¿SON LOS LIBROS APÓCRIFOS ESCRITURA INSPIRADA?


¿SON LOS LIBROS APÓCRIFOS ESCRITURA INSPIRADA?

Por Aaron Brake


Los Católicos Romanos y Protestantes concuerdan en muchas doctrinas centrales de la fe Cristiana, incluyendo la Trinidad, la deidad de Cristo, y la resurrección corpórea de Jesús. Pero una cuestión importante que divide a Católicos Romanos y protestantes es el número de escritos canónicos o inspirados en la Escritura. Ambos grupos reconocen 27 libros en el Nuevo Testamento, pero los Católicos Romanos reconocen siete libros adicionales además de otros cuatro fragmentos en cuatro libros del Antiguo Testamento. Estos libros y escritos adicionales se denominan “Apócrifos” o “deuterocanónicos” (segundo canon). Tales son los siguientes.

    • La Sabiduría de Salomón (Libro de la Sabiduría)
    • Eclesiástico (Sirácides)
    • Tobías
    • Judith
    • 1 Macabeos
    • 2 Macabeos
    • Baruc (incluyendo la Carta de Jeremías)
    • Adiciones a Ester (10: 4-16: 24)
    • Oración de Azarías (Daniel 3: 24-90)
    • Susanna (Daniel 13)
    • Bel y el dragón (Daniel 14)

La postura en cuanto a los apócrifos fue un tema decisivo entre Católicos Romanos y Protestantes durante la Contra-Reforma. Fue en esta época en la que la Iglesia Católica Romana (ICR) oficial e infaliblemente canonizó estos libros y pronunció un anatema (bajo maldición divina) a cualquiera que niegue que los Apócrifos son Escritura Inspirada. Bajo este anatema están todos los Protestantes.1 Después de enumerar cada uno de los libros que la ICR considera como canónicos, incluyendo los apócrifos, el Concilio de Trento declaró,

Y si alguno no recibiera como sagrados y canónicos los libros mismos íntegros con todas sus partes, tal como se han acostumbrado leer en la Iglesia Católica y se contienen en la antigua edición Vulgata latina, y despreciara a ciencia y conciencia las tradiciones predichas, sea anatema.2

Con esto en cuenta, el alcance de las Escrituras canónicas y la inspiración (o no) de los apócrifos es un tema importante que divide a los católicos y protestantes romanos. Si Roma está en lo correcto en su evaluación de los apócrifos, los protestantes están en un grave error y bajo la condenación de Dios. Por otro lado, si Roma está equivocada con respecto a los apócrifos, se demuestra que la afirmación de infalibilidad de la iglesia es falsa y su autoridad se ve minada de forma considerable. William Webster explica:

El tema [del canon del Antiguo Testamento] es uno de los más altos en importancia y relevancia porque está directamente relacionado con el tema de la autoridad eclesiástica. La Iglesia Católica Romana asume la autoridad máxima para sí misma porque cree ser responsable de establecer los límites del canon en los Concilios del Norte de África de Hipona y Cartago a fines del siglo IV… También es importante notar que Trento agregó un anatema contra todos aquellos que, a sabiendas, rechacen su decreto sobre el canon del Antiguo Testamento. Con eso, Trento hizo del tema del canon una cuestión central de salvación eterna.3

Dada la gran importancia de este debate, presentamos las siguientes siete razones que forman un argumento a favor de la aceptación del Canon Protestante del Antiguo Testamento como autoritario y del rechazo de los escritos apócrifos como inspirados.

Razón # 1: Los judíos nunca aceptaron los apócrifos como Escritura ni los consideraron a la par con otros libros canónicos del Antiguo Testamento.

Este primer punto es de vital importancia. Los mismos judíos no aceptaron a los apócrifos como Escritura. Esto es muy significativo, especialmente considerando que Pablo nos dice que a los judíos se les “confiaron los oráculos de Dios” (Rom. 3:2). Fue a través de los judíos que Dios produjo el canon del Antiguo Testamento y fue a los judíos a quienes Dios se los confió. Entonces, la pregunta es: “¿Conocían los judíos sus propias Escrituras?” Si es así, los apócrifos no deben considerarse parte de ellas. Por otro lado, si los apócrifos son canónicos, ¿cómo es que los judíos no entendieron lo que se les había confiado, en especial, a la luz de la declaración de Pablo?

Todo esto para decir que los 39 libros en el Antiguo Testamento Protestante corresponden a los mismos 22 (o 24, dependiendo de cómo estén ordenados) los libros en la Biblia hebrea. En otras palabras, el canon protestante del Antiguo Testamento contiene los mismos libros que los judíos aceptaron como Escritura. Esto es avalado por varias fuentes. El historiador judío Josefo escribió:

Por esto entre nosotros no hay multitud de libros que discrepen y disientan entre sí; sino solamente veintidós libros, que abarcan la historia de todo tiempo y que, con razón, se consideran divinos. De entre ellos cinco son de Moisés, y contienen las leyes y la narración de lo acontecido desde el origen del género humano hasta la muerte de Moisés. […] Desde Moisés hasta la muerte de Artajerjes, que reinó entre los persas después de Jerjes, los profetas que sucedieron a Moisés reunieron en trece libros lo que aconteció en su época. Los cuatro restantes ofrecen himnos en alabanza de Dios y preceptos utilísimos a los hombres.4

Estos veintidós libros aceptados por los judíos como canónicos corresponden exactamente al canon protestante del Antiguo Testamento, que excluye a los apócrifos. Junto con Josefo, el maestro judío Filón tampoco reconoció a los apócrifos como Escritura. En cuanto a Filón, F.F. Bruce comenta:

Filón de Alejandría (c 20 aC-50 dC) evidentemente conocía las Escrituras solo en la versión griega. Era representante ilustre del judaísmo alejandrino, y si el judaísmo alejandrino hubiera reconocido un canon más completo que el del judaísmo palestino, uno podría esperar encontrar algún rastro de esto en los voluminosos escritos de Filón. Pero de hecho, si bien Filón no nos ha dado una declaración formal sobre los límites del canon, como ha hecho Josefo, los libros que reconoció como sagradas escrituras eran, sin duda, libros incluidos en la Biblia hebrea tradicional … No muestra señal alguna de aceptar la autoridad de los libros que conocemos como los apócrifos.5

El rechazo de los apócrifos por Josefo y Filón no solo es significativo porque ambos eran judíos y conocían su propio canon, sino también porque estaban familiarizados con la Septuaginta (una traducción griega del Antiguo Testamento). El propio Filón era de Alejandría, de donde se originó la Septuaginta. Los apologistas católicos romanos a menudo afirman que la Septuaginta judía contenía los apócrifos, y como la Septuaginta era la Biblia usada por Jesús y los apóstoles, los apócrifos deberían considerarse Escrituras. Pero William Webster explica por qué este razonamiento es falso:

Josefo no solo cita el número preciso de los libros canónicos, sino que declara que la nación judía reconoció a estos veintidós como canónicos y no más. Lo importante de su testimonio es que usó la versión Septuaginta del Antiguo Testamento. Así, aunque usó la versión griega, citó el canon limitado de los hebreos. Y como se mencionó anteriormente, Filón también usó la Septuaginta y no incluyó a los apócrifos como Escritura canónica autorizada. Estos casos demuestran que no se puede deducir que aquellos que usaron la Septuaginta aceptaron un canon extendido, en particular, Jesús y los apóstoles.6

La lista de la Biblia hebrea con solo 22 o 24 libros no solo nos dice que los judíos sabían qué libros pertenecían al canon, sino que también excluía necesariamente a los apócrifos. Una razón por la que los judíos no aceptaron a los apócrifos es porque reconocieron que la sucesión exacta de su propia línea profética terminó alrededor del siglo IV a. C. Los apócrifos se escribieron después de este momento, por lo que no son canónicos. Josefo comenta sobre esto también:

Desde el imperio de Artajerjes hasta nuestra época, todos los sucesos se han puesto por escrito; pero no merecen tanta autoridad y fe como los libros mencionados anteriormente, pues ya no hubo una sucesión exacta de profetas. 7

Josefo no solo nos da el número exacto de libros y sus divisiones, sino que aquí nos da una línea de tiempo que indica que aquellos libros escritos después de la época de Artajerjes8 no tenían la misma autoridad que los libros canónicos porque la sucesión exacta de los profetas había cesado. En otras palabras, los libros apócrifos no fueron inspirados y, por lo tanto, no fueron canónicos.

Roger Beckwith en su libro The Old Testament Canon of the New Testament Church [El Canon del Antiguo Testamento de la iglesia del Nuevo Testamento] cita numerosas declaraciones rabínicas que atestiguan el cese de la profecía en Israel en una época anterior a la escritura de los apócrifos:9

Con la muerte de Hageo, Zacarías y Malaquías, los últimos profetas, el Espíritu Santo dejó a Israel. (Tos. Sotah 13.2).


Hasta entonces [la venida de Alejandro Magno y el fin del imperio de los persas] los profetas profetizaron a través del Espíritu Santo. A partir de entonces, “inclina tu oído y escucha las palabras de los sabios” (Seder Olam Rabbah 30).


Desde que el Templo fue destruido, la profecía ha sido tomada de los profetas y entregada a los necios y a los niños. (Bab. Baba Bathra 12b).


El rechazo judío de los apócrifos como Escritura también se puede ver en una reunión de eruditos judíos en Jamnia (90 dC). Aquí no hubo discusión alguna sobre los libros apócrifos o su aceptación en el canon. Además, el Talmud judío, compuesto por escritos rabínicos de entre 200 dC y 500 dC, también excluyó a los apócrifos de las Escrituras canónicas. Incluso la Nueva Enciclopedia Católica afirma la consistencia entre el Antiguo Testamento protestante y la Biblia hebrea:

En cuanto al Antiguo Testamento, los protestantes se apegan al canon judío; ellos solo reconocen los libros de la Biblia hebrea. Los católicos reconocen, además, siete libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento.10

En resumen, si no tuviéramos otra razón para rechazar a los apócrifos como canónicos, el hecho de que los judíos nunca los aceptaron en su Biblia hebrea sería suficiente. La Escritura es inspirada por Dios y, por lo tanto, es Dios quien determina qué libros son canónicos inspirando ciertos libros y no a otros. Al pueblo de Dios (en este caso, a los judíos) se le confió esta tarea así como la administración de los escritos divinos mucho antes de que existiera la Iglesia Católica Romana. Por lo tanto, no es prerrogativa de Roma determinar los límites canónicos de un grupo de escritos que nunca estuvieron bajo su cuidado y que tampoco produjo.

Razón # 2: Es sencillo erguir un argumento que consiste en que ni Jesús, ni los apóstoles, ni los escritores del Nuevo Testamento aceptaron a los apócrifos como inspirados.

Primero, construyendo sobre el primer punto anterior, ya que los judíos nunca aceptaron a los apócrifos como Escritura, y como Jesús, los apóstoles y la mayoría de los autores del Nuevo Testamento eran judíos, se deriva que tampoco ellos aceptaron a los apócrifos como Escritura. El argumento es este:

  1. Los judíos no aceptaron a los apócrifos como las Escrituras inspiradas.
  2. Jesús, los apóstoles y la mayoría de los autores del Nuevo Testamento eran judíos.
  3. Por ende, tanto Jesús, como los apóstoles y la mayoría de los autores del Nuevo Testamento rechazaron a los apócrifos como Escrituras inspiradas.

Jesús y los autores del Nuevo Testamento con frecuencia se refieren a “las Escrituras”, por ejemplo, cuando Jesús está enseñando a sus apóstoles o debatiendo con los líderes religiosos judíos de su época. Sin embargo, cualquier mención de “las Escrituras” debe tener un referente objetivo identificable por todos los involucrados en la discusión. En otras palabras, no se pudo haber hecho una referencia a “las Escrituras” a menos que: (1) ya existiese un conjunto específico de libros en mente, (2) aquellos en diálogo habrían acordado el contenido de tales libros (lo que nos lleva a concluir razonablemente que), (3) Jesús, los apóstoles, e incluso los líderes religiosos judíos, todos aceptaron el canon establecido por los judíos con autoridad. F.F. Bruce lo dice de esta manera:

Nuestro Señor y sus apóstoles podrían diferir de los líderes religiosos de Israel sobre el significado de las Escrituras; no hay ninguna sugerencia de que difieran sobre los límites de las Escrituras. “Las escrituras” en cuyo significado diferían no eran una colección amorfa: cuando hablaban de “las escrituras” sabían qué escritos tenían en mente y podían distinguirlos de otros escritos que no estaban incluidos en “las escrituras”.11

Además, Jesús se refiere con frecuencia a “la ley y los profetas”, “la ley”, e incluso “la ley de Moisés y los profetas y los salmos”. Pero, de nuevo, es difícil imaginar a Jesús haciendo estas declaraciones a menos que ya hubiera un canon judío cerrado con ciertos libros identificables con claridad. En otras palabras, aquí, en las palabras de Jesús, encontramos un argumento a favor de un canon hebreo cerrado. Beckwith resume este punto importante:

Es difícil de concebir un canon organizado de acuerdo a un principio racional, o una lista de libros bien definida si tal lista se desconoce o si el canon seguía abierto. Más aún, es difícil concebirlo sin un número de libros generalmente aceptado y conocido, o si el canon permaneció abierto y la identidad de sus libros incierta… Y tal acuerdo, como hemos visto ahora, probablemente se había alcanzado ya en el siglo II aC… El hecho de que el canon del Antiguo Testamento al que se refiere el Nuevo Testamento en varias formas tenía un número establecido de libros en los tiempos del Nuevo Testamento es una indicación más de que Jesús y sus primeros seguidores estaban familiarizados con un canon cerrado, y recomendaron un canon cerrado a la iglesia cristiana.12

Una segunda consideración importante es la siguiente: ni Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento citan a los apócrifos como Escritura. Jesús y los escritores del Nuevo Testamento citan al Antiguo Testamento con mucha frecuencia.

