Análisis de la filosofía del “BUEN VIVIR” y el mito del “INDÍGENA MÁGICO”

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Análisis de la filosofía del “BUEN VIVIR” y el mito del “INDÍGENA MÁGICO”

por Chris Du Pond

Introducción

Los franceses tienen una frase común para referirse al “buen vivir”. Ellos le llaman “la joie de vivre”. La idea consiste en disfrutar de la vida en toda su plenitud. De este lado del atlántico, los costarricenses usan la frase “pura vida” para aludir a una idea similar. Sin embargo, estos dos conceptos son más afines al epicureísmo moderno que procura el disfrute de los placeres de la vida a toda costa. Hoy se ha difundido otra idea—un movimiento socio-cultural—que, aunque parece ser similar en la superficie, encapsula un concepto mucho más complejo. Esta idea se deriva de culturas americanas indígenas ancestrales y se denomina “El Buen Vivir” o “Sumak Kawsay”. El Buen Vivir (BV) es una propuesta que sugiere una construcción “cultural de la sobriedad y la armonía con dignidad que permita la vida y la abundancia para todos y erija la paz con base en la justicia”. Desde el punto de vista ético, postula el “vivir en armonía con el prójimo” y con “la madre naturaleza”.1

El movimiento BV no sólo es una reacción social opuesta al materialismo, la codicia y consumismo—característicos del estilo de vida occidental—sino que propone soluciones que consisten en volver a los valores y la sabiduría de los pueblos indígenas americanos. Pero, ¿es esto posible? La propuesta de este apartado, y la tesis de este escrito, postula que para que el BV sea una realidad práctica, se requiere de acceder a una cultura aún más ancestral y más oriental.

Antecedentes Culturales

Es indudable que en américa latina sufrimos una crisis de valores que ha dejado a la sociedad dividida de manera irremediable—al menos en apariencia. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres. Entre 1980 y el 2016, el 1% de la población más rica del mundo ganó el 27% de la riqueza mundial. En contraste, el 50% de la población más pobre sólo capturó el 12% de la riqueza. En nuestros países latinoamericanos, los pueblos indígenas han sufrido de forma injusta, indecible y sin duda la mayoría forma parte la población en pobreza extrema.

No es sorpresa que tantos años de sufrimiento culminen en nuevos movimientos contra-occidentales—como lo es el BV—que buscan caminos alternos hacia la prosperidad haciendo uso de la ética y costumbres del pasado cuando las cosas realmente funcionaban mucho mejor—o al menos así se cree.

Según algunos pensadores mayas, el problema de la sociedad moderna es el “antropocentrismo, racionalismo y materialismo…la acumulación y derroche de riqueza material frente a pobreza y extrema pobreza material de millones”. 2 En resumen, la forma de vida occidental es “un mal camino” y por ende “ahora nos volvemos a modelos más cercanos, más nuestros, donde la vida se realice en armonía con nuestro prójimo y con nuestro propio planeta”.3

Es difícil estar en desacuerdo con la problemática que arriba se plantea. Pero, ¿en verdad será que la solución yace en volver a modelos del pasado donde todo era armonía con el prójimo y con la tierra? Por un lado, debemos de identificar el problema de raíz (¿será el imperialismo occidental, la conquista española, la corrupción de los gobiernos, otra cosa?) y por el otro, se requiere de una solución práctica.

Antecedentes Históricos

Según Francisco Márquez, profesor de la universidad de San Carlos en Guatemala, la propuesta del BV, según los ancestros mayas, consiste en,

“armarnos de humildad y coraje para re­conocer la sabiduría de las culturas ancestrales porque en ellas están plasmados valores fundamentales que trazaron la línea de desarrollo del ser humano desde sus orígenes y formaron cualidades esencial­mente humanas como la ternura, el amor, las emociones, el afecto, la autoestima y la solidaridad”.4

¿Vivían los pueblos ancestrales—como los mayas—de forma armoniosa con el prójimo; con ternura, amor, afecto y solidaridad?

Muchos latinoamericanos tenemos arraigada la idea falsa que descendemos de pueblos indígenas ancestrales y que antes de la llegada de los “desgraciados” españoles la vida era gloriosa. Juan Miguel Zunzunegui, historiador mexicano y experto en humanidades, llama a éste fenómeno el “mega-mito del indígena mágico”.5 Según éste mito, “todo era perfecto en el mundo indígena antes de que llegaran los españoles; no había ni corrupción ni enfermedades y todo era prosperidad y felicidad”. Bajo este esquema, la llegada de los españoles truncó este pasado extraordinario y dio origen a todas nuestras tragedias”.6

Desde luego que, sin evidencia, ésta afirmación no sería más que una opinión más. Es importante ver la evidencia:

¿EL MAYA PACÍFICO?

