb. 5:14). Estamos aprendiendo que el pecado no es sólo rebelión sino una torpeza, que lastima, que hace daño a unos y otros, y es contraproducente.

Esto es lo que sucede en este mundo. Estamos aprendiendo a distinguir entre el bien y el mal (Heb. 5:14). Estamos aprendiendo que el pecado no es sólo rebelión sino una torpeza, que lastima, que hace daño a unos y otros, y es contraproducente. Estamos aprendiendo que Dios tiene razón, tenía razón, y seguirá teniendo siempre la razón. Y que en el Juicio Final, todos los pensamientos y hechos maléficos serán expuestos, vamos a obtener una impresionante educación acerca del horror del pecado. En otras palabras, esta vida nos prepara para poder usar nuestro libre albedrío con responsabilidad en el Cielo. Al igual que muchos adolescentes rebeldes, estamos aprendiendo a la mala—por medio de la experiencia—que nuestro Padre Celestial siempre ha tenido la razón. 

Y Finalmente, en el Cielo, aquellos que perseveren en su fe, habiendo aprendido que la rebelión es una locura inútil, verán a Dios y Dios les dará el Reino (2 Tes. 1:5; Lucas 12:32) en donde:

“Ya no habrá más maldición. El trono de Dios y del Cordero estará allí, y Sus siervos Le servirán. Ellos verán Su rostro y Su nombre estará en sus frentes. Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 22:3-5).

Y aquí culminamos con lo que parece ser la mayor objeción de Ehrman a la defensa del libre albedrio. El pregunta,

“Si él [Dios] interviene ocasionalmente para contrarrestar el libre albedrio, ¿por qué no lo hace con mayor frecuencia? ¿O mejor aún, todo el tiempo?” (13).

Luego escribe,

“no me es posible creer más en ese Dios, porque por lo que veo alrededor del mundo, no interviene” (16).

Esto preocupa a muchos cristianos y solía preocuparme a mí también. Pero, afortunadamente, comencé a entender que Dios tiene una muy buena razón para no intervenir más de lo que lo hace.

Primero, si Dios interviniese, “todo el tiempo”, entonces nuestras acciones no tendrían importancia alguna. De hecho, sería un mundo de caricatura. Pepito podría estar cortando su carne a la hora de la cena con un cuchillo filoso, y de pronto, en un arranque de ira, podría apuñalar a su hermanito. Pero el cuchillo milagrosamente se coinvertiría en un pedazo de caucho y toda la familia simplemente se reiría a carcajadas. Un estafador podría escribir una nota de amor a su esposa e inmediatamente después comenzar a escribir un cheque sin fondos, pero el bolígrafo—milagrosamente—dejaría de funcionar. Toma otro bolígrafo, pero no tiene tinta, y así sucesivamente. No necesitaríamos de elevadores; podríamos simplemente brincar de las ventanas y flotar alegremente hasta la acera. Y ¿para qué entonces ir a la escuela si nunca nadie sufriría de las consecuencias de no ir y no aprender?

Para que nuestras acciones tengan trascendencia, entonces las leyes naturales deben funcionar de manera predecible. Considere el trabajo del catedrático de Oxford, Richard Swinburne:

Si Dios permite que obtengamos conocimiento por medio de la experiencia y sobre todo nos permite escoger si queremos obtener conocimiento del todo o aun permitirnos tener un conocimiento bien justificado de las consecuencias de nuestras acciones—conocimiento que necesitamos si vamos a tener libertad para escoger entre el bien y el mal—entonces El necesita permitir males naturales que ocurran de manera predecible como consecuencia de procesos naturales.4

Swinburne tiene razón. A ningún adulto le gustaría realmente vivir en un mundo sin consecuencias.

Pero Ehrman se queja frecuentemente de las consecuencias. Por ejemplo, en cuanto al desastre que viene de las enfermedades venéreas escribe:

“No solo es homofóbico y odioso sino también incorrecto e inútil el culpar esta epidemia en las preferencias sexuales o la promiscuidad. Prácticas sexuales inseguras pueden hacer que la enfermedad se propague [¡y eso es poco decir!]—pero ¿por qué hay enfermedades en primer lugar?”

Y esta es la respuesta: sabemos que la tierra fue maldita por el pecado de Adán, habilitando todo tipo de enfermedad y pestilencia, y los descendientes de Adán siguen desobedeciendo a Dios al practicar inmoralidad sexual (sea de forma homosexual o heterosexual) trayendo sufrimiento sobre ellos. Si el hombre obedeciera a Sus mandamientos este mal no existiría.

También, ¿acaso duda Ehrman que si toda persona se volviera bíblicamente casta no eliminaríamos completamente el SIDA y otras enfermedades venéreas? ¿En verdad?

Ehrman menciona también el Huracán Katrina como un ejemplo de desastre natural donde la gente es culpada injustamente. Se queja que,

“algunas personas son prontas a culpar a otros seres humanos por lo que sucedió. Los diques fueron mal construidos, y todos los sabían. ¿Qué derecho tenían de construir Nuevo Orleans en ese lugar?” (231).

Ahora, yo no culparía de ninguna manera a las víctimas por lo que sucedió en Nuevo Orleans, pero ¿que no deberíamos culpar a los ingenieros y planificadores urbanos? Después de todo, la cuidad fue construida bajo el nivel del mar, los diques fueron construidos con la capacidad de soportar un huracán de categoría tres como máximo, a sabiendas que huracanes de categoría cuatro y cinco se han dado en esa zona.

 El daño masivo de Katrina se debió al error humano. Y si no hubiera Dios, entonces, ¿a quién se debería culpar? ¿Qué no es necesario llegar a algunas conclusiones de cómo sucedió este desastre para evitar que se repita? Y si no hay Dios, ¿Cuál es la lección?” Que no podría ser simplemente que, “¡Nos Equivocamos!” Como dice Proverbios 19:3,

“La insensatez del hombre tuerce su camino, Y luego contra Jehová se irrita su corazón”.

Así pues, Ehrman podría retractarse de su idea disparatada de que Dios debería intervenir “todo el tiempo” y simplemente opinar vagamente que Dios debería intervenir con mayor frecuencia. Pero ¿Cuándo estaría Ehrman satisfecho? ¿Si menos gente hubiera sido eliminada en el holocausto estaría satisfecho? Si en lugar de seis millones, ¿qué tal si solo 6,000 judíos hubieran muerto? ¿600? ¿60? ¿Que no culparía a Dios si solo 6 judíos hubieran sido exterminados en las cámaras de gas de Auschwitz de todas formas? ¿Cuánta maldad se supone que debe Dios eliminar y aun permitir a las criaturas libres aprender lo que una criatura libre puede hacer con su libertad, y así prepararlos para entrar al cielo habiendo comprendido el horror de la rebelión?

Si Dios quiere que sepamos no solo que nuestras acciones tienen consecuencias serias y aún más, que tienen significado del todo, entonces Él debe permitir que las leyes naturales operen de manera predecible.

Consideremos también que las cosas podrían ser mucho peores de lo que son ahora. Hitler intentó crear la primera bomba atómica, ¡pero no lo logro! ¡¿No habría sido eso un momento terrible en la historia de la humanidad?! Hitler, Mussolini, Mao, Pol Pot y prácticamente todos sus secuaces están todos muertos. Génesis 6:3 revela la decisión de Dios de acortar la vida humana a 120 años en contraste con los cientos de años que vivían antes del diluvio. Al limitar los periodos de vida, ha limitado también la cantidad de maldad que una persona puede cometer, y por lo tanto el sufrimiento que cualquier persona puede soportar.

Si Dios quiere que sepamos no solo que nuestras acciones tienen consecuencias serias y aún más, que tienen significado del todo, entonces Él debe permitir que las leyes naturales operen de manera predecible.