 Cuando lo hacen, por lo general dicen: algo así como “Así dicen las Escrituras”, “como está escrito” o “Así dice el Señor”. Ninguno de los libros apócrifos es citado directamente de esta forma. Aunque el Nuevo Testamento contiene cientos de citas y referencias a casi todos los libros canónicos del Antiguo Testamento, nunca se citan los apócrifos. No hay ni una sola cita de los apócrifos a la que se le atribuya estatus canónico o de autoridad bíblica.

Finalmente, Jesús hace una declaración explícita que parece limitar la extensión del Antiguo Testamento al canon tradicional hebreo, excluyendo así a los apócrifos como inspirados. Este argumento es desarrollado extensamente por Roger Beckwith y se basa en dos pasajes paralelos que se encuentran en Mateo 23:34-36 y Lucas 11:49-51.13 El pasaje de Lucas dice así:

Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán, para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación.

El significado de este pasaje con relación al canon se comprende mejor si tomamos en cuenta dos factores. Primero, en el orden tradicional de la Biblia hebrea, los judíos colocaban el libro de 2 Crónicas al final. Segundo, la mayoría de los comentaristas están de acuerdo en que el Zacarías mencionado en el pasaje anterior se refiere a la muerte de Zacarías en 2 Crónicas 24: 20-22, lo que lo convierte en el último mártir registrado en el canon hebreo. Poniendo todo esto junto, cuando Jesús está condenando a los fariseos en los pasajes de Mateo 23 y Lucas 11, Él los culpa de las muertes todos los profetas martirizados desde el primer momento (Abel) en el libro de Génesis hasta el último (Zacarías) en el libro de 2 Crónicas, y al hacerlo, nos está dando implícitamente el rango y alcance de las Escrituras canónicas: desde Génesis hasta 2 Crónicas, excluyendo así a los apócrifos. Beckwith explica:

El martirio de Abel es el primero y precisamente inicia en el primer libro del canon; El martirio de Zacarías es el último, y llega casi al final del último libro. Todos los martirios de Abel a Zacarías son, por lo tanto, equivalentes a todos los martirios de un extremo de la Biblia judía al otro. Si se pregunta por qué Jesús no extiende su catálogo de martirios más allá de los límites del canon, Lucas da una respuesta clara. Jesús no está hablando de toda la sangre justa sin distinción, sino de toda la sangre justa de los profetas; y la profecía, como bien sabían los judíos, prácticamente había terminado con la composición del último libro de las Sagradas Escrituras… Así, Jesús confirma que el orden tradicional de los libros, que comenzó con Génesis y terminó con Crónicas, se remonta todo, en esencia, al primer siglo. Tampoco es el inventor de este orden. Su forma alusiva de referirse a todo el canon sería ininteligible si el conjunto y orden de los libros no fuese bien conocido y aceptado.14

F.F. Bruce también retoma este argumento y lo resume de esta manera:

Hay evidencia de que Crónicas fue el último libro en la Biblia hebrea como Jesús lo sabía. Cuando dijo que la generación a la que se dirigía sería responsable de “la sangre de todos los profetas, derramada desde la fundación del mundo”, agregó, “desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y El Templo” (Lucas 11:50f.). Abel es el primer mártir en la Biblia (Gen. 4:8); Zacarías es muy probablemente el hijo de Joiada, quien murió apedreado “en la corte de la casa de Jehová” porque, hablando por el Espíritu de Dios, reprendió al rey y al pueblo de Judá por transgredir los mandamientos divinos (2 Crón. 24: 20-22). Zacarías (c 800 aC) no fue cronológicamente el último profeta fiel en morir como mártir… Pero Zacarías es canónicamente el último profeta fiel en morir como mártir, porque su muerte está registrada en Crónicas, el último libro de la Biblia hebrea.15

¿Por qué es importante si Jesús, los apóstoles y los escritores del Nuevo Testamento rechazaron a los apócrifos como Escritura? La respuesta debería ser obvia:

Para los cristianos, sin embargo, la enseñanza de Jesús, sus apóstoles y los otros escritores del Nuevo Testamento también tiene un significado teológico; porque si nos enseñan lo que era su canon del Antiguo Testamento, ¿no nos enseñan también lo que, para los cristianos, debe ser el canon del Antiguo Testamento?16

Razón # 3: Jerónimo, traductor de la Vulgata latina, también rechazó a los apócrifos como Escritura inspirada.

 Un buen grupo de padres y teólogos eclesiásticos a lo largo de los siglos separaron a los apócrifos de las Escrituras canónicas. Muchos reconocieron que el canon hebreo consistía en solo veintidós libros, incluidos Orígenes, Hilario de Poitiers, Cirilo de Jerusalén, Atanasio, Epifanio, Gregorio de Nazianzo, Basilio el Grande y Rufino.17

Pero Jerónimo tiene un significado especial debido al hecho de que tradujo la Vulgata latina, que se convirtió en la traducción estándar de la Biblia utilizada por la Iglesia occidental durante siglos. Jerónimo era erudito bíblico de alta casta, dominaba tanto el hebreo como el griego, y claramente enseñaba que los apócrifos deben ser excluidos del canon. En cuanto a la cantidad de libros en el canon hebreo, afirmó,

Y así, en total, llegan a ser 22 los libros de la Ley antigua, es decir, cinco de Moisés, ocho de los Profetas y nueve de la Hagiógrafa… para que podamos saber que todo lo que no esté incluido en estos debe colocarse entre los libros apócrifos.18

Además, Jerónimo no solo nos ofrece la división triple tradicional de la Biblia hebrea, sino que también enumera los libros que la componen:

  • La ley de Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

  • Los profetas: Josué, Jueces, Rut, I y II Samuel, I y II Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores.

  • La Hagiógrafa: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares de Salomón, Daniel, Crónicas, Esdras-Nehemías y Ester.19

Nótese aquí que los apócrifos están excluidos. Jerónimo también rechazó explícitamente las adiciones apócrifas al libro de Daniel (Bel y el Dragón, Susana):

Las historias de Susana y de Bel y el Dragón no están contenidas en el hebreo… Por esta misma razón cuando traduje Daniel hace muchos años, noté estas visiones con un símbolo crítico, mostrando que no estaban incluidas en el hebreo… Después todo, tanto Orígenes, Eusebio, Apolinares, y otros destacados eclesiásticos y maestros de Grecia reconocen que, como he dicho, estas visiones no se encuentran entre los hebreos, y por lo tanto no están obligadas a responder a Porfirio acerca de estas porciones que carecen de toda autoridad como Sagrada Escritura.[20. Jerome, Preface to Jerome’s Commentary on Daniel, trans. by Gleason Archer (Grand Rapids: Baker, 1977), 17, as quoted in Norman Geisler and Ralph MacKenzie, Roman Catholics and Evangelicals: Agreements and Differences (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1995), 170, my italics.]

Jerónimo incluso afirma que la Iglesia de su época no otorgó estatus canónico a los apócrifos y que estos libros no deben usarse para decidir doctrina:

Cuando, entonces, la Iglesia lea a Judith, Tobías y los libros de Macabeos, pero sin admitirlos entre las Escrituras canónicas, así que también lea estos dos volúmenes (Sabiduría de Salomón y Eclesiástico) para edificación de la gente, mas no para otorgar autoridad a las doctrinas de la Iglesia (énfasis propio).[21. NPNF2, Vol. 6, St. Jerome, Prefaces to Jerome’s Works, Proverbs, Ecclesiastes and Song of Songs; Daniel, as quoted in Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 45.]

Esta declaración de Jerónimo es importante por al menos dos razones. Primero, notemos que Jerónimo distingue entre libros canónicos y libros eclesiásticos. Los libros canónicos son los de la Biblia hebrea y pueden usarse para establecer doctrina, mientras que los libros eclesiásticos (que incluyen los apócrifos) no son canónicos sino que se conservan por su utilidad en la edificación, no en la decisión de cuestiones doctrinales y, por lo tanto, les confiere un estado inferior.

En segundo lugar, Jerónimo afirma que esta posición, un rechazo de los apócrifos como canónicos, fue la posición de la Iglesia cuando él escribe. Esto es contrario a las afirmaciones de muchos apologistas católicos romanos. En otras palabras, no solo no hubo un “consenso unánime” a favor de aceptar los Apócrifos como Escritura inspirada, sino todo lo contrario, ¡el “consenso unánime” de la Iglesia parece estar a favor de su rechazo! Jerónimo, uno de los más grandes eruditos en la historia de la Iglesia, que tradujo la Biblia más utilizada por la Iglesia Occidental durante siglos, reconoció claramente el estatus inferior de los Apócrifos, y es lamentable que la Iglesia Católica Romana finalmente abandonara esta posición en el Concilio de Trento en 1546 (más sobre esto a continuación).

Razón # 4: La práctica general de la Iglesia occidental, hasta el momento de la Reforma, fue la de seguir el juicio de Jerónimo al rechazar los apócrifos como Escritura inspirada.

Los apologistas católicos romanos a menudo argumentan que los apócrifos fueron aceptados y establecidos como canónicos para la Iglesia universal en los concilios de Hipona y Cartago, en 393 y 397 respectivamente, y que en realidad fueron los protestantes quienes retiraron estos libros del canon durante la Reforma. Por ejemplo, el apologista católico romano Karl Keating afirma:

El hecho es que el Concilio de Trento no agregó a la Biblia lo que los protestantes llaman libros apócrifos. En cambio, los reformadores abandonaron los libros bíblicos que habían sido de uso común durante siglos… Después de todo, fue la Iglesia católica, en el siglo IV, la que decidió oficialmente qué libros componían el canon de la Biblia y cuáles no. El Concilio de Trento entró en escena unos doce siglos después y se limitó a reafirmar la antigua posición.20

Sin embargo, los hechos históricos simplemente no apoyan esto. Además de las razones ya mencionadas anteriormente, la gran mayoría de teólogos, obispos y cardenales durante la Edad Media y hasta el momento de la Reforma siguieron a Jerónimo en su evaluación de los apócrifos.

Los apócrifos fueron vistos como útiles en la edificación y valiosos por su historia, pero no se consideraron Escrituras de inspiración divina como lo fue el Antiguo Testamento. William Webster da tres ejemplos históricos principales que lo respaldan: (1) las declaraciones expresas de la Glossa ordinaria—el comentario bíblico oficial utilizado durante la Edad Media, (2) la enseñanza de los principales teólogos que citaron a Jerónimo como autoridad para determinar el canon autoritario del Antiguo Testamento, y (3) traducciones de la Biblia y comentarios producidos justo antes de la Reforma.21

 La Glossa Ordinaria

 Webster proporciona una breve descripción y explicación de la importancia de la Glossa ordinaria:

La Glossa ordinaria, es un testigo importante acerca de la opinión de la Iglesia occidental en cuanto a su posición sobre los apócrifos porque fue el comentario bíblico con autoridad estándar para toda la Iglesia occidental. Llevaba una autoridad inmensa y se usó en todas las escuelas y seminarios relacionados con la formación de teólogos.22

La importancia de la Glossa ordinaria en relación con el tema de los apócrifos se ve reflejada en sus afirmaciones en el Prefacio de la misma obra. Se repite el juicio de Jerónimo en cuanto a que la Iglesia permite la lectura de los libros apócrifos solo para devoción e instrucción, pero que no tienen autoridad para resolver controversias en materia de fe.

Afirma que hay veintidós libros del Antiguo Testamento, citando los testimonios de Orígenes, Jerónimo y Rufino como apoyo. Al comentar sobre los libros apócrifos, les precede una introducción que dice: ‘Aquí comienza el libro de Tobías que no está en el canon; Aquí comienza el libro de Judith que no está en el canon y así sucesivamente para Eclesiástico, Sabiduría y Macabeos, etc. Estos prólogos del Antiguo Testamento y libros apócrifos repiten las palabras de Jerónimo.23

He aquí un extracto del Prólogo a la Glossa ordinaria escrito en 1498 dC, que explica la distinción entre libros canónicos y no canónicos (o apócrifos):

Muchas personas, que no prestan mayor atención a las Sagradas Escrituras, piensan que todos los libros contenidos en la Biblia deben ser honrados y adorados con igual veneración, sin saber distinguir entre los libros canónicos y no canónicos…Por eso a menudo parecen ridículos ante los sabios; y se sienten perturbados y escandalizados cuando escuchan que alguien no honra algo leído en la Biblia con igual veneración que todos los demás. Aquí, entonces, distinguimos y enumeramos claramente primero los libros canónicos y luego los no canónicos, entre los cuales distinguimos aún más entre lo cierto y lo dudoso.