Según la conocida revista, National Geographic, antes del siglo XX se pensaba que los mayas eran un pueblo “totalmente pacífico” dedicado principalmente a la agricultura, las matemáticas, la astronomía. Todo cambió en 1946 con el descubrimiento de los murales de Bonampak donde se mostraba una sangrienta batalla que incluye torturas y decapitaciones.7

Con el pasar de los años la evidencia arqueológica ha demostrado, sin lugar a dudas, que los mayas estaban divididos en ciudades-estado envueltos en frecuentes enfrentamientos sangrientos. Contamos con registros bélicos de Bonampak, Yaxchilán y Piedras Negras cuyo arte era enteramente militar.8

Sabemos también que cada ciudad-estado contaba con grupos de guerreros bien adiestrados (especialmente los nobles), listos para batallar. Cuando era necesario, los mayas alquilaban mercenarios mexicas para ayudarse en sus conflictos. Incluso contamos con los nombres de los rangos militares que utilizaban: nacóm era el rango más alto. El batab era el segundo al mando y los holcattes eran la élite de sus fuerzas armadas.  

“Cuando el nacóm moría en la batalla o se le capturaba, la guerra se daba por terminada y los vencedores volvían a la ciudad con sus prisioneros vivos y con las cabezas de los muertos colgadas de sus cinturones”.9

Los prisioneros vivos, por lo general, no duraban así por mucho tiempo ya que se les usaba para hacer sacrificios humanos. En uno de los relieves en Chichén Itza se muestra una de estas víctimas “recostado sobre la piedra de sacrificios para extraerle el corazón”. Por lo general a los gobernantes vencidos se les perdonaba la vida. No así a sus súbitos quienes eran esclavizados para ser luego sacrificados por decapitación, extracción de corazón, o ambos (no sin antes ser desnudados y atados en señal de humillación). National Geographic concluye que no queda duda “de que la guerra constituía una parte esencial de la sociedad maya y ésta tuvo mucho que ver con lo que se ha venido a denominar el colapso maya”.10

Si el estilo de vida maya era tan pacífico y utópico, me pregunto por qué, a diferencia de los incas y los aztecas, nunca pudieron unificarse y vivir armoniosamente en un solo estado.

El Dr. Christopher Minster, especialista en historia y literatura latinoamericana, escribe que

“poderosas ciudades como Tikal, Calakmul y Caracol con frecuencia guerreaban entre sí por recursos, poder e influencia”.11

En ocasiones, parte de los prisioneros eran sometidos al famoso “juego de pelota” donde los perdedores eran decapitados. La humillación de los perdedores en la ciudad victoriosa es un tema prevalente. Minster concluye que

“es casi seguro que la guerra tuvo algo que ver con la desaparición de la civilización maya”.12

El Dr. David Stewart, antropólogo de la Universidad de Harvard, explica que los antropólogos del fin del siglo 19 y principios del 20 trataron de hacer una fuerte distinción entre los aztecas “sanguinarios” y los mayas “pacíficos”. Incluso “intentaron decir que los sacrificios humanos eran raros entre los mayas”. Sin embargo, hoy tenemos muchas similitudes entre aztecas y mayas, incluyendo relieves de una ceremonia en la que “un sacerdote en vestiduras ceremoniales jala las entrañas de una víctima atada y aparentemente aún viva”.13

Según Stewart, los niños no quedaban exentos del deber sacrificial. En el periodo clásico, el arte maya representa sacrificios de niños por extracción del corazón. Todo esto apoyado por registros arqueológicos.14

En la revista de antropología de la universidad del Oeste de Ontario, Hope Kron Ph.D., concluye que, en la zona de Belize, los mayas practicaban el sacrificio humano de tres formas: descarnación de esqueletos, desarticulación y decapitación.15 La mutilación y perforación de genitales, lenguas y otras partes del cuerpo eran cosa común.

La humillación, la esclavitud, el sacrificio (de hombres, mujeres, niños), el derramamiento de sangre, la muerte y la guerra no eran prácticas exclusivas de los mayas, ni de los aztecas. Esto fue una práctica general en norte, centro y Sudamérica.16 La imagen que surge de los registros históricos y de la evidencia arqueológica dista mucho de ser un jardín del edén americano donde todo era amor, armonía y perfección moral. 

EL PROBLEMA CENTRAL

El propósito de inspeccionar los registros históricos de las culturas indígenas ancestrales no es, de ninguna manera, el denigrar o faltar al respeto a nuestras raíces. El propósito es el de balancear la retórica que pretende perpetuar una imagen del “conquistador español depredador” y del “indígena puro e inocente” viviendo en el paraíso, hasta que los españoles los eliminaron sistemáticamente.

