Confusión acerca de la Oración por Sanidad

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Confusión acerca de la Oración por Sanidad

Por el Dr. Clay Jones. Universidad de Biola
Publicado el 16 de septiembre de 2017

Parte 1: Dos Confusiones

Muchos cristianos están confundidos acerca de la oración por sanidad. Al igual que la caricatura de la “Pequeña Locomotora”, algunos afirman que los enfermos deben declarar “Creo que Dios me curará, creo que Dios me curará, creo que Dios me curará”, porque para que Dios los sane no se puede dudar que Dios va a sanarlos. Otros tratan al Señor como si fuera una cerradura de combinación cósmica que debe ajustarse con precisión para liberar la curación atesorada. En años pasados he hecho ambas cosas y ambas están bíblicamente equivocadas, son espiritualmente y emocionalmente malsanas, fundamentalmente malinterpretan quién es Dios, ya menudo resultan en ser un mal testimonio a los que no creen.

Mi Experiencia con la Oración de Sanidad

 

Pero antes de ir más lejos, permítanme contarles un poco sobre mi historia. A los 14 años de edad (me hice cristiano a los 12 años) mi familia comenzó a asistir a una iglesia carismática no confesional con más de 10,000 personas en asistencia semanal.

Esta iglesia creía en la sanación, por decir no decir más, ya menudo invitaba a los ministros de sanación más conocidos en mundo (por ejemplo, para aquellos con edad suficiente para recordar, Kathryn Kuhlman estuvo allí varias veces—ella era bastante famosa en ese entonces). Más tarde, en la escuela secundaria, fui co-líder de un grupo carismático de preparatoria que se reunía en casa de mis padres (teníamos alrededor de 65 estudiantes de secundaria que asistían todos los viernes por la noche). Teníamos reuniones de “iluminación” y orábamos constantemente por la sanación de la gente.

A finales de mi adolescencia incluso abracé y enseñé lo que se llama “enseñanza de confesión” (o confesión positiva), que equivale a decirle a alguien después de la oración por la sanidad que no deben dudar que fueron curados, sino que debe “confesar” y “declarar” su curación, incluso aunque aún tengan “síntomas” de la enfermedad. En otras palabras, si oramos para que sanes de tu gripe, y todavía tienes una temperatura de 42°C, entonces debías ignorar el síntoma. Ya habías sido curado, fiebre o no (podría hablar sobre esto en detalle, pero no es el punto de este escrito). Durante este tiempo, creí que Dios siempre, y quiero decir siempre, quería sanar a los que pedían, porque la sanación era parte del evangelio. Después de un tiempo comencé a darme cuenta de que esta perspectiva era bíblicamente falsa y no se enseña en las Escrituras. La mayoría de los cristianos comprenden que esto es falso, así que no voy a hablar más sobre ello.1

Paul Sana al Lisiado de Listra por Karel Dujardin

Justo cuando me gradué de la universidad, entré al personal pastoral de una enorme iglesia carismática que mencioné y algunos de nosotros en el liderazgo a veces bromeábamos por ser “los hombres con la unción de Dios y los nueve dones espirituales”.

Entonces, justo cuando estaba terminando mi Maestría en el “American Christian Theological Seminary” (sí, era un seminario carismático cuyas iniciales formaban la palabra ACTS (HECHOS)—afortunadamente, los apologistas John Warwick Montgomery y Walter Martin enseñaban allí), fui contratado por John Wimber pastor de una congregación de rápido crecimiento llamada Capilla del Calvario de Yorba Linda. Mientras participaba en el personal de esa iglesia se convirtió en The Vineyard, y el “buque insignia” de lo que es ahora el movimiento de “La Viña”. El éxito aparente de John Wimber de hacer milagros y prodigios le llevó a enseñar el curso popular en el Seminario Fuller, “Señales, Maravillas y Crecimiento de la Iglesia”. Dejé “La Viña” debido a algunas diferencias doctrinales (tal vez una discusión para otro momento).

Aunque ya no soy carismático, sigo creyendo que Dios puede sanar en cualquier momento en el que Él así lo desee. Desde mis días en “La Viña”, siempre he asistido a iglesias que afirman que la sanidad es algo que Dios podría hacer hoy mismo. Creo que en ocasiones Dios cura milagrosamente a los que se lo piden, pero sobre todo Él obra a través de la providencia.

Expliqué todo esto porque sin éste antecedente habría muchos que me descalificarían como alguien que “no entiende” la cuestión de la sanidad. Sé que harían esto porque eso es lo que yo pensaba de los que estaban fuera del “movimiento” de los dones espirituales: pensaba que eran cristianos “fuera de sintonía” con el movimiento carismático.