Los libros canónicos han sido creados a través del dictado del Espíritu Santo. Sin embargo, no se sabe en qué momento o por qué autores se produjeron los libros no canónicos o apócrifos. Como, sin embargo, son muy buenos y útiles, y no se encuentra nada en ellos que contradiga los libros canónicos, la iglesia los lee y permite que los fieles los lean para su devoción y edificación. Su autoridad, sin embargo, no se considera adecuada para probar las cosas que entran en duda o discusión, o para confirmar la autoridad de los dogmas eclesiásticos, como el beato Jerónimo declara en su prólogo a Judith y los libros de Salomón. Pero los libros canónicos son de tal autoridad que cualquier cosa contenida en ellos se considera verdadera e indiscutible, y también lo que se demuestre claramente a partir de ellos.24

Luego de distinguir entre los libros canónicos y los libros apócrifos, el Prólogo de la Glossa Ordinaria procede a enumerar… los libros precisos que conforman el canon del Antiguo Testamento, y los apócrifos no canónicos, todo de acuerdo con la enseñanza de Jerónimo. Nuevamente, el significado de esto es que la Glossa ordinaria fue el comentario bíblico oficial utilizado durante la Edad Media en todos los centros teológicos para formación de teólogos. Por lo tanto, representa la perspectiva general de la Iglesia en conjunto, demostrando el vacío de las afirmaciones de los apologistas romanos de que los decretos de Hipona y Cartago establecieron oficialmente el canon por la Iglesia universal.25

La enseñanza de Teólogos eminentes

Las enseñanzas de los principales teólogos hasta antes de la Reforma muestran que siguen el ejemplo de Jerónimo y la Glossa ordinaria al rechazar a los apócrifos como Escritura. Citan al canon hebreo y a Jerónimo como autoridades en este asunto. El espacio no permite citas completas de todos los teólogos incluidos en esta categoría. William Webster ha proporcionado amplia documentación en sus publicaciones oficiales. Sin embargo, veremos brevemente los tres principales teólogos: el cardenal Cayetano, Gregorio el Grande y Hugo de San Víctor.

Primero, el cardenal Cayetano es una figura importante porque fue el oponente teológico de Martín Lutero durante la Reforma Protestante. Escribió un comentario sobre cada libro canónico del Antiguo Testamento y lo dedicó al Papa. Sin embargo, Cayetano siguió el ejemplo de Jerónimo, incluso citándolo como autoridad en cuanto al canon. Cayetano mantiene la misma distinción que Jerónimo entre los libros canónicos (útiles para determinar la doctrina) y los libros eclesiásticos (útiles para la edificación). Note lo que dice:

Aquí cerramos nuestros comentarios acerca de los libros históricos del Antiguo Testamento. El resto (es decir, Judith, Tobías y los libros de Macabeos) son considerados por San Jerónimo como fuera del conjunto canónico, perteneciendo a los apócrifos, junto con Sabiduría y Eclesiástico, como lo proclama claramente el Prólogo Galeato. Tampoco se moleste, como un erudito en formación, si encuentra que en algún escrito, ya sea en los consejos sagrados o en los doctores sagrados, estos libros se consideran canónicos. Porque las palabras tanto de los consejos como de los doctores deben reducirse a la corrección de Jerónimo. Ahora, según su juicio, en la epístola a los obispos Cromatio y Heliodoro, estos libros (y cualquier otro libro similar en el canon de la biblia) no son canónicos, es decir, no tienen la naturaleza de regla para confirmar asuntos de fe. Sin embargo, pueden llamarse canónicos, es decir, en la naturaleza de una regla para la edificación de los fieles, como receptos y autorizados en el canon de la biblia para ese propósito. Con la ayuda de esta distinción, podrá ver claramente su camino a través de lo que dice Agustín y lo que está escrito en el consejo provincial de Cartago.26

Aquí Cayetano claramente relega a los apócrifos fuera de los márgenes del canon. Pero ¿qué con esos concilios como Cartago, presidido por Agustín, que canonizó a los apócrifos? Cayetano nos da varias claves interpretativas importantes.

Primero, estos concilios deben estar sujetos a la corrección de Jerónimo. Segundo, los apócrifos pueden llamarse “canónicos” solo en el sentido eclesiástico, es decir, son útiles para la edificación y solo se incluyen en la Biblia para ese propósito. Tercero, Cayetano confirma que el concilio de Cartago fue solo un concilio local.

Un segundo personaje importante fue Gregorio el Grande. Gregorio fue uno de los grandes “doctores” en la Iglesia y obispo de Roma entre el 590 y 604 dC. Gregorio rechazó el libro de 1 Macabeos como canónico en su comentario sobre el libro de Job:

En cuanto a lo cual no estamos actuando de manera irregular, si de los libros, aunque no sean canónicos, pero usados para la edificación de la Iglesia, presentamos testimonios. Así, Eleazar en la batalla hirió y derribó a un elefante, pero cayó bajo la misma bestia que mató. (1 Macabeos. 6:46).27

Webster explica la importancia de esta declaración de Gregorio el Grande:

Esto es notable, ya que viene de un obispo de Roma, que negó el estatus canónico a 1 Macabeos mucho después de los concilios de Hipona y Cartago. Pero enseñó que el libro era útil para la edificación, el mismo sentir expresado por Jerónimo. Esto está en directa contradicción a lo que decretó la Iglesia romana anterior bajo Inocencio I, quien confirmó los libros sancionados como canónicos por Agustín y los Consejos de Hipona y Cartago… Claramente, cuando la Iglesia recibió los libros apócrifos como canónicos definió el término en el Sentido expresado anteriormente por el cardenal Cayetano. El término tenía un significado amplio y estrecho. En general, incluía todos los libros que eran aceptables para la lectura en las Iglesias, que incluían los Apócrifos. Pero, en su sentido más estricto, solo los libros del canon hebreo fueron sancionados como verdaderamente canónicos con el propósito de establecer doctrina… Por lo tanto, tenemos la perspectiva oficial y autorizada de un obispo de Roma a finales del siglo VI y principios del séptimo siglo con respecto al Estado canónico de los apócrifos.28

En tercer lugar, Hugo de San Víctor (1096-1141) también siguió a Jerónimo al listar el número de libros canónicos del Antiguo Testamento en veintidós, rechazando así a los apócrifos. Con respecto a Hugo de San Víctor, F.F. de Bruce comenta,

Hugo de San Víctor, quien fue el prior de la abadía y director de su escuela desde 1133 hasta su muerte en 1141, enumera los libros de la Biblia hebrea en un capítulo “Sobre el número de libros en letra sagrada” y continúa diciendo: : ‘También hay en el Antiguo Testamento algunos otros libros que ciertamente se leen [en la iglesia] pero no están inscritos en el cuerpo del texto o en el canon de autoridad: tales son los libros de Tobías, Judith y los Macabeos, el llamado Sabiduría de Salomón y Eclesiástico. ‘Aquí, por supuesto, se puede discernir la influencia de Jerónimo: para los estudiantes medievales de la Biblia en la iglesia latina no había un maestro comparable con él.29

Si es verdad, como dicen los apologistas católicos romanos, que el tema del canon se resolvió hace mucho tiempo en los concilios de Hipona y Cartago, ¿cómo es posible que tantos teólogos, obispos y cardenales hayan rechazado la canonicidad de los apócrifos hasta el tiempo de la Reforma? ¿Desconocían la posición oficial de Roma sobre el asunto? ¿O simplemente estaban ejercitando su libertad intelectual al seguir la posición histórica de la Iglesia en un asunto que Roma aún no había abordado oficial e infaliblemente?

Traducciones Bíblicas

Una prueba final presentada por Webster es una traducción de la Biblia conocida como la Biblia Complutense. Los traductores de este trabajo siguieron a Jerónimo, la Glossa ordinaria, así como a la enseñanza de los principales teólogos al rechazar a los apócrifos como Escritura inspirada:

A principios del siglo XVI, justo antes de la Reforma, el Cardenal Ximenes, Arzobispo de Toledo, en colaboración con los principales teólogos de su época, produjo una edición de la Biblia llamada Biblia Complutense. Hay una advertencia en el Prefacio con respecto a los apócrifos, de que los libros de Tobit, Judith, Sabiduría, Eclesiástico, Macabeos, las adiciones a Esther y Daniel, no son Escrituras canónicas y, por lo tanto, no fueron utilizadas por la Iglesia para confirmar la autoridad de puntos fundamentales de la doctrina, aunque la Iglesia permitió que se leyeran para propósitos de edificación… Esta Biblia, así como su Prólogo, fue publicada por la autoridad y el consentimiento del Papa León X, a quien se dedicó todo el trabajo30

Aquí tenemos, en el siglo XVI, la producción de una Biblia requerida por el Papa León X, que separó claramente a los apócrifos del resto del canon del Antiguo Testamento. Una vez más, la afirmación de que Roma determinó el canon universal para la Iglesia en los primeros siglos simplemente no encaja con los hechos históricos. Bruce Metzger proporciona información histórica adicional sobre las traducciones de la Biblia producidas durante el siglo XVI en la Iglesia Occidental:

Posteriormente al tiempo de Jerónimo y hasta el período de la reforma, una sucesión continua de los Padres y teólogos más sabios en Occidente sostuvo la autoridad única y distintiva de los libros del canon hebreo. Tal juicio, por ejemplo, fue reiterado en la víspera de la Reforma por el Cardenal Ximenes en el prefacio de la magnífica edición de la Biblia Complutense Poliglota que editó (1514-17). Además, la primera versión latina de la Biblia en tiempos modernos, hecha a partir de los idiomas originales por el académico dominicano, Sanctes Pagnini, y publicada en Lyon en 1528, con cartas elogiosas del Papa Adrián VI y el Papa Clemente VII, separa claramente el texto de los libros canónicos del texto de los libros apócrifos. Otra Biblia latina, esta es una adición a la Vulgata de Jerónimo publicada en Nuermberg por Johannes Petreius en 1527, presenta el orden de los libros como en la Vulgata pero especifica al comienzo de cada libro apócrifo que no es canónico… Incluso el cardenal Cayetano, El oponente de Lutero en Augsburgo en 1518, dio una aprobación implacable al canon hebreo en su Comentario sobre todos los libros históricos auténticos del Antiguo Testamento, que dedicó en 1532 al Papa Clemente VII. Apeló expresamente a la separación de Jerónimo de los libros canónicos de los no canónicos, y sostuvo que no se debe confiar en estos últimos para establecer asuntos de fe, sino que se deben usar solo para la edificación de los fieles.31

Es notable que las traducciones de la Biblia y los comentarios anteriores se produjeron justo antes del Concilio de Trento en 1546, y cada uno rechazó a los apócrifos como Escritura canónica. Dada esta evidencia histórica, William Webster concluye,

El peso de la evidencia histórica apoya la exclusión de los apócrifos de la categoría de las Escrituras canónicas. Por lo tanto, debemos concluir que los decretos del Concilio de Trento, referentes al verdadero canon de las Escrituras, se hicieron muy a pesar de la evidencia histórica judía y patrística, ignorando el consenso histórico general de la Iglesia antes de ese Concilio.[34. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 82.]

¿Cuándo fueron canonizados oficialmente e infaliblemente los apócrifos por la Iglesia Católica Romana? Esta pregunta lleva al siguiente punto por el cual los apócrifos deben ser rechazados como Escritura.

Razón # 5: La Iglesia Católica Romana no canonizó oficial e infaliblemente a los Apócrifos sino hasta el 1546 en el Concilio de Trento.

Como se mencionó anteriormente, los apologistas católicos romanos a menudo argumentan que los apócrifos fueron aceptados y establecidos como canónicos para la Iglesia universal en los concilios de Hipona y Cartago a fines del siglo IV y principios del V. Además de toda la evidencia presentada anteriormente que demuestra que este no es el caso, y que no fue la opinión mayoritaria de la Iglesia occidental, hay más problemas con esta afirmación.

Primero, los concilios de Hipona y Cartago no fueron sínodos ecuménicos sino locales, como incluso admitieron los estudiosos católicos romanos como el Cardenal Cayetano arriba. Por lo tanto, no tenían la autoridad para hablar por la Iglesia universal y no tenían la prerrogativa de establecer el canon oficial e infaliblemente.

En segundo lugar, los concilios del norte de África fueron muy influidos por Agustín, quien lamentablemente sostuvo la opinión errónea de que la Septuaginta era una traducción inspirada por Dios. Esto se vuelve problemático porque estos concilios, después de que se hizo la traducción de la Septuaginta, canonizaron el libro de 1 Esdras de la Septuaginta (que luego se convirtió en 3 Esdras en la Vulgata) que el Concilio de Trento determinó posteriormente como no canónico.

 En otras palabras, los Concilios de Hipona y Cartago canonizaron un libro “inspirado” que el Concilio de Trento rechazó más tarde. 32 Esto significa es que, contrario a lo que afirman los apologistas católicos romanos, Hipona y Cartago no tenían autoridad para establecer el canon para la Iglesia.