La verdad es que, en el choque de la cultura europea y prehispánica, se dieron atrocidades en ambos lados. Los pueblos prehispánicos ya se estaban humillando, matando, desangrando y sacrificando unos a otros cientos de años antes de la llegada de los conquistadores. Por su parte, en ésta época, los españoles eran víctimas de la invasión islámica de la península ibérica que concluye con la reconquista y la unificación de los reinos de Castilla y Aragón. Ahora sería su turno de pasar de ser víctimas a victimarios al someter las culturas prehispánicas.

Dada la evidencia anterior, podemos concluir con toda franqueza que la filosofía del Buen Vivir está cimentada sobre el mito del indígena mágico. Su fundamento es una idea romántica que en su totalidad es incongruente con la realidad histórica. Volver a la “sabiduría ancestral” como lo propone esta ideología no hará nada para resolver el predicamento humano en nuestros países.

La filosofía del Buen Vivir está cimentada sobre el mito del indígena mágico. Su fundamento es una idea romántica que en su totalidad es incongruente con la realidad histórica. Volver a la “sabiduría ancestral” como lo propone esta ideología no hará nada para resolver el predicamento humano en nuestros países.

Más aún, el Buen Vivir propone seguir perpetuando una ideología divisiva de “ustedes contra nosotros”, de “cultura ancestral contra cultura occidental”, y de “ciencia contra naturaleza”. ¿Cuál es, entonces, la raíz del problema humano?

La muerte, la humillación, la esclavitud, y la guerra no son problemas exclusivos de los aztecas, los mayas, los incas, los españoles, ni de los europeos. Son problemas humanos. ¿Cómo lo sabemos? Por medio de la evidencia histórica.

Sabemos que el siglo XX fue el siglo más sangriento de la historia de la humanidad. En el siglo XX, el ser humano exterminó a más personas que en ¡todos los siglos anteriores puestos juntos!

El Dr. Clay Jones, de la universidad de Biola, ha pasado más de 20 años estudiando el fenómeno de la maldad humana y concluye:

Inicialmente comencé a estudiar la maldad humana para que nadie me pudiera descalificar de no entender el inmenso sufrimiento que los humanos cometen unos contra otros. No quería que nadie pudiera decir que había sacado a Dios del problema del mal de la forma fácil: haciendo que el mal parezca menos grave de lo que realmente es. Pero conforme leí un relato enfermizo de violación o tortura o asesinato tras otro, algo rarísimo sucedió: me di cuenta que la maldad ES humana.  Me di también cuenta que las maldades depravadas no eran simplemente actos de unos pocos individuos trastornados o aun de cientos o de miles, sino que fueron cometidos por las masas. Estudié continente tras continente, país tras país, tortura tras tortura, asesinato tras asesinato y fue pasmoso descubrir que nunca había tomado las Escrituras con la debida seriedad: la humanidad es desesperadamente perversa.

No necesitamos tomar la palabra del Dr. Jones como buena por sí misma. La historia, los investigadores de las grandes atrocidades y las víctimas de genocidios coinciden.

El Buen Vivir propone seguir perpetuando una ideología divisiva de “ustedes contra nosotros”, de “cultura ancestral contra cultura occidental”, y de “ciencia contra naturaleza”.

LA HISTORIA ACERCA DE LA MALDAD HUMANA

Unión Soviética

En la Unión Soviética entre 1917 y 1989, el número de personas muertas por motivos políticos o que murió en campos-prisiones o campos de concentración fluctúa entre 20 y 26 millones.17 Estos números asombrosos incluyen 6 millones de ucranianos forzados a morir de hambre por los soviéticos en 1932-1933.18

Alemania

Durante la Segunda Guerra Mundial, la máquina de genocidio nazi logró eliminar a unos 15 millones de judíos y otros indeseables. Esto es harto conocido. Lo que es menos conocido es que los Alemanes sabían que Hitler pretendía exterminar a los judíos mucho antes de llegar al poder. Consideremos que el 13 de Agosto de 1920, casi dos décadas antes del comienzo de la segunda guerra mundial y al inicio de su carrera política, Hitler hizo un discurso titulado “¿Por qué Somos Anti-Semitas?” Dijo que los judíos son “criminales” y “parásitos” que deberían ser castigados con la muerte.19 Hitler público su libro Mein Kampf (Mi Lucha) en 1925 y 1926 en el que reflexiona acerca del papel que jugaron los alemanes judíos en la primera guerra mundial: “Si al inicio de la guerra y durante la guerra doce o quince mil de estos corruptores hebreos hubieran sido puestos bajo gas venenoso”, entonces millones de “alemanes verdaderos” no habrían muerto.20 Muchos alemanes promedio, entonces, no habrían jalado el gatillo o tirado el Ziklon-B en las cámaras de gas, pero sabían que Hitler quería matar a los judíos mucho antes de que llegara al poder.21