Desde luego, Dios pudo haber hecho el mundo de tal forma que cada vez que levantáramos la mirada al cielo, viéramos una espada de fuego merodeando sobre nuestras cabezas con el conocimiento de que el menor conato de rebelión resultaría en nuestra decapitación inmediata. Ahí entonces todo el mundo al menos fingiría ser un seguidor de Dios, ¿cierto? Pero una lealtad fingida no es más que una rebelión esperando su oportunidad. ¿Y cuál sería el resultado de una lealtad fingida? Como diría el antiguo refrán: “Una persona que cambia en contra de su voluntad, sigue teniendo la misma opinión”.

Si Dios quiere que la gente tome conciencia y responsabilidad de las consecuencias de sus actos y libremente decida si le va a amar a Él y a su prójimo, entonces el universo debe ser un lugar en el que hay suficiente evidencia de su existencia para que, los que quieran creer lo puedan hacer con suficiente justificación; pero sin tanta evidencia para que aquellos que se quieran rebelar no se vean forzados a fingir lealtad.5

REFERENCIAS


 

  1. De su Libro “God’s Problem” [El Problema de Dios
  2. https://www.bbc.com/news/magazine-16870579
  3. Tome esta ilustración hace años en una clase doctoral con el Dr. Dallas Willard.
  4. Richard Swinburne, Providence and the Problem of Evil (Oxford: OUP, 1998), 188-189.
  5. Aparentemente toma muy poca evidencia para ser ateo debido a que muchos de ellos están dispuestos a creer que el universo salió de la nada. ¿Cómo es que algo sale de la nada? Como dice el “nuevo ateo” Victor Stenger: “Debido a que ‘nada’ es de lo más sencillo, no podemos esperar que sea estable. Muy posiblemente sufrió un periodo espontaneo de transición hacia algo más complejo, como por ejemplo, un universo que contiene materia. La transición de nada-hacia-algo es algo natural, no requiere de agente alguno. Como el ganador del premio Nobel de física, Frank Wilczek, afirma, ‘la respuesta a la antigua pregunta ‘¿por qué existe algo en vez de nada?’ seria que “la nada es inestable’.” Del libro God: The Failed Hypothesis: How Science Shows That God Does Not Exist (Amhurst, NY: Prometheus Books, 2007), 133. O como Edward P. Tyron, Ph.D., profesor de física y cosmología en la universidad de Nueva York, escribe, “Como respuesta a la pregunta de por qué sucedió {el universo}, he ofrecido la modesta propuesta que nuestro universo es simplemente una de esas cosas que ocurren de vez en cuando”. Citado en Marcia Bartusiak, Thursday’s Universe (New York: Times Books, 1986), 253.

¿SON LOS LIBROS APÓCRIFOS ESCRITURA INSPIRADA?


¿SON LOS LIBROS APÓCRIFOS ESCRITURA INSPIRADA?

Por Aaron Brake


Los Católicos Romanos y Protestantes concuerdan en muchas doctrinas centrales de la fe Cristiana, incluyendo la Trinidad, la deidad de Cristo, y la resurrección corpórea de Jesús. Pero una cuestión importante que divide a Católicos Romanos y protestantes es el número de escritos canónicos o inspirados en la Escritura. Ambos grupos reconocen 27 libros en el Nuevo Testamento, pero los Católicos Romanos reconocen siete libros adicionales además de otros cuatro fragmentos en cuatro libros del Antiguo Testamento. Estos libros y escritos adicionales se denominan “Apócrifos” o “deuterocanónicos” (segundo canon). Tales son los siguientes.

    • La Sabiduría de Salomón (Libro de la Sabiduría)
    • Eclesiástico (Sirácides)
    • Tobías
    • Judith
    • 1 Macabeos
    • 2 Macabeos
    • Baruc (incluyendo la Carta de Jeremías)
    • Adiciones a Ester (10: 4-16: 24)
    • Oración de Azarías (Daniel 3: 24-90)
    • Susanna (Daniel 13)
    • Bel y el dragón (Daniel 14)

La postura en cuanto a los apócrifos fue un tema decisivo entre Católicos Romanos y Protestantes durante la Contra-Reforma. Fue en esta época en la que la Iglesia Católica Romana (ICR) oficial e infaliblemente canonizó estos libros y pronunció un anatema (bajo maldición divina) a cualquiera que niegue que los Apócrifos son Escritura Inspirada. Bajo este anatema están todos los Protestantes.1 Después de enumerar cada uno de los libros que la ICR considera como canónicos, incluyendo los apócrifos, el Concilio de Trento declaró,

Y si alguno no recibiera como sagrados y canónicos los libros mismos íntegros con todas sus partes, tal como se han acostumbrado leer en la Iglesia Católica y se contienen en la antigua edición Vulgata latina, y despreciara a ciencia y conciencia las tradiciones predichas, sea anatema.2

Con esto en cuenta, el alcance de las Escrituras canónicas y la inspiración (o no) de los apócrifos es un tema importante que divide a los católicos y protestantes romanos. Si Roma está en lo correcto en su evaluación de los apócrifos, los protestantes están en un grave error y bajo la condenación de Dios. Por otro lado, si Roma está equivocada con respecto a los apócrifos, se demuestra que la afirmación de infalibilidad de la iglesia es falsa y su autoridad se ve minada de forma considerable. William Webster explica:

El tema [del canon del Antiguo Testamento] es uno de los más altos en importancia y relevancia porque está directamente relacionado con el tema de la autoridad eclesiástica. La Iglesia Católica Romana asume la autoridad máxima para sí misma porque cree ser responsable de establecer los límites del canon en los Concilios del Norte de África de Hipona y Cartago a fines del siglo IV… También es importante notar que Trento agregó un anatema contra todos aquellos que, a sabiendas, rechacen su decreto sobre el canon del Antiguo Testamento. Con eso, Trento hizo del tema del canon una cuestión central de salvación eterna.3

Dada la gran importancia de este debate, presentamos las siguientes siete razones que forman un argumento a favor de la aceptación del Canon Protestante del Antiguo Testamento como autoritario y del rechazo de los escritos apócrifos como inspirados.

Razón # 1: Los judíos nunca aceptaron los apócrifos como Escritura ni los consideraron a la par con otros libros canónicos del Antiguo Testamento.

Este primer punto es de vital importancia. Los mismos judíos no aceptaron a los apócrifos como Escritura. Esto es muy significativo, especialmente considerando que Pablo nos dice que a los judíos se les “confiaron los oráculos de Dios” (Rom. 3:2). Fue a través de los judíos que Dios produjo el canon del Antiguo Testamento y fue a los judíos a quienes Dios se los confió. Entonces, la pregunta es: “¿Conocían los judíos sus propias Escrituras?” Si es así, los apócrifos no deben considerarse parte de ellas. Por otro lado, si los apócrifos son canónicos, ¿cómo es que los judíos no entendieron lo que se les había confiado, en especial, a la luz de la declaración de Pablo?