Finalmente, incluso las fuentes católicas romanas admiten que los apócrifos no fueron canonizados oficialmente e infaliblemente hasta el Concilio de Trento en 1546. La Nueva Enciclopedia Católica afirma que el canon no se estableció oficialmente para la Iglesia occidental en general hasta el Concilio de Trento en el siglo dieciséis:

San Jerónimo hizo la distinción entre libros canónicos y libros eclesiásticos. Los últimos que juzgó fueron circulados por la Iglesia como lectura espiritual recomendable, pero no fueron reconocidos como Escritura con autoridad. La situación no estuvo clara en los siglos siguientes… por ejemplo, Juan de Damasco, Gregorio el Grande, Walafrid, Nicolás de Lira y Tostado dudaban de la canonicidad de los libros deuterocanónicos… Según la doctrina católica, el criterio de inclusión al canon bíblico consiste en la decisión infalible de la Iglesia. Esta decisión no se dio sino hasta muy tarde en la historia de la Iglesia durante el Concilio de Trento… El Concilio de Trento resolvió definitivamente el asunto del Canon del Antiguo Testamento. El hecho de que esto no se hubiera hecho antes se desprende de la incertidumbre que persistió hasta el momento de Trento.33

El erudito católico romano Yves Congar concuerda:

… no existió, en la Iglesia Católica, una lista oficial y definitiva de escritos inspirados sino hasta el Concilio de Trento…34

H.J. Schroeder, el traductor del  Concilio de Trento al inglés, escribió:

La lista o decreto tridentino fue la primera declaración infalible y efectivamente promulgada acerca del Canon de las Sagradas Escrituras.35

Contrario a lo que el apologista católico romano Karl Keating afirmó anteriormente, no fueron los protestantes los que expulsaron a los apócrifos de las Escrituras, sino que fue la Iglesia católica romana la que elevó, erróneamente, a este grupo de escritos al nivel de las Sagradas Escrituras, sin tener en cuenta la evidencia histórica ni la posición histórica de la Iglesia.

Razón # 6: Los apócrifos no pasan la prueba profética y, por lo tanto, no deben considerarse como Escritura.

Al menos uno de los libros incluidos en el canon católico romano se auto-descalifica al aceptar que no tiene origen profético. En el capítulo 4 de 1 Macabeos, después de limpiar el templo y derribar el altar profanado, se nos dice que se almacenaron las piedras del altar ” hasta que viniera un profeta que les indicara lo que debían hacer con ellas” (v. 46). 1 Macabeos 9:27 declara explícitamente que en el momento de escribir los libros, los profetas de Dios ya habían dejado de aparecer:

Fue un tiempo de grandes sufrimientos para Israel, como no se había visto desde que desaparecieron los profetas.

Esto se ve nuevamente en 14:41, donde los judíos deciden que Simón debería ser su líder y sumo sacerdote “hasta que apareciera un profeta autorizado”. El autor de 1 Macabeos reconoció que los profetas de Israel y el espíritu de profecía habían desaparecido y, por lo tanto, 1 Macabeos no se puede considerar como divinamente inspirado.

Geisler y MacKenzie explican, en resumen, que los apócrifos no superan la prueba profética en su totalidad:

Primero, ningún libro apócrifo afirma haber sido escrito por un profeta. De hecho, como ya se ha mencionado, un libro apócrifo incluso niega ser profético (1 Mac. 9:27). Segundo, no hay confirmación divina de ninguno de los escritores de libros apócrifos, como lo hay para los profetas que escribieron libros canónicos (por ejemplo, Éxodo 4:1-2). Tercero, no existe ni una sola profecía predictiva en los libros apócrifos como las que tenemos en los libros canónicos (por ejemplo, Isa. 53; Dan. 9; Mic. 5:2) lo que constituye una clara indicación de su autenticidad profética. Cuarto, no hay ninguna afirmación mesiánica nueva en los apócrifos. Por lo tanto, no agrega nada a las verdades mesiánicas del Antiguo Testamento. Quinto, incluso la comunidad judía reconoció que los dones proféticos habían cesado en Israel antes de que se escribieran los apócrifos (ver citas arriba). En sexto lugar, los libros apócrifos nunca se incluyeron en la Biblia judía junto con los “Profetas” ni en ninguna otra sección. Ningún libro profético, posterior a los apócrifos, los cita.36

Razón # 7: Los apócrifos contienen errores históricos y doctrinales.

Los católicos romanos acudieron a los apócrifos para justificar ciertos errores doctrinales, como los sacrificios expiatorios, el purgatorio y oraciones a los muertos (2 Macabeos 12:45: “Por esto hizo ofrecer ese sacrificio por los muertos, para que Dios les perdonara su pecado”) y la salvación por obras (Tobías 12: 9: “Dar limosna salva de la muerte y purifica de todo pecado”). Esto debería, al menos, considerarse sospechoso, especialmente teniendo en cuenta la naturaleza polémica del Concilio de Trento y la canonización de los apócrifos como reacción a la reforma protestante.

Además, libros como Judith contienen tantos errores históricos que muchos estudiosos concluyen que debe ser una obra de ficción histórica en lugar de una historia real. Si efectivamente fue pensado como obra de ficción histórica, supongo que no se le puede criticar por contener tantos errores históricos. Bruce Metzger dice lo siguiente acerca de Judith

Una de las primeras preguntas que surgen naturalmente con respecto a este libro es si es histórico o no. El consenso, al menos entre los eruditos protestantes y judíos, es que este relato es, pura ficción… el libro está lleno de anacronismos, improbabilidades históricas, geográficas y errores evidentes. Por ejemplo, Holofernes moviliza un inmenso ejército a una distancia de trescientas millas en tres días (2:21). Las palabras iniciales del libro, cuando se consideran a la par con el v. 2:1ff. y 4:2f., incluyen un disparate histórico colosal, ya que el autor ubica el reinado de Nabucodonosor sobre los asirios (en realidad era rey de Babilonia) en Nínive (¡que cayó siete años antes de su ascenso al trono!) en un momento en que los judíos apenas regresaban de su cautiverio (en realidad en este momento estaban sufriendo más deportaciones). Nabucodonosor nunca batalló contra los medos (1:7), ni capturó a Ecbatana (1:14)…La reconstrucción del Templo (4:13) está fechada, por un anacronismo evidente, aproximadamente un siglo antes. Además, el estado judío está representado bajo el gobierno de un sumo sacerdote y una especie de sanedrín (6: 6-14; 15:8), que es compatible solo con una fecha post-exílica varios cientos de años después de la presunta ubicación contextual histórica del libro.37

Conclusión

Las siete razones anteriores forman un caso acumulado convincente que indica que los apócrifos no deben considerarse como Escritura inspirada por Dios. Más aun, la evidencia es problemática para la Iglesia Católica Romana, ya que ha declarado de manera infalible la inclusión de los apócrifos al canon. Tal declaración no se puede retractar sin socavar la infalibilidad de la iglesia. Pero, ¿qué pasa cuando los hechos de la historia socavan la posición dogmática adoptada por Roma? ¿Y qué queda de su infalibilidad si se demuestra que una de sus declaraciones “infalibles” es totalmente falsa?

Los judíos a quienes se les encomendaron los oráculos de Dios (Romanos 3:2) no aceptaron a los apócrifos. Tampoco Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento los aceptaron. Lo mismo sucede con Jerónimo, los principales teólogos (Doctores) e incluso los eruditos católicos romanos hasta la época de la Reforma.

Para resumir: los judíos a quienes se les encomendaron los oráculos de Dios (Romanos 3:2) no aceptaron a los apócrifos. Tampoco Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento los aceptaron. Lo mismo sucede con Jerónimo, los principales teólogos (Doctores) e incluso los eruditos católicos romanos hasta la época de la Reforma. No fue sino hasta el 1546 en el Concilio de Trento que los apócrifos fueron incluidos oficial e infaliblemente como Escritura, como lo admiten incluso las fuentes católicas romanas. Los apócrifos no pasan la prueba profética y algunos libros incluso contienen errores doctrinales e históricos. Esto, por supuesto, no quiere decir que los Apócrifos no sean útiles. Ciertamente lo son. Pero no son Escritura. Y los protestantes están en lo correcto, con la evidencia histórica y la posición histórica de la Iglesia de su lado, cuando se niegan a reconocer a los libros de los apócrifos como canónicos.


  1. Desde el Concilio Vaticano II la ICC ha relajado su postura y se ha hecho más ecuménica e inclusiva hacia los protestantes y otros grupos, refiriéndose hacia los protestantes como “hermanos separados”. Sin embargo, la posición histórica y tradicional de la ICR ha sido que (1) la ICR es la única iglesia verdadera, (2) no hay salvación fuera de la ICR, y por ende (3) los protestantes y cualquier otra persona que con conocimiento rechace cualquier proclamación infalible de las doctrinas de la ICR son anatemas, separadas de la comunión con Roma y, por lo tanto, no son salvos.
  2. Concilio de Trento, Sesión IV (Abril 8, 1546), cita de Henry Denzinger, The Sources of Catholic Dogma, trans. Roy J. Deferrari (Fitzwilliam, NH: Loreto, 1954), 245.
  3. William Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha (Battle Ground, WA: Christian Resources, 2002), 7.
  4. Josephus, Antiquities, Against Apion, 1.8, my italics.
  5. F.F. Bruce, The Canon of Scripture (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1988), 46.
  6. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 16.
  7. Josephus, Antiquities, Against Apion, 1.8 (Énfasis propio).
  8. Artajerjes Longimano reinó durante 40 años: de 465 aC a 425 aC.
  9. Ver Roger Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church and its Background in Early Judaism (Eugene, OR: Wipf and Stock, 1985), 369-370.
  10. New Catholic Encyclopedia, Volume III, Canon, Biblical, 29, citado en Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 24-25 (mi traducción).
  11. Bruce, The Canon of Scripture, 28-29.
  12. Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church, 262-263.
  13. See Ibid., 211-222.
  14. Ibid., 215, 220.
  15. Bruce, The Canon of Scripture, 31, énfasis suyo.
  16. Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church, 10.
  17. Ver Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 16-17, y notas al pie de página.
  18. Jerónimo, Helmed Prologue to the Vulgate version of Samuel and Kings, citado en Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church, 120, énfasis propio.
  19. Ver Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 21, y notas al pie de página.
  20. Karl Keating, Catholicism and Fundamentalism: The Attack on “Romanism” by “Bible Christians” (San Francisco: Ignatius Press, 1988), 46-47.
  21. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 58.
  22. Ibid.
  23. Ibid., 60.
  24. Biblia cum glosa ordinaria et exposition Lyre litterali et morali (Basil: Petri & Froben, 1498), British Museum IB.37895, Vol. 1, On the canonical and non-canonical books of the Bible. Translation by Dr. Michael Woodward, as quoted in Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 60-61.
  25. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 61.
  26. Cardinal Cajetan (Jacob Thomas de Vio), Commentary on all the Authentic Historical Books of the Old Testament, In ult. Cap., Esther, as quoted in Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 63, my italics.
  27. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 64.
  28. Ibid.
  29. Bruce, The Canon of Scripture, 99-100. See Hugh of St. Victor, On the Sacraments, I, Prologue, 7 (PL 176, cols. 185-186D).
  30. Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 80.
  31. Bruce Metzger, An Introduction to the Apocrypha (New York: Oxford University, 1957), 180.
  32. Para mayors detalles acerca de este argumento, ver William Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 47-51.
  33. New Catholic Encyclopedia, Vol. II, Bible, III (Canon), p. 390; Canon, Biblical, p. 29; Bible, III (Canon), p. 390, as quoted in Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 50-51.
  34. Yves Congar, Tradition and Traditions (New York: Macmillan, 1966), p. 38, citado em Webster, The Old Testament Canon and the Apocrypha, 51.
  35. H.J. Schroeder, The Canons and Decrees of the Council of Trent (Charlotte: TAN Books, 1978), 17n4.
  36. Geisler and MacKenzie, Roman Catholics and Evangelicals, 167.
  37. Metzger, An Introduction to the Apocrypha, 50-51.

Análisis de la filosofía del “BUEN VIVIR” y el mito del “INDÍGENA MÁGICO”

Análisis de la filosofía del “BUEN VIVIR” y el mito del “INDÍGENA MÁGICO”

por Chris Du Pond

Introducción

Los franceses tienen una frase común para referirse al “buen vivir”. Ellos le llaman “la joie de vivre”. La idea consiste en disfrutar de la vida en toda su plenitud. De este lado del atlántico, los costarricenses usan la frase “pura vida” para aludir a una idea similar. Sin embargo, estos dos conceptos son más afines al epicureísmo moderno que procura el disfrute de los placeres de la vida a toda costa. Hoy se ha difundido otra idea—un movimiento socio-cultural—que, aunque parece ser similar en la superficie, encapsula un concepto mucho más complejo. Esta idea se deriva de culturas americanas indígenas ancestrales y se denomina “El Buen Vivir” o “Sumak Kawsay”. El Buen Vivir (BV) es una propuesta que sugiere una construcción “cultural de la sobriedad y la armonía con dignidad que permita la vida y la abundancia para todos y erija la paz con base en la justicia”. Desde el punto de vista ético, postula el “vivir en armonía con el prójimo” y con “la madre naturaleza”.1

El movimiento BV no sólo es una reacción social opuesta al materialismo, la codicia y consumismo—característicos del estilo de vida occidental—sino que propone soluciones que consisten en volver a los valores y la sabiduría de los pueblos indígenas americanos. Pero, ¿es esto posible? La propuesta de este apartado, y la tesis de este escrito, postula que para que el BV sea una realidad práctica, se requiere de acceder a una cultura aún más ancestral y más oriental.