Como he dicho, la mala interpretación de la oración de sanidad ha confundido a muchos cristianos y estoy especialmente preocupado por los cristianos enfermos o incluso los cristianos en estado terminal que están confundidos acerca de esto.

 

Parte-2: Cristianos Confundidos

Como dije anteriormente, hay muchos cristianos confundidos en cuanto a la oración de sanidad, y esto ha dado lugar errores muy dañinos.

Estos cristianos van a orar por los enfermos (todo bien hasta aquí), ya veces hasta profetizarán que la persona por la que oran será sanada (tal vez bueno, normalmente no tan bueno), y luego se les dice a estos cristianos enfermos que nunca deben declarar nada más que las palabras del tipo “Sé que Dios va a sanarme” (esto es tremendamente perjudicial) .2 A menudo se les dice a las personas enfermas que decir algo menos que “Dios va a curarme” es una “confesión negativa”, una falta de fe, y entonces no sanará porque ¡no se está pidiendo con fe! ¡Y si tienes una enfermedad terminal, no deseas perder la oportunidad de ser sano por haber dudado!

Ejemplos de este tremendo error

He visto de cerca cómo a algunas personas se les ha dicho que serían curadas y que, bueno, no fueron sanados de nada. Voy a dar sólo dos ejemplos (podría dar más). El primer ejemplo somos mi esposa y yo. Hubo mucha gente que oró por mi esposa Jean E. y por mí (específicamente por nuestros problemas de fertilidad). De hecho, cinco personas diferentes incluso profetizaron que Jean E. tendría un bebé.

¿Adivinen qué? ¡Se equivocaron!

Estamos bien, por cierto, pueden leer el artículo de Jean E. sobre no haber podido tener hijos aquí.3

Otro ejemplo es el de la esposa de un pastor de Jóvenes de una iglesia a la que asistimos, madre de niños pequeños, que descubrió que su cuerpo estaba plagado de cáncer. Tristemente, algunos profetizaron que ella sería sana. Algunos cristianos—a menudo ellas también eran madres jóvenes—le aseguraron que no había manera posible de que Dios no la sanara. Estos cristianos casi exigían que ella creyera que sería curada porque, si titubeaba en lo más mínimo en su fe, entonces, de hecho, podría no ser curada. Así que no importa lo mal que su metástasis ya se extendiera, se le dijo que Dios iba a curarla.

Pero murió de cáncer y se vio obstaculizada en su capacidad para aceptar la realidad de la posibilidad de que no fuera curada.

Ananias restaura la vista a San Pablo–Pietro da Cortona, 1631

Tristemente, los cristianos que “declaran” que una persona con una enfermedad terminal será curada no podrán apoyar y consolar a la persona enferma en sus últimos días, cuando más se necesita. De hecho, después de un aborto involuntario, una joven informó a Jean E. que otros en nuestra iglesia creían que la razón por la cual Jean E. había abortado era porque no teníamos suficiente fe. ¡ah! Por supuesto, “si tienes suficiente fe, Dios te sanará” es una afirmación infalsificable porque aquellos que no han sido sanados siempre pueden proclamarse como gentes carentes de fe.

Ayudará si comprendemos al menos parte de dónde sale el deseo de “declarar que serás sano”. Lo que impulsa este comportamiento es el temor de que si un terrible sufrimiento puede asediar a otros, entonces un terrible sufrimiento me puede asediar a mí también. La forma de zafarse de esta disyuntiva es la de culpar a la víctima diciendo que no tuvo suficiente fe. Si puedes encontrar algo mal con la víctima, entonces así puedes asegurar que el cáncer que les llegó (o cualquier otro terrible sufrimiento) no te podrá llegar a ti.

Esto está bien ilustrado por una tira cómica llamada “Pearls Before Swine” por Stephan Pastis. En esta tira particular encontramos a dos de los personajes principales de la tira, Rata y Cabra conversando en sobremesa con un café. Cabra le dice a Rata que su amigo murió a los tiernos 42 años de edad. ¿La rata entonces pregunta si él estaba súper obeso? Cabra dice No. Rata entonces pregunta si él ¿era fumador empedernido o si tenía un historial familiar? Cabra dice que no a ambos. En eso, rata se agita y angustia en extremo y pregunta si Fred tenía alguna enfermedad del corazón, o si se drogaba, o si conducía imprudentemente. Cabra responde que Fred no hizo nada de esas cosas. Entonces Rata, con ojos grandes, se pone cara a cara con Cabra y derrama el café de Cabra sobre la mesa diciendo, “¡No puede ser “nada”, porque “nada” podría pasarme a mí! ¡Lo que significa que el destino es caprichoso! ¡Que yo también podría morir en cualquier momento! ¡Dame algo sobre Fred que lo hizo diferente a mí! “Cabra responde:” ¿Él coleccionaba estampillas? “Al escuchar esto, Rata se calma – sus ojos vuelven a la normalidad y vuelve a sentarse tranquilamente bebiendo su café y responde:” Pasatiempo de alto riesgo. Eso lo condenó a la ruina”.