Y no fueron unos pocos alemanes: 10,005 campos de concentración han sido identificados. Los más grandes tenían muchos campos satelitales. Por ejemplo, Dachau tenía 174 campos satelitales y Auschwitz tenía 50 campos satelitales y 7,000 guardias. Mauthausen tenía 5,700 personas administrándolo así como sus campos satelitales.22 ¿Y qué hacían estos campos satelitales? Proporcionaban cientos de miles de trabajadores-esclavos para corporativos como Daimler-Benz, BMW, Volkswagen, Krupp y I. G. Farben, quien producía el Zyklon-B usado en las cámaras de gas. La corporación Bayer era una subsidiaria de I. G. Farben y vendía el Zyklon-B de sus oficinas de ventas. Desde luego, incontables administradores, mecanógrafos, empleados de tren, policías, choferes y trabajadores de fábricas sabían—y sus familias sabían—lo que estaba sucediendo.

China

Bajo el régimen comunista se estima de forma conservadora que entre 26 y 30 millones de “contra-revolucionarios” fueron asesinados o murieron en las prisiones.23 Desde luego una estadística no captura este horror. Considere que Mao Tse Tung se jactaba en un discurso en 1958 al partido comunista diciendo:

“¿Que tenía de inusual el Emperador Shih Huang de la dinastía Chin? El solamente sepulto vivos a 460 eruditos, pero nosotros hemos sepultado vivos a 46,000 eruditos”.24

Cuando leí esto por primera vez pensé ¡Es imposible, el enterrar a tanta gente debe ser lenguaje metafórico! Pero investigando a fondo me di cuenta que el enterrar viva a la gente era un método común de ejecución.

Japón

En unas pocas semanas comenzando diciembre de 1937, la armada japonesa violó, torturó, y asesinó a más de 300,000 chinos en la cuidad de Nanking.

La violación de Nanking debe recordarse no solo por el número de asesinados sino por la cruel manera en la que enfrentaron sus muertes. Los chinos fueron usados para práctica con bayonetas y en concursos de decapitación. Se estima que 20,000—80,000 mujeres chinas fueron violadas. Muchos soldados japoneses fueron más allá de la violación a desentrañar mujeres, rebanar sus pechos, clavarlas vivas a los muros. Padres forzados a violar a sus hijas, hijos a sus madres mientras otras familias observaban. No solo fueron rutinarios los entierros vivos, castraciones, extracciones de órganos y la rosticería de gente sino que aun torturas mas diabólicas eran practicadas como colgar gente de sus lenguas con ganchos metálicos o enterrar gente hasta la cintura y luego observarlos ser despedazados por perros pastor alemán. El espectáculo era tan enfermizo y aterrador que aun los nazis en la ciudad quedaron horrorizados, uno de ellos exclamo que la masacre era obra de una “maquinaria bestial”.25

La violación de Nankin, como fue llamado el evento, fue noticia de primera plana en todo el mundo, pero la mayor parte del mundo hizo nada para detenerlo y Japón lo niega hasta nuestros días.26

Podríamos seguir leyendo ejemplos, Ad Nauseam, de la perversión humana en las páginas de la historia.

LOS SOCIÓLOGOS ACERCA DE LA MALDAD HUMANA

Al tratar de entender cómo era posible que tantos alemanes hubiesen participado en la tortura y ejecución de tantos judíos en el holocausto, entre 1960 y 1963 el psicólogo Stanley Milgram condujo un estudio en la universidad de Yale. En 1970 David Mantell duplicó el experimento en Múnich, Alemania.

¿Sus Conclusiones?

Los humanos tienen una capacidad impresionante para el mal y vienen listos para cometer genocidios. Mantel concluye:

“Pensamos que habíamos aprendido esto en los libros de historia; probablemente ahora lo hemos aprendido en el laboratorio.27

LAS VÍCTIMAS ACERCA DE LA MALDAD HUMANA

El teólogo Langdon Gilkey creía que los humanos son básicamente buenos hasta que fue hecho prisionero por los japoneses junto con otros 2,000 hombres, mujeres y niños durante la segunda guerra mundial. Como resultado de esta experiencia concluyó:

“Es interesante ver la tendencia de la gente a pensar que el ser humano es innatamente bueno y que cuando las cosas se pongan difíciles y seamos desenmascarados y vistos ‘tal como somos’ que vamos a ser amables unos con otros. Nada puede estar más lejos de la realidad.”[Langdon Gilkey, Shantung Compound: The Story of Men and Women Under Pressure (San Francisco: Harper, 1966), 92. Gilkey continua, “Lo único acerca de la existencia humana ‘en los márgenes’ no es que el carácter de la gente cambia para mal o para bien, eso no sucede. Más bien es que la importancia y el ‘voltaje emocional’ de cada problema aumenta en sobremanera. Ahora, mucho más vulnerables que antes, tenemos una mayor inclinación de estar pendientes de nuestros propios intereses, más temerosos si se les amenaza, y así, mucho más decididos a protegerlos. Una existencia marginal no mejora a la gente ni la hace mas malvada; le agrega una prima a cada acto, y al hacerlo revela el verdadero carácter que cada humano siempre ha poseído.]