Antecedentes Culturales

Es indudable que en américa latina sufrimos una crisis de valores que ha dejado a la sociedad dividida de manera irremediable—al menos en apariencia. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres. Entre 1980 y el 2016, el 1% de la población más rica del mundo ganó el 27% de la riqueza mundial. En contraste, el 50% de la población más pobre sólo capturó el 12% de la riqueza. En nuestros países latinoamericanos, los pueblos indígenas han sufrido de forma injusta, indecible y sin duda la mayoría forma parte la población en pobreza extrema.

No es sorpresa que tantos años de sufrimiento culminen en nuevos movimientos contra-occidentales—como lo es el BV—que buscan caminos alternos hacia la prosperidad haciendo uso de la ética y costumbres del pasado cuando las cosas realmente funcionaban mucho mejor—o al menos así se cree.

Según algunos pensadores mayas, el problema de la sociedad moderna es el “antropocentrismo, racionalismo y materialismo…la acumulación y derroche de riqueza material frente a pobreza y extrema pobreza material de millones”. 2 En resumen, la forma de vida occidental es “un mal camino” y por ende “ahora nos volvemos a modelos más cercanos, más nuestros, donde la vida se realice en armonía con nuestro prójimo y con nuestro propio planeta”.3

Es difícil estar en desacuerdo con la problemática que arriba se plantea. Pero, ¿en verdad será que la solución yace en volver a modelos del pasado donde todo era armonía con el prójimo y con la tierra? Por un lado, debemos de identificar el problema de raíz (¿será el imperialismo occidental, la conquista española, la corrupción de los gobiernos, otra cosa?) y por el otro, se requiere de una solución práctica.

Antecedentes Históricos

Según Francisco Márquez, profesor de la universidad de San Carlos en Guatemala, la propuesta del BV, según los ancestros mayas, consiste en,

“armarnos de humildad y coraje para re­conocer la sabiduría de las culturas ancestrales porque en ellas están plasmados valores fundamentales que trazaron la línea de desarrollo del ser humano desde sus orígenes y formaron cualidades esencial­mente humanas como la ternura, el amor, las emociones, el afecto, la autoestima y la solidaridad”.4

¿Vivían los pueblos ancestrales—como los mayas—de forma armoniosa con el prójimo; con ternura, amor, afecto y solidaridad?

Muchos latinoamericanos tenemos arraigada la idea falsa que descendemos de pueblos indígenas ancestrales y que antes de la llegada de los “desgraciados” españoles la vida era gloriosa. Juan Miguel Zunzunegui, historiador mexicano y experto en humanidades, llama a éste fenómeno el “mega-mito del indígena mágico”.5 Según éste mito, “todo era perfecto en el mundo indígena antes de que llegaran los españoles; no había ni corrupción ni enfermedades y todo era prosperidad y felicidad”. Bajo este esquema, la llegada de los españoles truncó este pasado extraordinario y dio origen a todas nuestras tragedias”.6

Desde luego que, sin evidencia, ésta afirmación no sería más que una opinión más. Es importante ver la evidencia:

¿EL MAYA PACÍFICO?

Según la conocida revista, National Geographic, antes del siglo XX se pensaba que los mayas eran un pueblo “totalmente pacífico” dedicado principalmente a la agricultura, las matemáticas, la astronomía. Todo cambió en 1946 con el descubrimiento de los murales de Bonampak donde se mostraba una sangrienta batalla que incluye torturas y decapitaciones.7

Con el pasar de los años la evidencia arqueológica ha demostrado, sin lugar a dudas, que los mayas estaban divididos en ciudades-estado envueltos en frecuentes enfrentamientos sangrientos. Contamos con registros bélicos de Bonampak, Yaxchilán y Piedras Negras cuyo arte era enteramente militar.8

Sabemos también que cada ciudad-estado contaba con grupos de guerreros bien adiestrados (especialmente los nobles), listos para batallar. Cuando era necesario, los mayas alquilaban mercenarios mexicas para ayudarse en sus conflictos. Incluso contamos con los nombres de los rangos militares que utilizaban: nacóm era el rango más alto. El batab era el segundo al mando y los holcattes eran la élite de sus fuerzas armadas.  

“Cuando el nacóm moría en la batalla o se le capturaba, la guerra se daba por terminada y los vencedores volvían a la ciudad con sus prisioneros vivos y con las cabezas de los muertos colgadas de sus cinturones”.9

Los prisioneros vivos, por lo general, no duraban así por mucho tiempo ya que se les usaba para hacer sacrificios humanos. En uno de los relieves en Chichén Itza se muestra una de estas víctimas “recostado sobre la piedra de sacrificios para extraerle el corazón”. Por lo general a los gobernantes vencidos se les perdonaba la vida. No así a sus súbitos quienes eran esclavizados para ser luego sacrificados por decapitación, extracción de corazón, o ambos (no sin antes ser desnudados y atados en señal de humillación). National Geographic concluye que no queda duda “de que la guerra constituía una parte esencial de la sociedad maya y ésta tuvo mucho que ver con lo que se ha venido a denominar el colapso maya”.10

Si el estilo de vida maya era tan pacífico y utópico, me pregunto por qué, a diferencia de los incas y los aztecas, nunca pudieron unificarse y vivir armoniosamente en un solo estado.

El Dr. Christopher Minster, especialista en historia y literatura latinoamericana, escribe que

“poderosas ciudades como Tikal, Calakmul y Caracol con frecuencia guerreaban entre sí por recursos, poder e influencia”.11

En ocasiones, parte de los prisioneros eran sometidos al famoso “juego de pelota” donde los perdedores eran decapitados. La humillación de los perdedores en la ciudad victoriosa es un tema prevalente. Minster concluye que

“es casi seguro que la guerra tuvo algo que ver con la desaparición de la civilización maya”.12

El Dr. David Stewart, antropólogo de la Universidad de Harvard, explica que los antropólogos del fin del siglo 19 y principios del 20 trataron de hacer una fuerte distinción entre los aztecas “sanguinarios” y los mayas “pacíficos”. Incluso “intentaron decir que los sacrificios humanos eran raros entre los mayas”. Sin embargo, hoy tenemos muchas similitudes entre aztecas y mayas, incluyendo relieves de una ceremonia en la que “un sacerdote en vestiduras ceremoniales jala las entrañas de una víctima atada y aparentemente aún viva”.13

Según Stewart, los niños no quedaban exentos del deber sacrificial. En el periodo clásico, el arte maya representa sacrificios de niños por extracción del corazón. Todo esto apoyado por registros arqueológicos.14

En la revista de antropología de la universidad del Oeste de Ontario, Hope Kron Ph.D., concluye que, en la zona de Belize, los mayas practicaban el sacrificio humano de tres formas: descarnación de esqueletos, desarticulación y decapitación.15 La mutilación y perforación de genitales, lenguas y otras partes del cuerpo eran cosa común.

La humillación, la esclavitud, el sacrificio (de hombres, mujeres, niños), el derramamiento de sangre, la muerte y la guerra no eran prácticas exclusivas de los mayas, ni de los aztecas. Esto fue una práctica general en norte, centro y Sudamérica.16 La imagen que surge de los registros históricos y de la evidencia arqueológica dista mucho de ser un jardín del edén americano donde todo era amor, armonía y perfección moral. 

EL PROBLEMA CENTRAL

El propósito de inspeccionar los registros históricos de las culturas indígenas ancestrales no es, de ninguna manera, el denigrar o faltar al respeto a nuestras raíces. El propósito es el de balancear la retórica que pretende perpetuar una imagen del “conquistador español depredador” y del “indígena puro e inocente” viviendo en el paraíso, hasta que los españoles los eliminaron sistemáticamente.

La verdad es que, en el choque de la cultura europea y prehispánica, se dieron atrocidades en ambos lados. Los pueblos prehispánicos ya se estaban humillando, matando, desangrando y sacrificando unos a otros cientos de años antes de la llegada de los conquistadores. Por su parte, en ésta época, los españoles eran víctimas de la invasión islámica de la península ibérica que concluye con la reconquista y la unificación de los reinos de Castilla y Aragón. Ahora sería su turno de pasar de ser víctimas a victimarios al someter las culturas prehispánicas.

Dada la evidencia anterior, podemos concluir con toda franqueza que la filosofía del Buen Vivir está cimentada sobre el mito del indígena mágico. Su fundamento es una idea romántica que en su totalidad es incongruente con la realidad histórica. Volver a la “sabiduría ancestral” como lo propone esta ideología no hará nada para resolver el predicamento humano en nuestros países.

La filosofía del Buen Vivir está cimentada sobre el mito del indígena mágico. Su fundamento es una idea romántica que en su totalidad es incongruente con la realidad histórica. Volver a la “sabiduría ancestral” como lo propone esta ideología no hará nada para resolver el predicamento humano en nuestros países.

Más aún, el Buen Vivir propone seguir perpetuando una ideología divisiva de “ustedes contra nosotros”, de “cultura ancestral contra cultura occidental”, y de “ciencia contra naturaleza”. ¿Cuál es, entonces, la raíz del problema humano?

La muerte, la humillación, la esclavitud, y la guerra no son problemas exclusivos de los aztecas, los mayas, los incas, los españoles, ni de los europeos. Son problemas humanos. ¿Cómo lo sabemos? Por medio de la evidencia histórica.

Sabemos que el siglo XX fue el siglo más sangriento de la historia de la humanidad. En el siglo XX, el ser humano exterminó a más personas que en ¡todos los siglos anteriores puestos juntos!

El Dr. Clay Jones, de la universidad de Biola, ha pasado más de 20 años estudiando el fenómeno de la maldad humana y concluye:

Inicialmente comencé a estudiar la maldad humana para que nadie me pudiera descalificar de no entender el inmenso sufrimiento que los humanos cometen unos contra otros. No quería que nadie pudiera decir que había sacado a Dios del problema del mal de la forma fácil: haciendo que el mal parezca menos grave de lo que realmente es. Pero conforme leí un relato enfermizo de violación o tortura o asesinato tras otro, algo rarísimo sucedió: me di cuenta que la maldad ES humana.  Me di también cuenta que las maldades depravadas no eran simplemente actos de unos pocos individuos trastornados o aun de cientos o de miles, sino que fueron cometidos por las masas. Estudié continente tras continente, país tras país, tortura tras tortura, asesinato tras asesinato y fue pasmoso descubrir que nunca había tomado las Escrituras con la debida seriedad: la humanidad es desesperadamente perversa.

No necesitamos tomar la palabra del Dr. Jones como buena por sí misma. La historia, los investigadores de las grandes atrocidades y las víctimas de genocidios coinciden.

El Buen Vivir propone seguir perpetuando una ideología divisiva de “ustedes contra nosotros”, de “cultura ancestral contra cultura occidental”, y de “ciencia contra naturaleza”.

LA HISTORIA ACERCA DE LA MALDAD HUMANA

Unión Soviética

En la Unión Soviética entre 1917 y 1989, el número de personas muertas por motivos políticos o que murió en campos-prisiones o campos de concentración fluctúa entre 20 y 26 millones.17 Estos números asombrosos incluyen 6 millones de ucranianos forzados a morir de hambre por los soviéticos en 1932-1933.18

Alemania

Durante la Segunda Guerra Mundial, la máquina de genocidio nazi logró eliminar a unos 15 millones de judíos y otros indeseables. Esto es harto conocido. Lo que es menos conocido es que los Alemanes sabían que Hitler pretendía exterminar a los judíos mucho antes de llegar al poder. Consideremos que el 13 de Agosto de 1920, casi dos décadas antes del comienzo de la segunda guerra mundial y al inicio de su carrera política, Hitler hizo un discurso titulado “¿Por qué Somos Anti-Semitas?” Dijo que los judíos son “criminales” y “parásitos” que deberían ser castigados con la muerte.19 Hitler público su libro Mein Kampf (Mi Lucha) en 1925 y 1926 en el que reflexiona acerca del papel que jugaron los alemanes judíos en la primera guerra mundial: “Si al inicio de la guerra y durante la guerra doce o quince mil de estos corruptores hebreos hubieran sido puestos bajo gas venenoso”, entonces millones de “alemanes verdaderos” no habrían muerto.20 Muchos alemanes promedio, entonces, no habrían jalado el gatillo o tirado el Ziklon-B en las cámaras de gas, pero sabían que Hitler quería matar a los judíos mucho antes de que llegara al poder.21

Y no fueron unos pocos alemanes: 10,005 campos de concentración han sido identificados. Los más grandes tenían muchos campos satelitales. Por ejemplo, Dachau tenía 174 campos satelitales y Auschwitz tenía 50 campos satelitales y 7,000 guardias. Mauthausen tenía 5,700 personas administrándolo así como sus campos satelitales.22 ¿Y qué hacían estos campos satelitales? Proporcionaban cientos de miles de trabajadores-esclavos para corporativos como Daimler-Benz, BMW, Volkswagen, Krupp y I. G. Farben, quien producía el Zyklon-B usado en las cámaras de gas. La corporación Bayer era una subsidiaria de I. G. Farben y vendía el Zyklon-B de sus oficinas de ventas. Desde luego, incontables administradores, mecanógrafos, empleados de tren, policías, choferes y trabajadores de fábricas sabían—y sus familias sabían—lo que estaba sucediendo.