Ustedes me entienden. Muchos cristianos desesperadamente quieren creer que cuando otros sufren severamente, o mueren de repente, que estos enfermos merecen sufrir porque hicieron algo mal (como no tener suficiente fe). Esta creencia de que algunos cristianos sufren porque la tenían merecida, consuela a los cristianos desesperados por creer que el sufrimiento severo no les afectará. En mi futuro libro, ¿cómo usa Dios el sufrimiento?, voy a señalar que el Señor necesita permitir que algunas personas, que hacen todo bien, sufran para que la gente no se sienta segura en este mundo.

Cuando a los enfermos terminales se les dice que deben confesar constantemente que Dios los sanará, esto puede obstaculizar su testimonio porque el mundo creerá que su fe gira alrededor de la medida en que Dios responda con una cura. Pero ¿y si Dios no los cura? Entonces, ¿cómo se ve su fe? Los cristianos que no son sanados después de proclamar sólo, “Creo que Dios me curará”, dañan su testimonio porque demuestran que han creído algo falso acerca de Dios. Los incrédulos pueden entonces preguntarse cuántas de sus otras creencias acerca de Dios son falsas. Afortunadamente, un conocido apologista, que falleció hace poco, proclamó que creía que el cristianismo era cierto incluso si Dios no lo sanaba, eso es esencial para ser un buen testigo, pero va en contra de lo que algunos maestros sanadores exigen.

Ahora no pretendo haber descubierto ya todo acerca de la oración por sanidad, y también me doy cuenta de que algunos cristianos sinceros no estarán de acuerdo conmigo (solía estar en desacuerdo conmigo y yo era un cristiano sincero), pero hay algunas cosas sobre las cuales necesitamos más claridad. Espero aclarar una cierta confusión adicional sobre la oración de sanidad en el siguiente segmento.

Parte-3: Dios es Nuestro Padre

La oración de sanidad debe entenderse en el contexto de Dios nuestro Padre. Considere que el Señor inventó la relación padre/hijo y nos dice que tenemos esa relación con Él. Pero si Dios es nuestro Padre amoroso, no hay nada que podamos hacer para ganarnos [su amor]. No necesitamos seguir diciendo que Dios nos va a sanar o de lo contrario no nos curará. Y no hay ninguna combinación mágica o correcta de palabras para lograr que Él haga lo que deseamos. Sólo necesitamos pedir humildemente lo que queremos de él. Jesús nos enseñó a orar a “nuestro Padre”. Él nos ama. Así podemos pedir a nuestro Padre que nos ama por sanidad y …

Él nos dará lo que pedimos,

 

o

 

No nos dará lo que pedimos.

 

Y así es como un amoroso padre terrenal funciona, ¿cierto? A veces un amoroso padre terrenal concede nuestra petición, a veces no. Si un padre terrenal amoroso concede nuestra petición depende de si él piensa que nuestra petición es buena para nosotros. Pero, tú podrías pensar, la Escritura dice que si pides creyendo que obtendrás tu petición, y entonces la recibirás realmente (Mateo 21:22).

 

Cierto.

 

Pero, cuando se trata de orar por cualquier cosa, para que creamos que nuestro Padre nos va a dar lo que pedimos se requiere primero que creamos que es Su voluntad el darnos lo que pedimos.

 

Esto sucede de dos maneras.

 

Una manera de saber que el Padre quiere darnos lo que pedimos es porque la Escritura revela que Él quiere darnos ciertas cosas. Hay muchas cosas en esta categoría. Así que si oramos por amor, gozo, paz, paciencia, y así sucesivamente—bueno, ¿adivina qué? Ya sabemos que nuestro Padre quiere darnos estas cosas para que podamos orar con fe, ¡sabiendo que Dios quiere que las tengamos!