Todo esto para decir que los 39 libros en el Antiguo Testamento Protestante corresponden a los mismos 22 (o 24, dependiendo de cómo estén ordenados) los libros en la Biblia hebrea. En otras palabras, el canon protestante del Antiguo Testamento contiene los mismos libros que los judíos aceptaron como Escritura. Esto es avalado por varias fuentes. El historiador judío Josefo escribió:

Por esto entre nosotros no hay multitud de libros que discrepen y disientan entre sí; sino solamente veintidós libros, que abarcan la historia de todo tiempo y que, con razón, se consideran divinos. De entre ellos cinco son de Moisés, y contienen las leyes y la narración de lo acontecido desde el origen del género humano hasta la muerte de Moisés. […] Desde Moisés hasta la muerte de Artajerjes, que reinó entre los persas después de Jerjes, los profetas que sucedieron a Moisés reunieron en trece libros lo que aconteció en su época. Los cuatro restantes ofrecen himnos en alabanza de Dios y preceptos utilísimos a los hombres.4

Estos veintidós libros aceptados por los judíos como canónicos corresponden exactamente al canon protestante del Antiguo Testamento, que excluye a los apócrifos. Junto con Josefo, el maestro judío Filón tampoco reconoció a los apócrifos como Escritura. En cuanto a Filón, F.F. Bruce comenta:

Filón de Alejandría (c 20 aC-50 dC) evidentemente conocía las Escrituras solo en la versión griega. Era representante ilustre del judaísmo alejandrino, y si el judaísmo alejandrino hubiera reconocido un canon más completo que el del judaísmo palestino, uno podría esperar encontrar algún rastro de esto en los voluminosos escritos de Filón. Pero de hecho, si bien Filón no nos ha dado una declaración formal sobre los límites del canon, como ha hecho Josefo, los libros que reconoció como sagradas escrituras eran, sin duda, libros incluidos en la Biblia hebrea tradicional … No muestra señal alguna de aceptar la autoridad de los libros que conocemos como los apócrifos.5

El rechazo de los apócrifos por Josefo y Filón no solo es significativo porque ambos eran judíos y conocían su propio canon, sino también porque estaban familiarizados con la Septuaginta (una traducción griega del Antiguo Testamento). El propio Filón era de Alejandría, de donde se originó la Septuaginta. Los apologistas católicos romanos a menudo afirman que la Septuaginta judía contenía los apócrifos, y como la Septuaginta era la Biblia usada por Jesús y los apóstoles, los apócrifos deberían considerarse Escrituras. Pero William Webster explica por qué este razonamiento es falso:

Josefo no solo cita el número preciso de los libros canónicos, sino que declara que la nación judía reconoció a estos veintidós como canónicos y no más. Lo importante de su testimonio es que usó la versión Septuaginta del Antiguo Testamento. Así, aunque usó la versión griega, citó el canon limitado de los hebreos. Y como se mencionó anteriormente, Filón también usó la Septuaginta y no incluyó a los apócrifos como Escritura canónica autorizada. Estos casos demuestran que no se puede deducir que aquellos que usaron la Septuaginta aceptaron un canon extendido, en particular, Jesús y los apóstoles.6

La lista de la Biblia hebrea con solo 22 o 24 libros no solo nos dice que los judíos sabían qué libros pertenecían al canon, sino que también excluía necesariamente a los apócrifos. Una razón por la que los judíos no aceptaron a los apócrifos es porque reconocieron que la sucesión exacta de su propia línea profética terminó alrededor del siglo IV a. C. Los apócrifos se escribieron después de este momento, por lo que no son canónicos. Josefo comenta sobre esto también:

Desde el imperio de Artajerjes hasta nuestra época, todos los sucesos se han puesto por escrito; pero no merecen tanta autoridad y fe como los libros mencionados anteriormente, pues ya no hubo una sucesión exacta de profetas. 7

Josefo no solo nos da el número exacto de libros y sus divisiones, sino que aquí nos da una línea de tiempo que indica que aquellos libros escritos después de la época de Artajerjes8 no tenían la misma autoridad que los libros canónicos porque la sucesión exacta de los profetas había cesado. En otras palabras, los libros apócrifos no fueron inspirados y, por lo tanto, no fueron canónicos.

Roger Beckwith en su libro The Old Testament Canon of the New Testament Church [El Canon del Antiguo Testamento de la iglesia del Nuevo Testamento] cita numerosas declaraciones rabínicas que atestiguan el cese de la profecía en Israel en una época anterior a la escritura de los apócrifos:9

Con la muerte de Hageo, Zacarías y Malaquías, los últimos profetas, el Espíritu Santo dejó a Israel. (Tos. Sotah 13.2).


Hasta entonces [la venida de Alejandro Magno y el fin del imperio de los persas] los profetas profetizaron a través del Espíritu Santo. A partir de entonces, “inclina tu oído y escucha las palabras de los sabios” (Seder Olam Rabbah 30).


Desde que el Templo fue destruido, la profecía ha sido tomada de los profetas y entregada a los necios y a los niños. (Bab. Baba Bathra 12b).


El rechazo judío de los apócrifos como Escritura también se puede ver en una reunión de eruditos judíos en Jamnia (90 dC). Aquí no hubo discusión alguna sobre los libros apócrifos o su aceptación en el canon. Además, el Talmud judío, compuesto por escritos rabínicos de entre 200 dC y 500 dC, también excluyó a los apócrifos de las Escrituras canónicas. Incluso la Nueva Enciclopedia Católica afirma la consistencia entre el Antiguo Testamento protestante y la Biblia hebrea:

En cuanto al Antiguo Testamento, los protestantes se apegan al canon judío; ellos solo reconocen los libros de la Biblia hebrea. Los católicos reconocen, además, siete libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento.10

En resumen, si no tuviéramos otra razón para rechazar a los apócrifos como canónicos, el hecho de que los judíos nunca los aceptaron en su Biblia hebrea sería suficiente. La Escritura es inspirada por Dios y, por lo tanto, es Dios quien determina qué libros son canónicos inspirando ciertos libros y no a otros. Al pueblo de Dios (en este caso, a los judíos) se le confió esta tarea así como la administración de los escritos divinos mucho antes de que existiera la Iglesia Católica Romana. Por lo tanto, no es prerrogativa de Roma determinar los límites canónicos de un grupo de escritos que nunca estuvieron bajo su cuidado y que tampoco produjo.

Razón # 2: Es sencillo erguir un argumento que consiste en que ni Jesús, ni los apóstoles, ni los escritores del Nuevo Testamento aceptaron a los apócrifos como inspirados.

Primero, construyendo sobre el primer punto anterior, ya que los judíos nunca aceptaron a los apócrifos como Escritura, y como Jesús, los apóstoles y la mayoría de los autores del Nuevo Testamento eran judíos, se deriva que tampoco ellos aceptaron a los apócrifos como Escritura. El argumento es este:

  1. Los judíos no aceptaron a los apócrifos como las Escrituras inspiradas.
  2. Jesús, los apóstoles y la mayoría de los autores del Nuevo Testamento eran judíos.
  3. Por ende, tanto Jesús, como los apóstoles y la mayoría de los autores del Nuevo Testamento rechazaron a los apócrifos como Escrituras inspiradas.

Jesús y los autores del Nuevo Testamento con frecuencia se refieren a “las Escrituras”, por ejemplo, cuando Jesús está enseñando a sus apóstoles o debatiendo con los líderes religiosos judíos de su época. Sin embargo, cualquier mención de “las Escrituras” debe tener un referente objetivo identificable por todos los involucrados en la discusión. En otras palabras, no se pudo haber hecho una referencia a “las Escrituras” a menos que: (1) ya existiese un conjunto específico de libros en mente, (2) aquellos en diálogo habrían acordado el contenido de tales libros (lo que nos lleva a concluir razonablemente que), (3) Jesús, los apóstoles, e incluso los líderes religiosos judíos, todos aceptaron el canon establecido por los judíos con autoridad. F.F. Bruce lo dice de esta manera:

Nuestro Señor y sus apóstoles podrían diferir de los líderes religiosos de Israel sobre el significado de las Escrituras; no hay ninguna sugerencia de que difieran sobre los límites de las Escrituras. “Las escrituras” en cuyo significado diferían no eran una colección amorfa: cuando hablaban de “las escrituras” sabían qué escritos tenían en mente y podían distinguirlos de otros escritos que no estaban incluidos en “las escrituras”.11

Además, Jesús se refiere con frecuencia a “la ley y los profetas”, “la ley”, e incluso “la ley de Moisés y los profetas y los salmos”. Pero, de nuevo, es difícil imaginar a Jesús haciendo estas declaraciones a menos que ya hubiera un canon judío cerrado con ciertos libros identificables con claridad. En otras palabras, aquí, en las palabras de Jesús, encontramos un argumento a favor de un canon hebreo cerrado. Beckwith resume este punto importante:

Es difícil de concebir un canon organizado de acuerdo a un principio racional, o una lista de libros bien definida si tal lista se desconoce o si el canon seguía abierto. Más aún, es difícil concebirlo sin un número de libros generalmente aceptado y conocido, o si el canon permaneció abierto y la identidad de sus libros incierta… Y tal acuerdo, como hemos visto ahora, probablemente se había alcanzado ya en el siglo II aC… El hecho de que el canon del Antiguo Testamento al que se refiere el Nuevo Testamento en varias formas tenía un número establecido de libros en los tiempos del Nuevo Testamento es una indicación más de que Jesús y sus primeros seguidores estaban familiarizados con un canon cerrado, y recomendaron un canon cerrado a la iglesia cristiana.12

Una segunda consideración importante es la siguiente: ni Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento citan a los apócrifos como Escritura. Jesús y los escritores del Nuevo Testamento citan al Antiguo Testamento con mucha frecuencia.