China

Bajo el régimen comunista se estima de forma conservadora que entre 26 y 30 millones de “contra-revolucionarios” fueron asesinados o murieron en las prisiones.23 Desde luego una estadística no captura este horror. Considere que Mao Tse Tung se jactaba en un discurso en 1958 al partido comunista diciendo:

“¿Que tenía de inusual el Emperador Shih Huang de la dinastía Chin? El solamente sepulto vivos a 460 eruditos, pero nosotros hemos sepultado vivos a 46,000 eruditos”.24

Cuando leí esto por primera vez pensé ¡Es imposible, el enterrar a tanta gente debe ser lenguaje metafórico! Pero investigando a fondo me di cuenta que el enterrar viva a la gente era un método común de ejecución.

Japón

En unas pocas semanas comenzando diciembre de 1937, la armada japonesa violó, torturó, y asesinó a más de 300,000 chinos en la cuidad de Nanking.

La violación de Nanking debe recordarse no solo por el número de asesinados sino por la cruel manera en la que enfrentaron sus muertes. Los chinos fueron usados para práctica con bayonetas y en concursos de decapitación. Se estima que 20,000—80,000 mujeres chinas fueron violadas. Muchos soldados japoneses fueron más allá de la violación a desentrañar mujeres, rebanar sus pechos, clavarlas vivas a los muros. Padres forzados a violar a sus hijas, hijos a sus madres mientras otras familias observaban. No solo fueron rutinarios los entierros vivos, castraciones, extracciones de órganos y la rosticería de gente sino que aun torturas mas diabólicas eran practicadas como colgar gente de sus lenguas con ganchos metálicos o enterrar gente hasta la cintura y luego observarlos ser despedazados por perros pastor alemán. El espectáculo era tan enfermizo y aterrador que aun los nazis en la ciudad quedaron horrorizados, uno de ellos exclamo que la masacre era obra de una “maquinaria bestial”.25

La violación de Nankin, como fue llamado el evento, fue noticia de primera plana en todo el mundo, pero la mayor parte del mundo hizo nada para detenerlo y Japón lo niega hasta nuestros días.26

Podríamos seguir leyendo ejemplos, Ad Nauseam, de la perversión humana en las páginas de la historia.

LOS SOCIÓLOGOS ACERCA DE LA MALDAD HUMANA

Al tratar de entender cómo era posible que tantos alemanes hubiesen participado en la tortura y ejecución de tantos judíos en el holocausto, entre 1960 y 1963 el psicólogo Stanley Milgram condujo un estudio en la universidad de Yale. En 1970 David Mantell duplicó el experimento en Múnich, Alemania.

¿Sus Conclusiones?

Los humanos tienen una capacidad impresionante para el mal y vienen listos para cometer genocidios. Mantel concluye:

“Pensamos que habíamos aprendido esto en los libros de historia; probablemente ahora lo hemos aprendido en el laboratorio.27

LAS VÍCTIMAS ACERCA DE LA MALDAD HUMANA

El teólogo Langdon Gilkey creía que los humanos son básicamente buenos hasta que fue hecho prisionero por los japoneses junto con otros 2,000 hombres, mujeres y niños durante la segunda guerra mundial. Como resultado de esta experiencia concluyó:

“Es interesante ver la tendencia de la gente a pensar que el ser humano es innatamente bueno y que cuando las cosas se pongan difíciles y seamos desenmascarados y vistos ‘tal como somos’ que vamos a ser amables unos con otros. Nada puede estar más lejos de la realidad.”[Langdon Gilkey, Shantung Compound: The Story of Men and Women Under Pressure (San Francisco: Harper, 1966), 92. Gilkey continua, “Lo único acerca de la existencia humana ‘en los márgenes’ no es que el carácter de la gente cambia para mal o para bien, eso no sucede. Más bien es que la importancia y el ‘voltaje emocional’ de cada problema aumenta en sobremanera. Ahora, mucho más vulnerables que antes, tenemos una mayor inclinación de estar pendientes de nuestros propios intereses, más temerosos si se les amenaza, y así, mucho más decididos a protegerlos. Una existencia marginal no mejora a la gente ni la hace mas malvada; le agrega una prima a cada acto, y al hacerlo revela el verdadero carácter que cada humano siempre ha poseído.]

Igualmente, Aleksandr Solzhenitsyn, quien sufrió ocho años en un gulag soviético, pregunta:

¿De dónde salió esta tribu de lobos [oficiales que torturan y asesinan], de entre nuestra gente? ¿En verdad viene de nuestras raíces? ¿Nuestra Sangre?

Si, es nuestra.

Y para que no vayamos por ahí ostentando orgullosamente el manto blanco del justo, que cada uno se pregunte: “¿Si mi vida hubiese tomado un rumbo distinto, no habría yo sido como tales verdugos?”

Es una terrible pregunta si uno la contesta con honestidad.28

Creo que nos debemos preguntar: ¿si mi vida hubiese sido distinta, me habría convertido en un guardia en Auschwitz, o aprobado sacrificios humanos? Si concluimos que de alguna forma somos innatamente mejores que los millones que asesinaron o condonaron el asesinato a través de la historia, entonces debemos considerar que la creencia que nacemos innatamente mejores no tiene fundamento lógico ni científico. ¿Cómo fue que nacimos innatamente superiores a los millones que han asesinado? Debemos también recordarnos que la creencia que somos innatamente superiores a los demás es siempre el padre del genocidio. Por otro lado, si admitimos que pudimos haber sido asesinos, excepto por la gracia de Dios, entonces hemos entendido la depravación de la humanidad.

Me sorprendió descubrir que cada investigador de genocidios concluye que los autores eran gente común y corriente. Considere la conclusión del historiador George Kren y el psicólogo León Rappoport:

Lo único que queda es un temible sentido de desesperación acerca de la raza humana. ¿Cómo es posible encontrarle significado afirmativo a la vida si los seres humanos pueden hacer tales cosas? Junto con la desesperación puede venir también un sentimiento de vulnerabilidad aunado al hecho de que uno mismo es humano. Si uno estudia el Holocausto lo suficiente, tarde o temprano la verdad viene a salir a flote: uno sabe, finalmente, que uno seria ya sea el victimario o la víctima. Si pudo suceder en una escala masiva en otro lugar, entonces puede suceder en cualquier lugar; todo está dentro del rango de las posibilidades humanas.29

 

EL BUEN VIVIR: UNA NUEVA PROPUESTA

Dada toda la evidencia anterior, la propuesta que postula la filosofía del “Buen Vivir” es imposible de implementar porque no toma en cuenta el problema central del ser humano: su profunda maldad. No solo falla en identificar el problema central sino que pretende implementar un remedio basado en un mito: el mito del indígena mágico.

Hasta ahora, solamente hemos identificado la enfermedad pero no hemos propuesto una solución. Comencemos preguntándonos, ¿Cuál(es) de todas las cosmovisiones a nuestro alcance identifican correctamente el problema de la maldad humana y proponen una solución para vivir mejor? La respuesta es más bien simple: la cosmovisión judeo-cristiana.

La Biblia dice que

“No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…Sepulcro abierto es su garganta…Su boca está llena de maldición…Sus pies se apresuran para derramar sangre.30

Ni uno. También afirma que la corrupción es primeramente un asunto del corazón. Por ejemplo, el apóstol Juan escribe, “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida”.31 En otras palabras, si odias, escribe Juan, eres un asesino aunque no mates físicamente a nadie. Esto es cierto porque aquellos que aborrecen pero no ejecutan su deseo se refrenan solo por razones egoístas—no realmente por sus afectos hacia los que odian. Y el refrenarte por razones egoístas no te hace bueno. Jesus dijo que aquellos que codician ya han cometido adulterio en su corazón. ¿Por qué? Porque aquellos que fantasean a tener relaciones sexuales con un vecino(a), pero no lo hacen, se refrenan por falta de oportunidad o por miedo a las consecuencias y no por exaltar a Dios o porque han decidido honrar a sus cónyuges. Tomando estos versículos seriamente, entonces, ¿Cómo es posible recorrer esta vida sin ser un(a) adultero(a) homicida?

Es por eso que la solución que propone Jesús no consiste en reformas sociales sino en una transformación que cambie la naturaleza interna corrupta humana: “les es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Esta invitación a un nuevo nacimiento es para toda la humanidad: judíos, mayas, españoles, aztecas, peruanos, mexicanos y de todas las naciones. Pero también es una invitación a la unificación de la humanidad. La Escritura dice que

“No hay Judío ni Griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús” (Gal. 3:28).

Aceptar el nuevo nacimiento da origen a una nueva vida que constituye el verdadero buen vivir: una VIDA ETERNA. Jesucristo no vino sólo a darnos una mejor vida aquí y ahora. Su invitación a una nueva vida va mucho más allá de este mundo. El ser humano está condenado a muerte, pero Jesús ofrece una vida abundante y eterna: Una restauración completa del hombre y de la naturaleza. Cuando se proponía resucitar a su amigo Lázaro, exclamó:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:25).

CONCLUSION

Yo entiendo que esto pueda sonar a propaganda religiosa sin fundamento en la realidad, pero no lo es. Las palabras de Jesús y la veracidad del cristianismo tienen una base histórica verificable: la resurrección. Si la resurrección sucedió, como hecho histórico, entonces el cristianismo es verdad y las palabras de Jesús son verdad. ¿Cómo sabemos que Jesús resucitó históricamente? Este argumento se puede acceder en otros de mis escritos en detalle sin embargo me limitaré a resumirlo:

El Dr. Gay Habermas, historiador y posiblemente el erudito número uno en el mundo acerca de la historicidad de Jesús, durante más de 30 años y mediante más de 40 libros ha argumentado que la resurrección se puede considerar un hechos histórico. Su método utiliza datos históricos de la vida de Jesús que cumplen con los siguientes dos criterios: 1) la gran mayoría de los estudiosos aceptan estos hechos como históricos y 2) están bien establecidos por el método histórico.

Estos hechos son:

  1. Jesús murió por crucifixión
  2. Los discípulos tuvieron experiencias que ellos interpretaron como apariciones de Jesús resucitado.
  3. Los discípulos sufrieron una transformación de escépticos cobardes a valientes anunciadores de su muerte y resurrección (y estuvieron dispuestos a sufrir y morir por esa creencia)
  4. La proclamación sucedió muy tempranamente en la iglesia primitiva
  5. Santiago, quien había sido un escéptico (hermano de Jesús), se convirtió en líder de la iglesia en Jerusalén (luego de ver a Jesús resucitado).
  6. Pablo también se convierte al cristianismo luego de una experiencia que él describe como una aparición de Jesús resucitado

¿Pero cómo concluye Habermas que éstos hechos apuntan hacia la resurrección de Jesús? Por eliminación: durante siglos, los escépticos han tratado de explicar estos hechos como el resultado de alucinaciones, ladrones de tumbas, teorías de desmayos y fraudes. Pero ninguna de estas explicaciones apoya los datos históricos. La única explicación viable de estos seis hechos es que Jesús realmente resucitó como los registros históricos lo afirman.

Es por eso que solamente Jesús puede proporcionarnos del verdadero Buen Vivir que todos tanto anhelamos. 

“Por qué yo vivo, ustedes también vivirán” (Juan 14:19).