Igualmente, Aleksandr Solzhenitsyn, quien sufrió ocho años en un gulag soviético, pregunta:

¿De dónde salió esta tribu de lobos [oficiales que torturan y asesinan], de entre nuestra gente? ¿En verdad viene de nuestras raíces? ¿Nuestra Sangre?

Si, es nuestra.

Y para que no vayamos por ahí ostentando orgullosamente el manto blanco del justo, que cada uno se pregunte: “¿Si mi vida hubiese tomado un rumbo distinto, no habría yo sido como tales verdugos?”

Es una terrible pregunta si uno la contesta con honestidad.28

Creo que nos debemos preguntar: ¿si mi vida hubiese sido distinta, me habría convertido en un guardia en Auschwitz, o aprobado sacrificios humanos? Si concluimos que de alguna forma somos innatamente mejores que los millones que asesinaron o condonaron el asesinato a través de la historia, entonces debemos considerar que la creencia que nacemos innatamente mejores no tiene fundamento lógico ni científico. ¿Cómo fue que nacimos innatamente superiores a los millones que han asesinado? Debemos también recordarnos que la creencia que somos innatamente superiores a los demás es siempre el padre del genocidio. Por otro lado, si admitimos que pudimos haber sido asesinos, excepto por la gracia de Dios, entonces hemos entendido la depravación de la humanidad.

Me sorprendió descubrir que cada investigador de genocidios concluye que los autores eran gente común y corriente. Considere la conclusión del historiador George Kren y el psicólogo León Rappoport:

Lo único que queda es un temible sentido de desesperación acerca de la raza humana. ¿Cómo es posible encontrarle significado afirmativo a la vida si los seres humanos pueden hacer tales cosas? Junto con la desesperación puede venir también un sentimiento de vulnerabilidad aunado al hecho de que uno mismo es humano. Si uno estudia el Holocausto lo suficiente, tarde o temprano la verdad viene a salir a flote: uno sabe, finalmente, que uno seria ya sea el victimario o la víctima. Si pudo suceder en una escala masiva en otro lugar, entonces puede suceder en cualquier lugar; todo está dentro del rango de las posibilidades humanas.29

 

EL BUEN VIVIR: UNA NUEVA PROPUESTA

Dada toda la evidencia anterior, la propuesta que postula la filosofía del “Buen Vivir” es imposible de implementar porque no toma en cuenta el problema central del ser humano: su profunda maldad. No solo falla en identificar el problema central sino que pretende implementar un remedio basado en un mito: el mito del indígena mágico.

Hasta ahora, solamente hemos identificado la enfermedad pero no hemos propuesto una solución. Comencemos preguntándonos, ¿Cuál(es) de todas las cosmovisiones a nuestro alcance identifican correctamente el problema de la maldad humana y proponen una solución para vivir mejor? La respuesta es más bien simple: la cosmovisión judeo-cristiana.

La Biblia dice que

“No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…Sepulcro abierto es su garganta…Su boca está llena de maldición…Sus pies se apresuran para derramar sangre.30

Ni uno. También afirma que la corrupción es primeramente un asunto del corazón. Por ejemplo, el apóstol Juan escribe, “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida”.31 En otras palabras, si odias, escribe Juan, eres un asesino aunque no mates físicamente a nadie. Esto es cierto porque aquellos que aborrecen pero no ejecutan su deseo se refrenan solo por razones egoístas—no realmente por sus afectos hacia los que odian. Y el refrenarte por razones egoístas no te hace bueno. Jesus dijo que aquellos que codician ya han cometido adulterio en su corazón. ¿Por qué? Porque aquellos que fantasean a tener relaciones sexuales con un vecino(a), pero no lo hacen, se refrenan por falta de oportunidad o por miedo a las consecuencias y no por exaltar a Dios o porque han decidido honrar a sus cónyuges. Tomando estos versículos seriamente, entonces, ¿Cómo es posible recorrer esta vida sin ser un(a) adultero(a) homicida?

Es por eso que la solución que propone Jesús no consiste en reformas sociales sino en una transformación que cambie la naturaleza interna corrupta humana: “les es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Esta invitación a un nuevo nacimiento es para toda la humanidad: judíos, mayas, españoles, aztecas, peruanos, mexicanos y de todas las naciones. Pero también es una invitación a la unificación de la humanidad. La Escritura dice que

“No hay Judío ni Griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús” (Gal. 3:28).