 Cuando lo hacen, por lo general dicen: algo así como “Así dicen las Escrituras”, “como está escrito” o “Así dice el Señor”. Ninguno de los libros apócrifos es citado directamente de esta forma. Aunque el Nuevo Testamento contiene cientos de citas y referencias a casi todos los libros canónicos del Antiguo Testamento, nunca se citan los apócrifos. No hay ni una sola cita de los apócrifos a la que se le atribuya estatus canónico o de autoridad bíblica.

Finalmente, Jesús hace una declaración explícita que parece limitar la extensión del Antiguo Testamento al canon tradicional hebreo, excluyendo así a los apócrifos como inspirados. Este argumento es desarrollado extensamente por Roger Beckwith y se basa en dos pasajes paralelos que se encuentran en Mateo 23:34-36 y Lucas 11:49-51.13 El pasaje de Lucas dice así:

Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán, para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación.

El significado de este pasaje con relación al canon se comprende mejor si tomamos en cuenta dos factores. Primero, en el orden tradicional de la Biblia hebrea, los judíos colocaban el libro de 2 Crónicas al final. Segundo, la mayoría de los comentaristas están de acuerdo en que el Zacarías mencionado en el pasaje anterior se refiere a la muerte de Zacarías en 2 Crónicas 24: 20-22, lo que lo convierte en el último mártir registrado en el canon hebreo. Poniendo todo esto junto, cuando Jesús está condenando a los fariseos en los pasajes de Mateo 23 y Lucas 11, Él los culpa de las muertes todos los profetas martirizados desde el primer momento (Abel) en el libro de Génesis hasta el último (Zacarías) en el libro de 2 Crónicas, y al hacerlo, nos está dando implícitamente el rango y alcance de las Escrituras canónicas: desde Génesis hasta 2 Crónicas, excluyendo así a los apócrifos. Beckwith explica:

El martirio de Abel es el primero y precisamente inicia en el primer libro del canon; El martirio de Zacarías es el último, y llega casi al final del último libro. Todos los martirios de Abel a Zacarías son, por lo tanto, equivalentes a todos los martirios de un extremo de la Biblia judía al otro. Si se pregunta por qué Jesús no extiende su catálogo de martirios más allá de los límites del canon, Lucas da una respuesta clara. Jesús no está hablando de toda la sangre justa sin distinción, sino de toda la sangre justa de los profetas; y la profecía, como bien sabían los judíos, prácticamente había terminado con la composición del último libro de las Sagradas Escrituras… Así, Jesús confirma que el orden tradicional de los libros, que comenzó con Génesis y terminó con Crónicas, se remonta todo, en esencia, al primer siglo. Tampoco es el inventor de este orden. Su forma alusiva de referirse a todo el canon sería ininteligible si el conjunto y orden de los libros no fuese bien conocido y aceptado.14

F.F. Bruce también retoma este argumento y lo resume de esta manera:

Hay evidencia de que Crónicas fue el último libro en la Biblia hebrea como Jesús lo sabía. Cuando dijo que la generación a la que se dirigía sería responsable de “la sangre de todos los profetas, derramada desde la fundación del mundo”, agregó, “desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y El Templo” (Lucas 11:50f.). Abel es el primer mártir en la Biblia (Gen. 4:8); Zacarías es muy probablemente el hijo de Joiada, quien murió apedreado “en la corte de la casa de Jehová” porque, hablando por el Espíritu de Dios, reprendió al rey y al pueblo de Judá por transgredir los mandamientos divinos (2 Crón. 24: 20-22). Zacarías (c 800 aC) no fue cronológicamente el último profeta fiel en morir como mártir… Pero Zacarías es canónicamente el último profeta fiel en morir como mártir, porque su muerte está registrada en Crónicas, el último libro de la Biblia hebrea.15

¿Por qué es importante si Jesús, los apóstoles y los escritores del Nuevo Testamento rechazaron a los apócrifos como Escritura? La respuesta debería ser obvia:

Para los cristianos, sin embargo, la enseñanza de Jesús, sus apóstoles y los otros escritores del Nuevo Testamento también tiene un significado teológico; porque si nos enseñan lo que era su canon del Antiguo Testamento, ¿no nos enseñan también lo que, para los cristianos, debe ser el canon del Antiguo Testamento?16

Razón # 3: Jerónimo, traductor de la Vulgata latina, también rechazó a los apócrifos como Escritura inspirada.

 Un buen grupo de padres y teólogos eclesiásticos a lo largo de los siglos separaron a los apócrifos de las Escrituras canónicas. Muchos reconocieron que el canon hebreo consistía en solo veintidós libros, incluidos Orígenes, Hilario de Poitiers, Cirilo de Jerusalén, Atanasio, Epifanio, Gregorio de Nazianzo, Basilio el Grande y Rufino.17

Pero Jerónimo tiene un significado especial debido al hecho de que tradujo la Vulgata latina, que se convirtió en la traducción estándar de la Biblia utilizada por la Iglesia occidental durante siglos. Jerónimo era erudito bíblico de alta casta, dominaba tanto el hebreo como el griego, y claramente enseñaba que los apócrifos deben ser excluidos del canon. En cuanto a la cantidad de libros en el canon hebreo, afirmó,

Y así, en total, llegan a ser 22 los libros de la Ley antigua, es decir, cinco de Moisés, ocho de los Profetas y nueve de la Hagiógrafa… para que podamos saber que todo lo que no esté incluido en estos debe colocarse entre los libros apócrifos.18

Además, Jerónimo no solo nos ofrece la división triple tradicional de la Biblia hebrea, sino que también enumera los libros que la componen:

  • La ley de Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

  • Los profetas: Josué, Jueces, Rut, I y II Samuel, I y II Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores.

  • La Hagiógrafa: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares de Salomón, Daniel, Crónicas, Esdras-Nehemías y Ester.19

Nótese aquí que los apócrifos están excluidos. Jerónimo también rechazó explícitamente las adiciones apócrifas al libro de Daniel (Bel y el Dragón, Susana):

Las historias de Susana y de Bel y el Dragón no están contenidas en el hebreo… Por esta misma razón cuando traduje Daniel hace muchos años, noté estas visiones con un símbolo crítico, mostrando que no estaban incluidas en el hebreo… Después todo, tanto Orígenes, Eusebio, Apolinares, y otros destacados eclesiásticos y maestros de Grecia reconocen que, como he dicho, estas visiones no se encuentran entre los hebreos, y por lo tanto no están obligadas a responder a Porfirio acerca de estas porciones que carecen de toda autoridad como Sagrada Escritura.[20. Jerome, Preface to Jerome’s Commentary on Daniel, trans. by Gleason Archer (Grand Rapids: Baker, 1977), 17, as quoted in Norman Geisler and Ralph MacKenzie, Roman Catholics and Evangelicals: Agreements and Differences (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1995), 170, my italics.]