 

 

  1. Francisco Márquez, “Sumak Kawsay: valores y Buen Vivir en las culturas ancestrales”, http://www.cialc.unam.mx/cuadamer/textos/ca146-99.pdf, (accedido el 21 de agosto del 2018).
  2. Faviana Cochoy et al., Cosmovisión maya: plenitud de la vida (Raxalaj Mayab´ Káslemailil), Guatemala, pnud, 2006), p. 127.
  3. Márquez, Valores y Buen Vivir. Énfasis propio.
  4. Ibid.
  5. Juan Miguel Zunzunegui, “México: País construido entre mitos”, http://seudosociofobia.blogspot.com/2013/09/mexicopais-construido-entre-mitos.html, (accedido el 21 de agosto del 2018).
  6. Ibid.
  7. Revista National Geographic España, “Los temibles guerreros de las ciudades mayas”, www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/los-temibles-guerreros-de-las-ciudades-mayas_7109, (accedido el 21 de agosto del 2018).
  8. Ibid.
  9. Ibid.
  10. Ibid.
  11. Dr. Christopher Minster, “The Ancient Maya: Warfare”, https://www.thoughtco.com/the-ancient-maya-warfare-2136174, (accedido el 21 de Agosto del 2018).
  12. Ibid.
  13. David Stuart citado por el LA Times, “Brutality of Aztecs, Mayas Corroborated”, http://articles.latimes.com/2005/jan/23/news/adfg-sacrifice23, (accedido el 22 de agosto del 2018).
  14. Stuart, David (2003). “La ideología del sacrificio entre los mayas”. Arqueología mexicana. XI, 63: 24–29.
  15. Hope Kron, “Human Sacrifice Among the Maya: An Analysis of Patterns in Belize”, https://ir.lib.uwo.ca/cgi/viewcontent.cgi?article=1016&context=totem, (accedido el 22 de agosto del 2018).
  16. Se puede acceder a un análisis completo acerca del tema de sacrificio humano y canibalismo en Norteamérica en George Franklin Feldman, Cannibalism, Headhunting and Human Sacrifice in North America: A History Forgotten (Pennsylvania: Alan C. Hood & Co., Inc, 2008).
  17. La cifra de 20 millones viene de Stéphane Courtois, “Introduction: The Crimes of Communism,” from Stéphane Courtois, et. al., The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression, Jonathan Murphy and Mark Kramer, trans., (Cambridge, Harvard, 1999), 4 y Alexander N. Yakovlev, A Century of Violence in Soviet Russia, Anthony Austin, trans. (New Haven: Yale, 2002), 234. Desde luego esto son estimados. Algunos como R. J. Rummel, estiman que el número total de asesinatos de civiles en la unión soviética de 1917 a 1987 puede llegar a los 54,800,000. R. J. Rummel, “Soviet Union, Genocide In” Encyclopedia of Genocide, Israel W. Charny, ed., (Santa Barbara, CA: ABC-CLIO, 1999), vol. 2, 520. Las estimaciones varían grandemente. Por ejemplo, el número de muertes atribuidas al Gran Terror de 1937-1938 según Nicolas Wert llega a los 700,000 mientras que Robert Conquest estima que hubo 7,000,000 de arrestos y 1 millón de ejecuciones, y otros 2 millones murieron en campos de concentración. Conquest dice que había como 8 millones en los campos hacia 1938. Ver Nicolas Werth, “From Tambov to the Great Famine” in Stéphane Courtois, et. al., The Black Book of Communism, 202; y Robert Conquest, The Great Terror: A Reassessment, 40th Anniversary ed., (Oxford: Oxford, 2008), 485-486. Conquest comenta acerca de sus cifras: “El respetable A. Adamovich me ha criticado ampliamente en mesas redondas de historiadores en Literaturnaya gazeta: ‘siempre reduciendo los números de los reprimidos, simplemente el no puede entender la verdadera magnitud de las temibles cifras, habiendo sido el mismo gobierno propio el autor de los tormentos a la gente’. Es cierto que siempre describo mis cifras como conservadoras; pero hasta ahora, me he acostumbrado más a las objeciones de quienes las encuentra increíblemente exageradas” (487). Aunque hay algunos que por varias razones inflan los números en genocidios y crímenes contra la humanidad, después de estudiar el tema por muchos años, me atrevo a argumentar que la mayoría de las veces las cifras más altas son las que se apegan más a la realidad. Hay una tendencia revisionista latente que quiere minimizar los números de los genocidios debido a sus inclinaciones políticas liberales o porque quieren quitar el énfasis a la inhumanidad del hombre contra el mismo hombre.
  18. James E. Mace, “Ukrainian Genocide,” Encyclopedia of Genocide, vol. 2, 565. Roman Serbyn dice que el estimado más plausible es de seis millones de muertes. Roman Serbyn “Ukraine (Famine)” Encyclopedia of Genocide and Crimes Against Humanity, vol. 3, 1059. Aunque es difícil probar las intenciones de Stalin durante la hambruna, como afirma Serbyn, “Stalin no solo estaba bien informado de la hambruna, fue su principal arquitecto y supervisor”. Serbyn, 1059. Seis millones es también el numero de Nicolas Werth “From Tambov to the Great Famine” in Stéphane Courtois, et. al., The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression, Jonathan Murphy and Mark Kramer, trans., (Cambridge, Harvard, 1999), 167. Werth dice que es “innegable” que Stalin sufría de “Ucranofobia” (168).
  19. Ronald H. Phelps, “Hitler’s ‘Grundlegende’ Rede über den Antisemitismus,” VfZ 16, no. 4 (1968): 412 citado en Daniel Goldhagen, Hitler’s Willing Executioners (New York: Alfred A. Knopf, 1996), 424. Hitler’s 1925/1926 Mein Kampf: “Hoy día no son los amantes de los príncipes y princesas quienes regatean y negocian acerca de las fronteras del estado; es el inexorable judío quien lucha por dominio de las naciones. Ninguna nación puede quitarles la mano de cuello excepto por la espada. Solo el poderío ensamblado y concentrado de una nación puede desafiar la esclavitud internacional de la gente. Dicho proceso es y permanece uno sangriento”. Adolf Hitler, Mein Kampf (Boston: Houghton Mifflin, 1971), 651.
  20. Hitler, Mein Kampf, 679.
  21. La introducción de Konrad Haiden en Mein Kampf comienza: “Por años Mein Kampf ha sido prueba de la ceguera y complacencia del mundo. En sus páginas Hitler anunció—mucho antes de llegar al poder—un programa de sangre y terror en una auto-revelación de tan sobrecogedora franqueza que pocos de sus lectores tuvieron la valentía de creerlo. De nuevo se ha demostrado que no hay mejor método de disimulo que la publicidad abierta”. XV.
  22. Daniel Goldhagen, Hitler’s Willing Executioners (New York: Alfred A. Knopf, 1996), 167. Estas cifras no incluyen el personal de soporte para llevar a cabo los asesinatos como trabajadores de las vías férreas y alemanes que juntaban a los judíos, eslavos, serbios, checos, poloneses, franceses, ucranianos, minusválidos y otros de los alrededores. Aunque la tesis de Goldhagen de que las tendencias asesinas eran únicas de los alemanes es completamente falsa, las estadísticas que provee no están en duda (excepto por los que niegan el holocausto). Como afirma Christopher R. Browning, Goldhagen “ofrece numerosas y aterradoras descripciones de crueldad alemana hacia los judíos y simplemente declara al humilde y aterrado lector que ese comportamiento es sin precedentes. Si tan solo eso fuera el caso. Desafortunadamente los recuentos de rumanos y croatas asesinos no solo demuestra que estos colaboradores no solo igualaban sino que rutinariamente sobrepasaban a los alemanes en crueldad. Y eso es dejando de lado una miríada de posibilidades fuera del holocausto como Camboya o Ruanda”. Christopher R. Browing, Ordinary Men: Reserve Police Battalion 101 and the Final Solution in Poland (New York: Harper Perennial, 1998), 207. 
  23. Jean-Louis Margolin “China: A long March into Night” in Courtois, et. al., The Black Book of Communism, 463-464. Margolin estima que seis a diez millones murieron de inmediato con otros 20 muriendo en los campos .
  24. Citado en Li Cheng-Cheng, Cheng-Chung, The Question of Human Rights on China Mainland (Republic of China: World Anti-Communist League, China Chapter, September, 1979), 12 citado en Becker, Hungry Ghosts, 145. Becker cita muchos casos de entierros en vida.
  25. Iris Chang, The Rape of Nanking: The Forgotten Holocaust of World War II (New York, NY: Basic Books, 1998), p. 6.
  26. Chang, Rape of Nanking, 221.
  27. David Mark Mantell, “The Potential for Violence in Germany” Journal of Social Issues 27, vol. 4, 111. Mantell: Al parecer casi todo mundo está dispuesto a cometer actos de agresión hacia otros. Las diferencias que aparecen en su comportamiento tienen menos que ver con su disposición a lastimar a otros o no, sino más bien bajo qué condiciones lo harían. (110)”. Mantel provee una explicación tétrica de los experimentos donde un 85% de los participantes administraron choques eléctricos al nivel más alto: “Durante los experimentos, si el Maestro obedecía y leía las preguntas en orden y castigaba los errores con un incremento en la intensidad de los choques, empezaría a escuchar quejidos y exclamaciones de dolor entre los 75 y 150 voltios; suplicas y expresiones de confusión entre 165 y 230 voltios; protestas enérgicas y ruegos por el dolor entre 245 y 300 voltios; gritos desesperados, quejas, lloros desesperados entre 315 y 375 voltios. Entre 390 y 450 voltios solo habría silencio; el Estudiante dejaba de contestar a las preguntas ni tampoco respondía cuando se le administraban mas choques. Al maestro se le instruía a considerar un silencio de más de diez segundos como una respuesta incorrecta y administrar el choque correspondiente” (104). Mantel luego considera como “sorprendente” que “virtualmente nadie se rehusó en principio a administrar choques a las victimas… La gran mayoría de los sujetos en todas las condiciones experimentales administraron una cantidad suficiente de choques  de tal forma que al menos varias quejas y gritos de dolor se escucharon” (110). Al contrario de las conclusiones de los experimentos de Milgram que afirman que los Maestros administraron los choques como respuesta a una figura de autoridad, en 1976, los estudios de Mantell  revelan que cuando se les pregunto a los participantes que “¿Dada una responsabilidad de 100 por ciento en total, que porcentaje crees que es nuestra responsabilidad y cuanto es tu responsabilidad?” las respuestas revelan que “una visión monolítica de obediencia de estas personas que simplemente rehúyen a su responsabilidad es simplemente falsa”. D. M. Mantell and R. Panzarella, “Obedience and Responsibility,” British Journal of Social and Clinical Psychology. 1976 15:239-45 citado en in Miller, The Obedience Experiments, 225.
  28. Solzhenitsyn, 160.
  29. George M. Kren and Leon Rappoport, The Holocaust and the Crisis of Human Behavior (New York: Holmes& Meier, 1980), 126. 
  30. Rom. 3:12. Ver también Sal. 14:1-3, 53:1-3. 
  31. 1 Jn. 3:15.

Tácticas: Revisión de Libro (Versión en Español)

 Tácticas: Revisión de Libro (Versión en Español)

Por Priscila Fonseca

               La apologética está siendo utilizada por los cristianos como una de las herramientas más efectivas al entablar conversaciones o debates con inconversos. Pero la realidad es que tenemos que aprender mucho sobre cómo utilizarla de la manera no solo eficaz, sino correcta ante Dios. La verdad es que somos humanos que siguen gustando de tener la última palabra, nos gusta tener la razón…pero ¿es esto lo único que queremos ganar? ¿No debería de importarnos más la persona que el argumento?

                Greg Koukl nos ha regalado una potente herramienta con su libro “Tácticas”. De partida, la portada está embelesada con la imagen del tablero de ajedrez, así que desde ya podemos saber que será un libro por demás interesante, lleno de estrategias para salir victorioso en cada partida. No nos decepciona, pero sí nos sorprende. Koukl nos dice prácticamente que no se trata de siempre ganar la partida, sino de sembrar en el adversario algo que lo haga querer saber más sobre el partido: “Acabo de ganarle, pero me intriga cómo fue que hizo tal y tal jugada.” “Acabo de tener la última palabra en este debate sobre la existencia de Dios, pero lo que me dijo realmente me ha puesto a pensar en ciertas cosas”. Eso es lo que debemos hacer cuando entablamos conversaciones sobre Dios.

                “No es, pues, extraño que tanto creyentes como no creyentes relacionen la apologética con conflicto. Los que defienden no dialogan, luchan.” Tiene mucha razón Koukl, y para arrancar el primer capítulo no pudo haberlo hecho de mejor forma. Nos dedica línea tras línea explicando la forma correcta de utilizar la apologética, a sabiendas de que hay muchos cristianos que gustan de ser polémicos en sus conversaciones y que también hay cristianos que no son afectos a siquiera entrar en un debate. Entonces los primeros capítulos estarán enfocados en ayudar a ambos tipos de persona para modular estas emociones y poder llevar el evangelio a través de la apologética.

                Otro punto interesante del libro es que Greg nos promete que nos llevará de la mano hasta aprender a usar las tácticas para ser mejores apologistas, pocos autores pueden prometer algo y cumplir de tan sobresaliente forma. Sus tácticas tienen nombres bastante curiosos, y me parece que por eso mismo podemos memorizarlas o bien, asociarlas casi de manera inmediata, así que será bastante fácil aplicarlas en el momento del debate. Recordemos que no siempre llevaremos a la persona a Cristo en ese mismo momento, sino que la finalidad es sembrar las dudas para que esa persona siga investigando, siga cuestionando sus creencias y eventualmente poder llevar su vida a Dios.

                Este libro también nos ayuda a comprender que no siempre somos nosotros quienes llevamos la carga de tener que responder por nuestras creencias. ¿Cuántas veces se ha acercado un no creyente a cuestionarte por la existencia de Dios y entramos en colapso por estar desprevenidos? Sobretodo si es una pregunta difícil tendemos a contestar lo primero que se nos vienen a la mente, con tal de no dejar ir a la persona con una sonrisa en su rostro, triunfante y burlón. No se preocupen más mis hermanos, Greg nos ayuda con preguntas que podemos responder para arrinconar a la persona en cuestión y que sea él quien nos de las evidencias que respaldan su creencia. Así que tranquilos, aun podemos salir ilesos cuando nos toman desprevenidos.

                Ahora, esto no significa que tengamos que eludir o esquivar la pregunta, simplemente no caemos en este tipo de trampas y al mismo tiempo podemos tener el tiempo suficiente para que la emoción negativa desaparezca y podamos responder usando la razón y no las tripas, como decimos en México.