Aceptar el nuevo nacimiento da origen a una nueva vida que constituye el verdadero buen vivir: una VIDA ETERNA. Jesucristo no vino sólo a darnos una mejor vida aquí y ahora. Su invitación a una nueva vida va mucho más allá de este mundo. El ser humano está condenado a muerte, pero Jesús ofrece una vida abundante y eterna: Una restauración completa del hombre y de la naturaleza. Cuando se proponía resucitar a su amigo Lázaro, exclamó:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:25).

CONCLUSION

Yo entiendo que esto pueda sonar a propaganda religiosa sin fundamento en la realidad, pero no lo es. Las palabras de Jesús y la veracidad del cristianismo tienen una base histórica verificable: la resurrección. Si la resurrección sucedió, como hecho histórico, entonces el cristianismo es verdad y las palabras de Jesús son verdad. ¿Cómo sabemos que Jesús resucitó históricamente? Este argumento se puede acceder en otros de mis escritos en detalle sin embargo me limitaré a resumirlo:

El Dr. Gay Habermas, historiador y posiblemente el erudito número uno en el mundo acerca de la historicidad de Jesús, durante más de 30 años y mediante más de 40 libros ha argumentado que la resurrección se puede considerar un hechos histórico. Su método utiliza datos históricos de la vida de Jesús que cumplen con los siguientes dos criterios: 1) la gran mayoría de los estudiosos aceptan estos hechos como históricos y 2) están bien establecidos por el método histórico.

Estos hechos son:

  1. Jesús murió por crucifixión
  2. Los discípulos tuvieron experiencias que ellos interpretaron como apariciones de Jesús resucitado.
  3. Los discípulos sufrieron una transformación de escépticos cobardes a valientes anunciadores de su muerte y resurrección (y estuvieron dispuestos a sufrir y morir por esa creencia)
  4. La proclamación sucedió muy tempranamente en la iglesia primitiva
  5. Santiago, quien había sido un escéptico (hermano de Jesús), se convirtió en líder de la iglesia en Jerusalén (luego de ver a Jesús resucitado).
  6. Pablo también se convierte al cristianismo luego de una experiencia que él describe como una aparición de Jesús resucitado

¿Pero cómo concluye Habermas que éstos hechos apuntan hacia la resurrección de Jesús? Por eliminación: durante siglos, los escépticos han tratado de explicar estos hechos como el resultado de alucinaciones, ladrones de tumbas, teorías de desmayos y fraudes. Pero ninguna de estas explicaciones apoya los datos históricos. La única explicación viable de estos seis hechos es que Jesús realmente resucitó como los registros históricos lo afirman.

Es por eso que solamente Jesús puede proporcionarnos del verdadero Buen Vivir que todos tanto anhelamos. 

“Por qué yo vivo, ustedes también vivirán” (Juan 14:19).

 

 