Jerónimo incluso afirma que la Iglesia de su época no otorgó estatus canónico a los apócrifos y que estos libros no deben usarse para decidir doctrina:

Cuando, entonces, la Iglesia lea a Judith, Tobías y los libros de Macabeos, pero sin admitirlos entre las Escrituras canónicas, así que también lea estos dos volúmenes (Sabiduría de Salomón y Eclesiástico) para edificación de la gente, mas no para otorgar autoridad a las doctrinas de la Iglesia (énfasis propio).[21. NPNF2, Vol. 6, St. Jerome, Prefaces to Jerome’s Works, Proverbs, Ecclesiastes and Song of Songs; Daniel, as quoted in Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 45.]

Esta declaración de Jerónimo es importante por al menos dos razones. Primero, notemos que Jerónimo distingue entre libros canónicos y libros eclesiásticos. Los libros canónicos son los de la Biblia hebrea y pueden usarse para establecer doctrina, mientras que los libros eclesiásticos (que incluyen los apócrifos) no son canónicos sino que se conservan por su utilidad en la edificación, no en la decisión de cuestiones doctrinales y, por lo tanto, les confiere un estado inferior.

En segundo lugar, Jerónimo afirma que esta posición, un rechazo de los apócrifos como canónicos, fue la posición de la Iglesia cuando él escribe. Esto es contrario a las afirmaciones de muchos apologistas católicos romanos. En otras palabras, no solo no hubo un “consenso unánime” a favor de aceptar los Apócrifos como Escritura inspirada, sino todo lo contrario, ¡el “consenso unánime” de la Iglesia parece estar a favor de su rechazo! Jerónimo, uno de los más grandes eruditos en la historia de la Iglesia, que tradujo la Biblia más utilizada por la Iglesia Occidental durante siglos, reconoció claramente el estatus inferior de los Apócrifos, y es lamentable que la Iglesia Católica Romana finalmente abandonara esta posición en el Concilio de Trento en 1546 (más sobre esto a continuación).

Razón # 4: La práctica general de la Iglesia occidental, hasta el momento de la Reforma, fue la de seguir el juicio de Jerónimo al rechazar los apócrifos como Escritura inspirada.

Los apologistas católicos romanos a menudo argumentan que los apócrifos fueron aceptados y establecidos como canónicos para la Iglesia universal en los concilios de Hipona y Cartago, en 393 y 397 respectivamente, y que en realidad fueron los protestantes quienes retiraron estos libros del canon durante la Reforma. Por ejemplo, el apologista católico romano Karl Keating afirma:

El hecho es que el Concilio de Trento no agregó a la Biblia lo que los protestantes llaman libros apócrifos. En cambio, los reformadores abandonaron los libros bíblicos que habían sido de uso común durante siglos… Después de todo, fue la Iglesia católica, en el siglo IV, la que decidió oficialmente qué libros componían el canon de la Biblia y cuáles no. El Concilio de Trento entró en escena unos doce siglos después y se limitó a reafirmar la antigua posición.20

Sin embargo, los hechos históricos simplemente no apoyan esto. Además de las razones ya mencionadas anteriormente, la gran mayoría de teólogos, obispos y cardenales durante la Edad Media y hasta el momento de la Reforma siguieron a Jerónimo en su evaluación de los apócrifos.

Los apócrifos fueron vistos como útiles en la edificación y valiosos por su historia, pero no se consideraron Escrituras de inspiración divina como lo fue el Antiguo Testamento. William Webster da tres ejemplos históricos principales que lo respaldan: (1) las declaraciones expresas de la Glossa ordinaria—el comentario bíblico oficial utilizado durante la Edad Media, (2) la enseñanza de los principales teólogos que citaron a Jerónimo como autoridad para determinar el canon autoritario del Antiguo Testamento, y (3) traducciones de la Biblia y comentarios producidos justo antes de la Reforma.21

 La Glossa Ordinaria

 Webster proporciona una breve descripción y explicación de la importancia de la Glossa ordinaria:

La Glossa ordinaria, es un testigo importante acerca de la opinión de la Iglesia occidental en cuanto a su posición sobre los apócrifos porque fue el comentario bíblico con autoridad estándar para toda la Iglesia occidental. Llevaba una autoridad inmensa y se usó en todas las escuelas y seminarios relacionados con la formación de teólogos.22

La importancia de la Glossa ordinaria en relación con el tema de los apócrifos se ve reflejada en sus afirmaciones en el Prefacio de la misma obra. Se repite el juicio de Jerónimo en cuanto a que la Iglesia permite la lectura de los libros apócrifos solo para devoción e instrucción, pero que no tienen autoridad para resolver controversias en materia de fe.

Afirma que hay veintidós libros del Antiguo Testamento, citando los testimonios de Orígenes, Jerónimo y Rufino como apoyo. Al comentar sobre los libros apócrifos, les precede una introducción que dice: ‘Aquí comienza el libro de Tobías que no está en el canon; Aquí comienza el libro de Judith que no está en el canon y así sucesivamente para Eclesiástico, Sabiduría y Macabeos, etc. Estos prólogos del Antiguo Testamento y libros apócrifos repiten las palabras de Jerónimo.23

He aquí un extracto del Prólogo a la Glossa ordinaria escrito en 1498 dC, que explica la distinción entre libros canónicos y no canónicos (o apócrifos):

Muchas personas, que no prestan mayor atención a las Sagradas Escrituras, piensan que todos los libros contenidos en la Biblia deben ser honrados y adorados con igual veneración, sin saber distinguir entre los libros canónicos y no canónicos…Por eso a menudo parecen ridículos ante los sabios; y se sienten perturbados y escandalizados cuando escuchan que alguien no honra algo leído en la Biblia con igual veneración que todos los demás. Aquí, entonces, distinguimos y enumeramos claramente primero los libros canónicos y luego los no canónicos, entre los cuales distinguimos aún más entre lo cierto y lo dudoso.

Los libros canónicos han sido creados a través del dictado del Espíritu Santo. Sin embargo, no se sabe en qué momento o por qué autores se produjeron los libros no canónicos o apócrifos. Como, sin embargo, son muy buenos y útiles, y no se encuentra nada en ellos que contradiga los libros canónicos, la iglesia los lee y permite que los fieles los lean para su devoción y edificación. Su autoridad, sin embargo, no se considera adecuada para probar las cosas que entran en duda o discusión, o para confirmar la autoridad de los dogmas eclesiásticos, como el beato Jerónimo declara en su prólogo a Judith y los libros de Salomón. Pero los libros canónicos son de tal autoridad que cualquier cosa contenida en ellos se considera verdadera e indiscutible, y también lo que se demuestre claramente a partir de ellos.24

Luego de distinguir entre los libros canónicos y los libros apócrifos, el Prólogo de la Glossa Ordinaria procede a enumerar… los libros precisos que conforman el canon del Antiguo Testamento, y los apócrifos no canónicos, todo de acuerdo con la enseñanza de Jerónimo. Nuevamente, el significado de esto es que la Glossa ordinaria fue el comentario bíblico oficial utilizado durante la Edad Media en todos los centros teológicos para formación de teólogos. Por lo tanto, representa la perspectiva general de la Iglesia en conjunto, demostrando el vacío de las afirmaciones de los apologistas romanos de que los decretos de Hipona y Cartago establecieron oficialmente el canon por la Iglesia universal.25

La enseñanza de Teólogos eminentes

Las enseñanzas de los principales teólogos hasta antes de la Reforma muestran que siguen el ejemplo de Jerónimo y la Glossa ordinaria al rechazar a los apócrifos como Escritura. Citan al canon hebreo y a Jerónimo como autoridades en este asunto. El espacio no permite citas completas de todos los teólogos incluidos en esta categoría. William Webster ha proporcionado amplia documentación en sus publicaciones oficiales. Sin embargo, veremos brevemente los tres principales teólogos: el cardenal Cayetano, Gregorio el Grande y Hugo de San Víctor.