                Lo que tenemos que aprender, sobretodo, es a realizar las preguntas correctas para poner en evidencia la creencia tan relativa y poco sostenida que la persona nos ha querido lanzar como una verdad absoluta. Hay ocasiones en que nos llegan con afirmaciones que llevan la intención de hacernos parecer tontos o, ya mundialmente conocidos como retrógradas; para estas ocasiones, también hay un par de preguntas que podemos hacerles para demostrar que el ser cristiano no es sinónimo de poco inteligente.

                La segunda parte del libro se encarga precisamente de ayudarnos a poner en la mesa las fisuras, los huecos, las inconsistencias que hay en los argumentos del no creyente. Esto incluye a las personas agresivas, esas personas que llegan como dando martillazos con tal de intimidarnos. Pero, nuevamente Greg nos da sabios consejos para mantener el control de nuestras emociones y usar el razonamiento para continuar con una conversación educada o abandonarla si es necesario.

                Este sin duda es un libro que todo cristiano debe tener, no solo si ya eres alguien que gusta de la apologética, este es un libro que debes de leer especialmente si eres de los que piensan que la apologética solo sirve para crear riñas y discusiones, te aseguro que vas a prender muchísimo sobre el valor de saber dar una buena respuesta y no estar limitado al fideísmo.

                Siempre un gusto escribirles, siempre amándoles en Cristo; Pris.

Si Eres Cristiano, ¿Dios te protege a ti y a tus hijos?

Si Eres Cristiano, ¿Dios te protege a ti y a tus hijos?

Reflexión sobre sufrimiento, enfermedad, muerte y eternidad.

Hace un poco más de un año falleció un gran cristiano, escritor y defensor de la fe: Nabeel Qureshi. Para quienes no lo conocían, Nabeel era musulmán y se convirtió al cristianismo después de 3 años de conversar con quien se convertiría en su mejor amigo: David Wood, un ex convicto que encontró a Jesús en la prisión. Puedes ver la historia de David Wood en este video.

Nabeel terminó su carrera de medicina y de inmediato se apasionó por la teología y la defensa de la fe. Escribió varios libros que fueron muy bien recibidos e impactó la vida de miles de personas, entre ellas a muchísimos musulmanes. Se casó con su esposa, Michelle, tuvieron a una hermosa pequeña hija. Sus estudios de doctorado en Oxford iban viento en popa cuando el 30 de Agosto del 2016 anunció que tenía cáncer de estómago avanzado y un año después Nabeel Qureshi murió.

Poco después de su muerte, muchos cristianos expresaron que su fe estaba titubeando. Muchos estaban seguros de que Dios curaría a Nabeel. Después de todo, ¿por qué levantaría Dios a Nabeel a un lugar de prominencia como evangelista, comunicador y apologista para luego dejarlo morir?

No sólo eso; Nabeel estaría abandonando a su hija de 1 año y a su joven esposa. ¡NO ES JUSTO!, decían muchos creyentes.

¿O qué pasa con mis vecinos (esto no lo estoy inventando) que tienen an un hijo con cancer en el cerebro desde hace 5 años?

A continuación quisiera transcribir un mensaje que mi mentor, el Dr. Clay Jones publicó al respecto de la muerte de Nabeel porque hay mucho que podemos aprender:


Por Dr. Clay Jones, Publicado el 19 de Septiembre del 2017.

Aunque ha sido mi intención escribir acerca de la muchas y poderosas lecciones aprendidas a partir del deceso de Nabeel y de cómo Dios lo está usando aún después de su muerte física, me había propuesto a esperar para que los creyentes pudieran guardar un tiempo de luto. Me entristezco especialmente por la familia de Nabeel. Mi esposa y yo estamos orando por ellos. Pero ahora he visto que muchos cristianos han expresado en redes sociales que su fe se ha debilitado debido al deceso de Nabeel, así que he decidido escribir algo aquí y ahora.

Hay una enseñanza que muchos, tal vez la mayoría, cristianos occidentales no quieren escuchar.

¿Qué enseñanza?

NO. ESTÁS. A. SALVO.

Tu vida, y la vida de tus seres queridos, está en peligro extremo—peligro de muerte. Tú también, aunque tengas niños pequeños, podrías morir de cáncer. Tú también, aunque seas un fiel ministro y tengas niños, podrías morir. O tus hijos podrían morir. O tu cónyuge podría morir.

Después de todo, si Dios va a permitir que un siervo fiel y útil como Nabeel sufra esto, entonces nadie está a salvo.

Dios ha usado a Nabeel para recordarnos eso y le doy gracias a Dios por haberlo hecho.

Ahora, algunos de ustedes pueden estar pensando que el Señor nos dice que mantendrá a sus siervos a salvo. Sí, pero ¡Dios no promete que te mantendrá “físicamente” salvo! Eso no lo encontrarás ni de Cristo ni de sus Apóstoles. En su lugar, Dios te mantendrá espiritualmente a salvo. Decenas de miles de cristianos a través de las edades han sido torturados a muerte ¡precisamente por ser cristianos!

Y ese conocimiento es lo que nuestro Padre quiere que capten nuestras duras cabezas amantes de este mundo.

“No amen el mundo ni las cosas en este mundo”,

escribe Juan. ¿Por qué?

Porque “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo…pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15).

Nuestro Señor nos manda a no amar este mundo y el deceso de Nabeel nos ayuda a poner eso en perspectiva.

La Biblia no promete que Dios nos va a sanar si enfermamos pero sí promete que Él nos sanará para siempre. Nabeel hoy vive para siempre. Y si tú eres cristiano, tú también estás viviendo para siempre.

Repito, una de las muchas cosas que la muerte de Nabeel ha hecho—y esto es importante en extremo—es que como cristianos debemos aceptar que no podemos depositar nuestra confianza en el mundo presente.

Ese nunca ha sido el plan.

Este es un escrito al respecto que publiqué con anterioridad:

La Principal Razón por la que los Cristianos Dudan

 

Revisión de Libro. Cristianismo Real de William Wilberforce.

Por Priscila Fonseca

          Por primera vez me encuentro sin palabras para esta sección. Normalmente cuando termino de leer un libro que me causa impacto, las palabras fluyen como una hoja que reposa en las aguas de un lindo río. Pero algo pasó en cuanto cerré el libro de William Wilberforce que se quedaron atrapadas no en mi mente, sino en mi corazón. Así que haré mi mejor esfuerzo por encontrarles un camino que vaya directo al tuyo.

          Para aquellos poco familiarizados con Wilberforce, solamente les diré que siendo muy joven logró un puesto importante en el parlamento británico y desde ahí estuvo luchando toda su vida por la libertad de los esclavos. Dicha batalla logró alcanzar la victoria 3 días después de la muerte de Wilberforce. Muchos atribuyen ese logro a su libro “Cristianismo Real”, que fue una fuerte crítica al cristiano cultural (aquel que solo se hace llamar “cristiano” mas no ejerce su fe).

          El primer capítulo nos adentra a este mundo hipócrita del cristiano frío y el problema de su total ignorancia hacia las Escrituras: el cristianismo que él llama “cultural”. Aquí estaremos leyendo una perfecta descripción de lo que, a la fecha, seguimos viendo casi diario; personas que creen que por ser moralmente buenas, son acreedoras del cielo, personas que carecen de las verdades básicas del cristianismo, que rechazan a Dios pero proclaman ser lo suficientemente buenas como para evitar el infierno.

          La fe es un tema central en estos capítulos introductorios. Es más, me gustaría situarlos en una sala en un tribunal, donde se está juzgando a dos grupos de cristianos: los que tienen fe en Jesús y los que tienen fe en la prosperidad material. Aquí la fe de una persona puede ser reconocida en cuanto se menciona a Jesús. ¿Su conducta sigue siendo centrada en el cristianismo o de pronto se torna relativa?

          Los cristianos culturales pueden hablar de religión, pero son términos universales, no hay un compromiso con Jesús, no hay un compromiso real con la fe. Esto es lo que hizo que el libro resaltara en la época de Wilberforce como lo sigue haciendo en estos tiempos, es  una verdad que se viene arrastrando desde tiempos de Jesús y no podemos ignorarlo, debemos animar a esas personas a que sean receptores de esta transformación genuina, no solo para esperar riquezas y prosperidad, sino para esperar una vida eterna en presencia de Dios.

          Más adelante, estaremos encontrándonos con capítulos que mencionan las emociones. ¿Por qué son importantes las emociones si nuestra fe es razonable? Pues porque somos seres humanos, y sentimos. Y aunque seamos seres con raciocinio, la verdad es que más de lo que quisiéramos, somos guiados por estas emociones. Pero el gozo del cristianismo es que podemos estar conectados y alineados con Dios a través del corazón y de la mente. Solamente debemos saber controlar las emociones para no ser guiados en la dirección opuesta a Dios. Aquí Wilberforce estará hablándonos sobre la adoración y la importancia de conectarla con las emociones que son cálidas, afectuosas y sinceras al momento de alabar.

          Como dice Wilberforce: basta con leer el libro de Salmos para darnos cuenta de que David era un hombre que experimentaba gran emoción en su fe. Él conoció las alturas y también las profundidades.

          Avanzamos al capítulo tres, donde encontraremos el uso del nombre de Jesús como si fuera un amuleto, como si fuera una alhaja que nos da buena suerte. Pero debemos tener presente siempre que Él es el Señor cuyo nombre debe estar escrito en nuestro corazón, no en nuestra expectativa de riqueza. Su nombre debe darnos paz, no suerte en lo que nosotros decidamos. Su nombre es de alabanza, no de muletilla.

          Qué triste es ver que el cristianismo es cultural y no auténtico.

Para los últimos capítulos, William Wilberforce retoma el tema del pensamiento erróneo de ser “bueno”, de hacer “buenas obras” y la diferencia de estos con la fe auténtica. Pero esta vez se centra más en los problemas de malentendidos dentro de los cristianos culturales y de cómo manejan esta superficial fe. Cierra estos capítulos “problemáticos” con pequeños párrafos con soluciones ante tales problemas, los cuales titula “Siguiendo a Jesús”. ¿Qué mejor forma de resolver un problema que seguir el ejemplo del Maestro?

          Vamos finalizando la lectura y encontramos algunas claves para identificar la fe auténtica y cómo ponerla en práctica. La verdad es que siempre es bueno recordar que el camino es estrecho. Es bueno recordar que hay sacrificios que debemos hacer y que hay metas por alcanzar como cristianos, esa meta tiene un solo nombre, Nombre sobre todo nombre: Jesús, quien no solo es nuestro Señor, sino aquel a quien debemos imitar, a quien debemos seguir.

          La lectura finaliza y la exhortación es clara. ¿Viviremos culturalmente tibios o viviremos en ardiente fe genuina? Este es un libro que todo cristiano tiene que leer.

          El tribunal sigue esperando la decisión del Juez, nosotros, los acusados estamos por declarar. ¿Nos declararemos como cristianos culturales o auténticos?

         

 

¿Por qué el judaísmo se separó del cristianismo? ¿Por qué hay pocos judíos que creen en Jesús ?

PREGUNTA:
Quisiera preguntarle ¿Por qué el judaísmo se separó del cristianismo? ¿Por qué hay pocos judíos que creen en Jesús ?

RESPUESTA:

El tema de separación entre el Judaísmo y Cristianismo es fascinante. El asunto lo toco en mi curso de Historia de la Iglesia cuando vemos la estructura de la iglesia del Siglo I. Ahí analizamos algunas expresiones musicales y el orden del servicio y su eventual separación de la sinagoga:

Te sugiero ver la lección  6 en esta serie: Historia de la Iglesia

En resumen: este fue un proceso paulatino y muy distinto en las diferentes regiones donde el cristianismo ya había echado raíz. En realidad el inicio del cristianismo fue, casi en su totalidad, un fenómeno judío al punto que se le consideraba una secta del judaísmo a la par de los esenios, zelotes, fariseos y saduceos.
Por otro lado, las mismas estructuras Judías eran demasiado rígidas para permitir la libertad que el cristianismo requería por naturaleza (Santa Cena, bautismo, etc), así que lo esperado fue una separación que sucedió paulatinamente. El erudito más eminente en este tema es el Dr. Larry Hurtado, especialista en el cristianismo primitivo.

En cuanto a tu segunda pregunta (¿por qué hay tan pocos judíos que creen en Jesús?): la respuesta la da el mismo Apóstol Pablo: para un judío del siglo I era impensable que el mesías muriera crucificado. Según Deuteronomio, maldito es todo aquel que pende de un madero (Deuteronomio 21:23). Esto lo enfatiza Pablo en Gálatas 3:13.

Sin embargo, Pablo, a diferencia de los demás judíos que no se convirtieron, entendió que

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),  para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”. Gálatas 3:13

El mesías esperado por los judíos era una figura política victoriosa que los liberaría de sus opresores terrenales. Al no entender esto, muchos judíos rechazan el sacrifico de Cristo. Sin embargo, también muchos judíos han llegado a creer a lo largo de la historia. Muchos se han convencido, al igual que Pablo, que Cristo fue hecho maldición por nosotros. El justo pagó por los injustos para llevarnos a Dios (1 Pedro 3:18).