  1. Francisco Márquez, “Sumak Kawsay: valores y Buen Vivir en las culturas ancestrales”, http://www.cialc.unam.mx/cuadamer/textos/ca146-99.pdf, (accedido el 21 de agosto del 2018).
  2. Faviana Cochoy et al., Cosmovisión maya: plenitud de la vida (Raxalaj Mayab´ Káslemailil), Guatemala, pnud, 2006), p. 127.
  3. Márquez, Valores y Buen Vivir. Énfasis propio.
  4. Ibid.
  5. Juan Miguel Zunzunegui, “México: País construido entre mitos”, http://seudosociofobia.blogspot.com/2013/09/mexicopais-construido-entre-mitos.html, (accedido el 21 de agosto del 2018).
  6. Ibid.
  7. Revista National Geographic España, “Los temibles guerreros de las ciudades mayas”, www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/los-temibles-guerreros-de-las-ciudades-mayas_7109, (accedido el 21 de agosto del 2018).
  8. Ibid.
  9. Ibid.
  10. Ibid.
  11. Dr. Christopher Minster, “The Ancient Maya: Warfare”, https://www.thoughtco.com/the-ancient-maya-warfare-2136174, (accedido el 21 de Agosto del 2018).
  12. Ibid.
  13. David Stuart citado por el LA Times, “Brutality of Aztecs, Mayas Corroborated”, http://articles.latimes.com/2005/jan/23/news/adfg-sacrifice23, (accedido el 22 de agosto del 2018).
  14. Stuart, David (2003). “La ideología del sacrificio entre los mayas”. Arqueología mexicana. XI, 63: 24–29.
  15. Hope Kron, “Human Sacrifice Among the Maya: An Analysis of Patterns in Belize”, https://ir.lib.uwo.ca/cgi/viewcontent.cgi?article=1016&context=totem, (accedido el 22 de agosto del 2018).
  16. Se puede acceder a un análisis completo acerca del tema de sacrificio humano y canibalismo en Norteamérica en George Franklin Feldman, Cannibalism, Headhunting and Human Sacrifice in North America: A History Forgotten (Pennsylvania: Alan C. Hood & Co., Inc, 2008).
  17. La cifra de 20 millones viene de Stéphane Courtois, “Introduction: The Crimes of Communism,” from Stéphane Courtois, et. al., The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression, Jonathan Murphy and Mark Kramer, trans., (Cambridge, Harvard, 1999), 4 y Alexander N. Yakovlev, A Century of Violence in Soviet Russia, Anthony Austin, trans. (New Haven: Yale, 2002), 234. Desde luego esto son estimados. Algunos como R. J. Rummel, estiman que el número total de asesinatos de civiles en la unión soviética de 1917 a 1987 puede llegar a los 54,800,000. R. J. Rummel, “Soviet Union, Genocide In” Encyclopedia of Genocide, Israel W. Charny, ed., (Santa Barbara, CA: ABC-CLIO, 1999), vol. 2, 520. Las estimaciones varían grandemente. Por ejemplo, el número de muertes atribuidas al Gran Terror de 1937-1938 según Nicolas Wert llega a los 700,000 mientras que Robert Conquest estima que hubo 7,000,000 de arrestos y 1 millón de ejecuciones, y otros 2 millones murieron en campos de concentración. Conquest dice que había como 8 millones en los campos hacia 1938. Ver Nicolas Werth, “From Tambov to the Great Famine” in Stéphane Courtois, et. al., The Black Book of Communism, 202; y Robert Conquest, The Great Terror: A Reassessment, 40th Anniversary ed., (Oxford: Oxford, 2008), 485-486. Conquest comenta acerca de sus cifras: “El respetable A. Adamovich me ha criticado ampliamente en mesas redondas de historiadores en Literaturnaya gazeta: ‘siempre reduciendo los números de los reprimidos, simplemente el no puede entender la verdadera magnitud de las temibles cifras, habiendo sido el mismo gobierno propio el autor de los tormentos a la gente’. Es cierto que siempre describo mis cifras como conservadoras; pero hasta ahora, me he acostumbrado más a las objeciones de quienes las encuentra increíblemente exageradas” (487). Aunque hay algunos que por varias razones inflan los números en genocidios y crímenes contra la humanidad, después de estudiar el tema por muchos años, me atrevo a argumentar que la mayoría de las veces las cifras más altas son las que se apegan más a la realidad. Hay una tendencia revisionista latente que quiere minimizar los números de los genocidios debido a sus inclinaciones políticas liberales o porque quieren quitar el énfasis a la inhumanidad del hombre contra el mismo hombre.
  18. James E. Mace, “Ukrainian Genocide,” Encyclopedia of Genocide, vol. 2, 565. Roman Serbyn dice que el estimado más plausible es de seis millones de muertes. Roman Serbyn “Ukraine (Famine)” Encyclopedia of Genocide and Crimes Against Humanity, vol. 3, 1059. Aunque es difícil probar las intenciones de Stalin durante la hambruna, como afirma Serbyn, “Stalin no solo estaba bien informado de la hambruna, fue su principal arquitecto y supervisor”. Serbyn, 1059. Seis millones es también el numero de Nicolas Werth “From Tambov to the Great Famine” in Stéphane Courtois, et. al., The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression, Jonathan Murphy and Mark Kramer, trans., (Cambridge, Harvard, 1999), 167. Werth dice que es “innegable” que Stalin sufría de “Ucranofobia” (168).
  19. Ronald H. Phelps, “Hitler’s ‘Grundlegende’ Rede über den Antisemitismus,” VfZ 16, no. 4 (1968): 412 citado en Daniel Goldhagen, Hitler’s Willing Executioners (New York: Alfred A. Knopf, 1996), 424. Hitler’s 1925/1926 Mein Kampf: “Hoy día no son los amantes de los príncipes y princesas quienes regatean y negocian acerca de las fronteras del estado; es el inexorable judío quien lucha por dominio de las naciones. Ninguna nación puede quitarles la mano de cuello excepto por la espada. Solo el poderío ensamblado y concentrado de una nación puede desafiar la esclavitud internacional de la gente. Dicho proceso es y permanece uno sangriento”. Adolf Hitler, Mein Kampf (Boston: Houghton Mifflin, 1971), 651.