Primero, el cardenal Cayetano es una figura importante porque fue el oponente teológico de Martín Lutero durante la Reforma Protestante. Escribió un comentario sobre cada libro canónico del Antiguo Testamento y lo dedicó al Papa. Sin embargo, Cayetano siguió el ejemplo de Jerónimo, incluso citándolo como autoridad en cuanto al canon. Cayetano mantiene la misma distinción que Jerónimo entre los libros canónicos (útiles para determinar la doctrina) y los libros eclesiásticos (útiles para la edificación). Note lo que dice:

Aquí cerramos nuestros comentarios acerca de los libros históricos del Antiguo Testamento. El resto (es decir, Judith, Tobías y los libros de Macabeos) son considerados por San Jerónimo como fuera del conjunto canónico, perteneciendo a los apócrifos, junto con Sabiduría y Eclesiástico, como lo proclama claramente el Prólogo Galeato. Tampoco se moleste, como un erudito en formación, si encuentra que en algún escrito, ya sea en los consejos sagrados o en los doctores sagrados, estos libros se consideran canónicos. Porque las palabras tanto de los consejos como de los doctores deben reducirse a la corrección de Jerónimo. Ahora, según su juicio, en la epístola a los obispos Cromatio y Heliodoro, estos libros (y cualquier otro libro similar en el canon de la biblia) no son canónicos, es decir, no tienen la naturaleza de regla para confirmar asuntos de fe. Sin embargo, pueden llamarse canónicos, es decir, en la naturaleza de una regla para la edificación de los fieles, como receptos y autorizados en el canon de la biblia para ese propósito. Con la ayuda de esta distinción, podrá ver claramente su camino a través de lo que dice Agustín y lo que está escrito en el consejo provincial de Cartago.26

Aquí Cayetano claramente relega a los apócrifos fuera de los márgenes del canon. Pero ¿qué con esos concilios como Cartago, presidido por Agustín, que canonizó a los apócrifos? Cayetano nos da varias claves interpretativas importantes.

Primero, estos concilios deben estar sujetos a la corrección de Jerónimo. Segundo, los apócrifos pueden llamarse “canónicos” solo en el sentido eclesiástico, es decir, son útiles para la edificación y solo se incluyen en la Biblia para ese propósito. Tercero, Cayetano confirma que el concilio de Cartago fue solo un concilio local.

Un segundo personaje importante fue Gregorio el Grande. Gregorio fue uno de los grandes “doctores” en la Iglesia y obispo de Roma entre el 590 y 604 dC. Gregorio rechazó el libro de 1 Macabeos como canónico en su comentario sobre el libro de Job:

En cuanto a lo cual no estamos actuando de manera irregular, si de los libros, aunque no sean canónicos, pero usados para la edificación de la Iglesia, presentamos testimonios. Así, Eleazar en la batalla hirió y derribó a un elefante, pero cayó bajo la misma bestia que mató. (1 Macabeos. 6:46).27

Webster explica la importancia de esta declaración de Gregorio el Grande:

Esto es notable, ya que viene de un obispo de Roma, que negó el estatus canónico a 1 Macabeos mucho después de los concilios de Hipona y Cartago. Pero enseñó que el libro era útil para la edificación, el mismo sentir expresado por Jerónimo. Esto está en directa contradicción a lo que decretó la Iglesia romana anterior bajo Inocencio I, quien confirmó los libros sancionados como canónicos por Agustín y los Consejos de Hipona y Cartago… Claramente, cuando la Iglesia recibió los libros apócrifos como canónicos definió el término en el Sentido expresado anteriormente por el cardenal Cayetano. El término tenía un significado amplio y estrecho. En general, incluía todos los libros que eran aceptables para la lectura en las Iglesias, que incluían los Apócrifos. Pero, en su sentido más estricto, solo los libros del canon hebreo fueron sancionados como verdaderamente canónicos con el propósito de establecer doctrina… Por lo tanto, tenemos la perspectiva oficial y autorizada de un obispo de Roma a finales del siglo VI y principios del séptimo siglo con respecto al Estado canónico de los apócrifos.28

En tercer lugar, Hugo de San Víctor (1096-1141) también siguió a Jerónimo al listar el número de libros canónicos del Antiguo Testamento en veintidós, rechazando así a los apócrifos. Con respecto a Hugo de San Víctor, F.F. de Bruce comenta,

Hugo de San Víctor, quien fue el prior de la abadía y director de su escuela desde 1133 hasta su muerte en 1141, enumera los libros de la Biblia hebrea en un capítulo “Sobre el número de libros en letra sagrada” y continúa diciendo: : ‘También hay en el Antiguo Testamento algunos otros libros que ciertamente se leen [en la iglesia] pero no están inscritos en el cuerpo del texto o en el canon de autoridad: tales son los libros de Tobías, Judith y los Macabeos, el llamado Sabiduría de Salomón y Eclesiástico. ‘Aquí, por supuesto, se puede discernir la influencia de Jerónimo: para los estudiantes medievales de la Biblia en la iglesia latina no había un maestro comparable con él.29

Si es verdad, como dicen los apologistas católicos romanos, que el tema del canon se resolvió hace mucho tiempo en los concilios de Hipona y Cartago, ¿cómo es posible que tantos teólogos, obispos y cardenales hayan rechazado la canonicidad de los apócrifos hasta el tiempo de la Reforma? ¿Desconocían la posición oficial de Roma sobre el asunto? ¿O simplemente estaban ejercitando su libertad intelectual al seguir la posición histórica de la Iglesia en un asunto que Roma aún no había abordado oficial e infaliblemente?

Traducciones Bíblicas

Una prueba final presentada por Webster es una traducción de la Biblia conocida como la Biblia Complutense. Los traductores de este trabajo siguieron a Jerónimo, la Glossa ordinaria, así como a la enseñanza de los principales teólogos al rechazar a los apócrifos como Escritura inspirada:

A principios del siglo XVI, justo antes de la Reforma, el Cardenal Ximenes, Arzobispo de Toledo, en colaboración con los principales teólogos de su época, produjo una edición de la Biblia llamada Biblia Complutense. Hay una advertencia en el Prefacio con respecto a los apócrifos, de que los libros de Tobit, Judith, Sabiduría, Eclesiástico, Macabeos, las adiciones a Esther y Daniel, no son Escrituras canónicas y, por lo tanto, no fueron utilizadas por la Iglesia para confirmar la autoridad de puntos fundamentales de la doctrina, aunque la Iglesia permitió que se leyeran para propósitos de edificación… Esta Biblia, así como su Prólogo, fue publicada por la autoridad y el consentimiento del Papa León X, a quien se dedicó todo el trabajo30

Aquí tenemos, en el siglo XVI, la producción de una Biblia requerida por el Papa León X, que separó claramente a los apócrifos del resto del canon del Antiguo Testamento. Una vez más, la afirmación de que Roma determinó el canon universal para la Iglesia en los primeros siglos simplemente no encaja con los hechos históricos. Bruce Metzger proporciona información histórica adicional sobre las traducciones de la Biblia producidas durante el siglo XVI en la Iglesia Occidental:

Posteriormente al tiempo de Jerónimo y hasta el período de la reforma, una sucesión continua de los Padres y teólogos más sabios en Occidente sostuvo la autoridad única y distintiva de los libros del canon hebreo. Tal juicio, por ejemplo, fue reiterado en la víspera de la Reforma por el Cardenal Ximenes en el prefacio de la magnífica edición de la Biblia Complutense Poliglota que editó (1514-17). Además, la primera versión latina de la Biblia en tiempos modernos, hecha a partir de los idiomas originales por el académico dominicano, Sanctes Pagnini, y publicada en Lyon en 1528, con cartas elogiosas del Papa Adrián VI y el Papa Clemente VII, separa claramente el texto de los libros canónicos del texto de los libros apócrifos. Otra Biblia latina, esta es una adición a la Vulgata de Jerónimo publicada en Nuermberg por Johannes Petreius en 1527, presenta el orden de los libros como en la Vulgata pero especifica al comienzo de cada libro apócrifo que no es canónico… Incluso el cardenal Cayetano, El oponente de Lutero en Augsburgo en 1518, dio una aprobación implacable al canon hebreo en su Comentario sobre todos los libros históricos auténticos del Antiguo Testamento, que dedicó en 1532 al Papa Clemente VII. Apeló expresamente a la separación de Jerónimo de los libros canónicos de los no canónicos, y sostuvo que no se debe confiar en estos últimos para establecer asuntos de fe, sino que se deben usar solo para la edificación de los fieles.31

Es notable que las traducciones de la Biblia y los comentarios anteriores se produjeron justo antes del Concilio de Trento en 1546, y cada uno rechazó a los apócrifos como Escritura canónica. Dada esta evidencia histórica, William Webster concluye,

El peso de la evidencia histórica apoya la exclusión de los apócrifos de la categoría de las Escrituras canónicas. Por lo tanto, debemos concluir que los decretos del Concilio de Trento, referentes al verdadero canon de las Escrituras, se hicieron muy a pesar de la evidencia histórica judía y patrística, ignorando el consenso histórico general de la Iglesia antes de ese Concilio.[34. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 82.]

¿Cuándo fueron canonizados oficialmente e infaliblemente los apócrifos por la Iglesia Católica Romana? Esta pregunta lleva al siguiente punto por el cual los apócrifos deben ser rechazados como Escritura.

Razón # 5: La Iglesia Católica Romana no canonizó oficial e infaliblemente a los Apócrifos sino hasta el 1546 en el Concilio de Trento.

Como se mencionó anteriormente, los apologistas católicos romanos a menudo argumentan que los apócrifos fueron aceptados y establecidos como canónicos para la Iglesia universal en los concilios de Hipona y Cartago a fines del siglo IV y principios del V. Además de toda la evidencia presentada anteriormente que demuestra que este no es el caso, y que no fue la opinión mayoritaria de la Iglesia occidental, hay más problemas con esta afirmación.

Primero, los concilios de Hipona y Cartago no fueron sínodos ecuménicos sino locales, como incluso admitieron los estudiosos católicos romanos como el Cardenal Cayetano arriba. Por lo tanto, no tenían la autoridad para hablar por la Iglesia universal y no tenían la prerrogativa de establecer el canon oficial e infaliblemente.

En segundo lugar, los concilios del norte de África fueron muy influidos por Agustín, quien lamentablemente sostuvo la opinión errónea de que la Septuaginta era una traducción inspirada por Dios. Esto se vuelve problemático porque estos concilios, después de que se hizo la traducción de la Septuaginta, canonizaron el libro de 1 Esdras de la Septuaginta (que luego se convirtió en 3 Esdras en la Vulgata) que el Concilio de Trento determinó posteriormente como no canónico.

 En otras palabras, los Concilios de Hipona y Cartago canonizaron un libro “inspirado” que el Concilio de Trento rechazó más tarde. 32 Esto significa es que, contrario a lo que afirman los apologistas católicos romanos, Hipona y Cartago no tenían autoridad para establecer el canon para la Iglesia.

Finalmente, incluso las fuentes católicas romanas admiten que los apócrifos no fueron canonizados oficialmente e infaliblemente hasta el Concilio de Trento en 1546. La Nueva Enciclopedia Católica afirma que el canon no se estableció oficialmente para la Iglesia occidental en general hasta el Concilio de Trento en el siglo dieciséis:

San Jerónimo hizo la distinción entre libros canónicos y libros eclesiásticos. Los últimos que juzgó fueron circulados por la Iglesia como lectura espiritual recomendable, pero no fueron reconocidos como Escritura con autoridad. La situación no estuvo clara en los siglos siguientes… por ejemplo, Juan de Damasco, Gregorio el Grande, Walafrid, Nicolás de Lira y Tostado dudaban de la canonicidad de los libros deuterocanónicos… Según la doctrina católica, el criterio de inclusión al canon bíblico consiste en la decisión infalible de la Iglesia. Esta decisión no se dio sino hasta muy tarde en la historia de la Iglesia durante el Concilio de Trento… El Concilio de Trento resolvió definitivamente el asunto del Canon del Antiguo Testamento. El hecho de que esto no se hubiera hecho antes se desprende de la incertidumbre que persistió hasta el momento de Trento.33

El erudito católico romano Yves Congar concuerda:

… no existió, en la Iglesia Católica, una lista oficial y definitiva de escritos inspirados sino hasta el Concilio de Trento…34

H.J. Schroeder, el traductor del  Concilio de Trento al inglés, escribió:

La lista o decreto tridentino fue la primera declaración infalible y efectivamente promulgada acerca del Canon de las Sagradas Escrituras.35

Contrario a lo que el apologista católico romano Karl Keating afirmó anteriormente, no fueron los protestantes los que expulsaron a los apócrifos de las Escrituras, sino que fue la Iglesia católica romana la que elevó, erróneamente, a este grupo de escritos al nivel de las Sagradas Escrituras, sin tener en cuenta la evidencia histórica ni la posición histórica de la Iglesia.

Razón # 6: Los apócrifos no pasan la prueba profética y, por lo tanto, no deben considerarse como Escritura.

Al menos uno de los libros incluidos en el canon católico romano se auto-descalifica al aceptar que no tiene origen profético. En el capítulo 4 de 1 Macabeos, después de limpiar el templo y derribar el altar profanado, se nos dice que se almacenaron las piedras del altar ” hasta que viniera un profeta que les indicara lo que debían hacer con ellas” (v. 46). 1 Macabeos 9:27 declara explícitamente que en el momento de escribir los libros, los profetas de Dios ya habían dejado de aparecer:

Fue un tiempo de grandes sufrimientos para Israel, como no se había visto desde que desaparecieron los profetas.

Esto se ve nuevamente en 14:41, donde los judíos deciden que Simón debería ser su líder y sumo sacerdote “hasta que apareciera un profeta autorizado”. El autor de 1 Macabeos reconoció que los profetas de Israel y el espíritu de profecía habían desaparecido y, por lo tanto, 1 Macabeos no se puede considerar como divinamente inspirado.

Geisler y MacKenzie explican, en resumen, que los apócrifos no superan la prueba profética en su totalidad:

Primero, ningún libro apócrifo afirma haber sido escrito por un profeta. De hecho, como ya se ha mencionado, un libro apócrifo incluso niega ser profético (1 Mac. 9:27). Segundo, no hay confirmación divina de ninguno de los escritores de libros apócrifos, como lo hay para los profetas que escribieron libros canónicos (por ejemplo, Éxodo 4:1-2). Tercero, no existe ni una sola profecía predictiva en los libros apócrifos como las que tenemos en los libros canónicos (por ejemplo, Isa. 53; Dan. 9; Mic. 5:2) lo que constituye una clara indicación de su autenticidad profética. Cuarto, no hay ninguna afirmación mesiánica nueva en los apócrifos. Por lo tanto, no agrega nada a las verdades mesiánicas del Antiguo Testamento. Quinto, incluso la comunidad judía reconoció que los dones proféticos habían cesado en Israel antes de que se escribieran los apócrifos (ver citas arriba). En sexto lugar, los libros apócrifos nunca se incluyeron en la Biblia judía junto con los “Profetas” ni en ninguna otra sección. Ningún libro profético, posterior a los apócrifos, los cita.36

Razón # 7: Los apócrifos contienen errores históricos y doctrinales.

Los católicos romanos acudieron a los apócrifos para justificar ciertos errores doctrinales, como los sacrificios expiatorios, el purgatorio y oraciones a los muertos (2 Macabeos 12:45: “Por esto hizo ofrecer ese sacrificio por los muertos, para que Dios les perdonara su pecado”) y la salvación por obras (Tobías 12: 9: “Dar limosna salva de la muerte y purifica de todo pecado”). Esto debería, al menos, considerarse sospechoso, especialmente teniendo en cuenta la naturaleza polémica del Concilio de Trento y la canonización de los apócrifos como reacción a la reforma protestante.

Además, libros como Judith contienen tantos errores históricos que muchos estudiosos concluyen que debe ser una obra de ficción histórica en lugar de una historia real. Si efectivamente fue pensado como obra de ficción histórica, supongo que no se le puede criticar por contener tantos errores históricos. Bruce Metzger dice lo siguiente acerca de Judith

Una de las primeras preguntas que surgen naturalmente con respecto a este libro es si es histórico o no. El consenso, al menos entre los eruditos protestantes y judíos, es que este relato es, pura ficción… el libro está lleno de anacronismos, improbabilidades históricas, geográficas y errores evidentes. Por ejemplo, Holofernes moviliza un inmenso ejército a una distancia de trescientas millas en tres días (2:21). Las palabras iniciales del libro, cuando se consideran a la par con el v. 2:1ff. y 4:2f., incluyen un disparate histórico colosal, ya que el autor ubica el reinado de Nabucodonosor sobre los asirios (en realidad era rey de Babilonia) en Nínive (¡que cayó siete años antes de su ascenso al trono!) en un momento en que los judíos apenas regresaban de su cautiverio (en realidad en este momento estaban sufriendo más deportaciones). Nabucodonosor nunca batalló contra los medos (1:7), ni capturó a Ecbatana (1:14)…La reconstrucción del Templo (4:13) está fechada, por un anacronismo evidente, aproximadamente un siglo antes. Además, el estado judío está representado bajo el gobierno de un sumo sacerdote y una especie de sanedrín (6: 6-14; 15:8), que es compatible solo con una fecha post-exílica varios cientos de años después de la presunta ubicación contextual histórica del libro.37

Conclusión

Las siete razones anteriores forman un caso acumulado convincente que indica que los apócrifos no deben considerarse como Escritura inspirada por Dios. Más aun, la evidencia es problemática para la Iglesia Católica Romana, ya que ha declarado de manera infalible la inclusión de los apócrifos al canon. Tal declaración no se puede retractar sin socavar la infalibilidad de la iglesia. Pero, ¿qué pasa cuando los hechos de la historia socavan la posición dogmática adoptada por Roma? ¿Y qué queda de su infalibilidad si se demuestra que una de sus declaraciones “infalibles” es totalmente falsa?

Los judíos a quienes se les encomendaron los oráculos de Dios (Romanos 3:2) no aceptaron a los apócrifos. Tampoco Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento los aceptaron. Lo mismo sucede con Jerónimo, los principales teólogos (Doctores) e incluso los eruditos católicos romanos hasta la época de la Reforma.

Para resumir: los judíos a quienes se les encomendaron los oráculos de Dios (Romanos 3:2) no aceptaron a los apócrifos. Tampoco Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento los aceptaron. Lo mismo sucede con Jerónimo, los principales teólogos (Doctores) e incluso los eruditos católicos romanos hasta la época de la Reforma. No fue sino hasta el 1546 en el Concilio de Trento que los apócrifos fueron incluidos oficial e infaliblemente como Escritura, como lo admiten incluso las fuentes católicas romanas. Los apócrifos no pasan la prueba profética y algunos libros incluso contienen errores doctrinales e históricos. Esto, por supuesto, no quiere decir que los Apócrifos no sean útiles. Ciertamente lo son. Pero no son Escritura. Y los protestantes están en lo correcto, con la evidencia histórica y la posición histórica de la Iglesia de su lado, cuando se niegan a reconocer a los libros de los apócrifos como canónicos.


  1. Desde el Concilio Vaticano II la ICC ha relajado su postura y se ha hecho más ecuménica e inclusiva hacia los protestantes y otros grupos, refiriéndose hacia los protestantes como “hermanos separados”. Sin embargo, la posición histórica y tradicional de la ICR ha sido que (1) la ICR es la única iglesia verdadera, (2) no hay salvación fuera de la ICR, y por ende (3) los protestantes y cualquier otra persona que con conocimiento rechace cualquier proclamación infalible de las doctrinas de la ICR son anatemas, separadas de la comunión con Roma y, por lo tanto, no son salvos.
  2. Concilio de Trento, Sesión IV (Abril 8, 1546), cita de Henry Denzinger, The Sources of Catholic Dogma, trans. Roy J. Deferrari (Fitzwilliam, NH: Loreto, 1954), 245.
  3. William Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha (Battle Ground, WA: Christian Resources, 2002), 7.
  4. Josephus, Antiquities, Against Apion, 1.8, my italics.
  5. F.F. Bruce, The Canon of Scripture (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1988), 46.
  6. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 16.
  7. Josephus, Antiquities, Against Apion, 1.8 (Énfasis propio).
  8. Artajerjes Longimano reinó durante 40 años: de 465 aC a 425 aC.
  9. Ver Roger Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church and its Background in Early Judaism (Eugene, OR: Wipf and Stock, 1985), 369-370.
  10. New Catholic Encyclopedia, Volume III, Canon, Biblical, 29, citado en Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 24-25 (mi traducción).
  11. Bruce, The Canon of Scripture, 28-29.
  12. Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church, 262-263.
  13. See Ibid., 211-222.
  14. Ibid., 215, 220.
  15. Bruce, The Canon of Scripture, 31, énfasis suyo.
  16. Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church, 10.
  17. Ver Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 16-17, y notas al pie de página.
  18. Jerónimo, Helmed Prologue to the Vulgate version of Samuel and Kings, citado en Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church, 120, énfasis propio.
  19. Ver Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 21, y notas al pie de página.
  20. Karl Keating, Catholicism and Fundamentalism: The Attack on “Romanism” by “Bible Christians” (San Francisco: Ignatius Press, 1988), 46-47.
  21. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 58.
  22. Ibid.
  23. Ibid., 60.
  24. Biblia cum glosa ordinaria et exposition Lyre litterali et morali (Basil: Petri & Froben, 1498), British Museum IB.37895, Vol. 1, On the canonical and non-canonical books of the Bible. Translation by Dr. Michael Woodward, as quoted in Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 60-61.
  25. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 61.
  26. Cardinal Cajetan (Jacob Thomas de Vio), Commentary on all the Authentic Historical Books of the Old Testament, In ult. Cap., Esther, as quoted in Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 63, my italics.
  27. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 64.
  28. Ibid.
  29. Bruce, The Canon of Scripture, 99-100. See Hugh of St. Victor, On the Sacraments, I, Prologue, 7 (PL 176, cols. 185-186D).
  30. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 80.
  31. Bruce Metzger, An Introduction to the Apocrypha (New York: Oxford University, 1957), 180.
  32. Para mayors detalles acerca de este argumento, ver William Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 47-51.
  33. New Catholic Encyclopedia, Vol. II, Bible, III (Canon), p. 390; Canon, Biblical, p. 29; Bible, III (Canon), p. 390, as quoted in Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 50-51.
  34. Yves Congar, Tradition and Traditions (New York: Macmillan, 1966), p. 38, citado em Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 51.
  35. H.J. Schroeder, The Canons and Decrees of the Council of Trent (Charlotte: TAN Books, 1978), 17n4.
  36. Geisler and MacKenzie, Roman Catholics and Evangelicals, 167.
  37. Metzger, An Introduction to the Apocrypha, 50-51.