  20. Hitler, Mein Kampf, 679.
  21. La introducción de Konrad Haiden en Mein Kampf comienza: “Por años Mein Kampf ha sido prueba de la ceguera y complacencia del mundo. En sus páginas Hitler anunció—mucho antes de llegar al poder—un programa de sangre y terror en una auto-revelación de tan sobrecogedora franqueza que pocos de sus lectores tuvieron la valentía de creerlo. De nuevo se ha demostrado que no hay mejor método de disimulo que la publicidad abierta”. XV.
  22. Daniel Goldhagen, Hitler’s Willing Executioners (New York: Alfred A. Knopf, 1996), 167. Estas cifras no incluyen el personal de soporte para llevar a cabo los asesinatos como trabajadores de las vías férreas y alemanes que juntaban a los judíos, eslavos, serbios, checos, poloneses, franceses, ucranianos, minusválidos y otros de los alrededores. Aunque la tesis de Goldhagen de que las tendencias asesinas eran únicas de los alemanes es completamente falsa, las estadísticas que provee no están en duda (excepto por los que niegan el holocausto). Como afirma Christopher R. Browning, Goldhagen “ofrece numerosas y aterradoras descripciones de crueldad alemana hacia los judíos y simplemente declara al humilde y aterrado lector que ese comportamiento es sin precedentes. Si tan solo eso fuera el caso. Desafortunadamente los recuentos de rumanos y croatas asesinos no solo demuestra que estos colaboradores no solo igualaban sino que rutinariamente sobrepasaban a los alemanes en crueldad. Y eso es dejando de lado una miríada de posibilidades fuera del holocausto como Camboya o Ruanda”. Christopher R. Browing, Ordinary Men: Reserve Police Battalion 101 and the Final Solution in Poland (New York: Harper Perennial, 1998), 207. 
  23. Jean-Louis Margolin “China: A long March into Night” in Courtois, et. al., The Black Book of Communism, 463-464. Margolin estima que seis a diez millones murieron de inmediato con otros 20 muriendo en los campos .
  24. Citado en Li Cheng-Cheng, Cheng-Chung, The Question of Human Rights on China Mainland (Republic of China: World Anti-Communist League, China Chapter, September, 1979), 12 citado en Becker, Hungry Ghosts, 145. Becker cita muchos casos de entierros en vida.
  25. Iris Chang, The Rape of Nanking: The Forgotten Holocaust of World War II (New York, NY: Basic Books, 1998), p. 6.
  26. Chang, Rape of Nanking, 221.
  27. David Mark Mantell, “The Potential for Violence in Germany” Journal of Social Issues 27, vol. 4, 111. Mantell: Al parecer casi todo mundo está dispuesto a cometer actos de agresión hacia otros. Las diferencias que aparecen en su comportamiento tienen menos que ver con su disposición a lastimar a otros o no, sino más bien bajo qué condiciones lo harían. (110)”. Mantel provee una explicación tétrica de los experimentos donde un 85% de los participantes administraron choques eléctricos al nivel más alto: “Durante los experimentos, si el Maestro obedecía y leía las preguntas en orden y castigaba los errores con un incremento en la intensidad de los choques, empezaría a escuchar quejidos y exclamaciones de dolor entre los 75 y 150 voltios; suplicas y expresiones de confusión entre 165 y 230 voltios; protestas enérgicas y ruegos por el dolor entre 245 y 300 voltios; gritos desesperados, quejas, lloros desesperados entre 315 y 375 voltios. Entre 390 y 450 voltios solo habría silencio; el Estudiante dejaba de contestar a las preguntas ni tampoco respondía cuando se le administraban mas choques. Al maestro se le instruía a considerar un silencio de más de diez segundos como una respuesta incorrecta y administrar el choque correspondiente” (104). Mantel luego considera como “sorprendente” que “virtualmente nadie se rehusó en principio a administrar choques a las victimas… La gran mayoría de los sujetos en todas las condiciones experimentales administraron una cantidad suficiente de choques  de tal forma que al menos varias quejas y gritos de dolor se escucharon” (110). Al contrario de las conclusiones de los experimentos de Milgram que afirman que los Maestros administraron los choques como respuesta a una figura de autoridad, en 1976, los estudios de Mantell  revelan que cuando se les pregunto a los participantes que “¿Dada una responsabilidad de 100 por ciento en total, que porcentaje crees que es nuestra responsabilidad y cuanto es tu responsabilidad?” las respuestas revelan que “una visión monolítica de obediencia de estas personas que simplemente rehúyen a su responsabilidad es simplemente falsa”. D. M. Mantell and R. Panzarella, “Obedience and Responsibility,” British Journal of Social and Clinical Psychology. 1976 15:239-45 citado en in Miller, The Obedience Experiments, 225.
  28. Solzhenitsyn, 160.
  29. George M. Kren and Leon Rappoport, The Holocaust and the Crisis of Human Behavior (New York: Holmes& Meier, 1980), 126. 
  30. Rom. 3:12. Ver también Sal. 14:1-3, 53:1-3. 
  31. 1 Jn. 3:15.

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