La Última Oración de los Mártires Cristianos por Jean-Léon Gerome

Pero, contrariamente a las enseñanzas de algunos cristianos, si tomamos todas las Escrituras en conjunto, encontraríamos que nuestro Padre no promete que siempre seremos curados. Ahora sé que algunos argumentarán que nuestro Padre siempre quiere que seamos curados, pero la Escritura simplemente no enseña eso. Después de todo, ni siquiera los apóstoles sanaron a todos. Por ejemplo, Pablo escribió: “Dejé a Trófimo enfermo en Mileto” (2 Timoteo 4:20). Pablo le dijo a Timoteo: “Deja de beber solo agua, y usa un poco de vino por tu estómago y tus frecuentes enfermedades” (1 Timoteo 5:23).

Pablo dijo a los filipenses que envió a “Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de lucha, quien también es su mensajero y servidor (ministro) para mis necesidades. Porque él los extrañaba a todos, y estaba angustiado porque ustedes habían oído que se había enfermado. Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir. Pero Dios tuvo misericordia de él, y no sólo de él, sino también de mí, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza” (Filipenses 2: 25-27). Obviamente Epafrodito estuvo muy enfermo durante algún tiempo y notemos que Pablo no dijo algo como “oré por él y Dios lo sanó”. También Pablo escribe que Dios “tuvo misericordia” de él para evitar que se entristeciera demasiado. Pablo no esperaba que volviera a estar bien automáticamente. Y parece que se recuperó por su cuenta; no hay mención de curación en el texto. Ahora sé que aquellos que se aferran a creer que Dios siempre quiere sanar tendrán una respuesta para cada uno de estos acontecimientos – ¡yo así lo hice! Pero si escuchan atentamente sus respuestas, parecerán más contorsión que exposición. Me gustaría seguir, pero entonces esto sería más como un libro y no un blog.

Por cierto, los que piensan que Dios quiere curar a todos los cristianos todo el tiempo tienen que explicar por qué la abrumadora mayoría de todos los cristianos que han vivido alguna vez han muerto a causa de enfermedades. Si Dios siempre quiere sanar, entonces la razón por la que estos millones de cristianos no fueron sanados tendría que ser debido a una de dos cosas. Una de las razones que los defensores del “Dios-siempre-quiere-sanar” dan es que la abrumadora mayoría de los cristianos murió de enfermedad a través de los siglos porque no tenían suficiente fe. Ellos habrían vivido si no hubieran titubeado en su fe. “Sé que me curarás, Dios, si yo nunca declaro algo distinto a ‘Sé que me curarás, Dios’”. Pero,  ¿es así como un amoroso padre terrenal opera? ¡Por supuesto no! Si un padre terrenal amoroso considera que la petición de un niño va conforme a sus mejores intereses, el amoroso padre terrenal concederá la petición. Pero si un padre terrenal amoroso no cree que la petición del niño va conforme a los mejores intereses de ese niño, entonces el amoroso padre terrenal dirá “No”, incluso si su hijo o hija sigue con la cantaleta: “¡Creo que me lo vas a dar!” Si eso sucediera pensarías que hay algo extraño con el comportamiento de tu hijo o que es un simple capricho.

La otra razón que dan es que millones y millones de cristianos sinceros no fueron sanados porque no se acercaron a Dios exactamente por el camino correcto, esto es a lo que llamo el “dios ábrete-sésamo”; el dios de la “caja fuerte”. Un artículo en línea decía que se puede “liberar el poder curativo de Dios…. por medio de hablar la Palabra de Dios a la enfermedad”. Nótese con cuidado en el versículo siguiente [se refiere al verso acerca de lanzar una montaña al mar] que el creyente debe explicar claramente su necesidad. Esta palabra se debe hablar con toda confianza. ¡He aquí una herramienta que puedes seguir usando hasta que la enfermedad se vaya!” 4 Una vez más, ¿es esta la manera en que un Padre amoroso opera?

Ahora, como mencioné antes, todavía creo que a veces nuestro Padre elige sanar milagrosamente hoy, pero no puede ser coaccionado. Él no requiere que le pidas precisamente de la manera “correcta” usando una fórmula: Él es nuestro Padre. Si le pides cariñosamente, entonces Él te dará lo que pides… o no. Recuerda que ni siquiera Jesús recibió una de sus oraciones pedidas al Padre. Cuando estaba a punto de ser crucificado, en el jardín de Getsemaní, oró: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mateo 26:39). Pero Jesús tuvo que beber de esa copa: era la voluntad de su Padre.

Ahora, a veces, nuestro Padre podría comunicar a cierta persona que será curada, y si nuestro Padre hace eso, entonces tal persona puede pedir con confianza y será sana.

En 1980, iba caminando a clase con un compañero seminarista que me dijo de improviso: “Creo que has retrocedido.” ¡Me tomó por sorpresa! ¡¿Qué?! Inmediatamente le pregunté: “¿Por qué dices eso?” Él respondió: “Porque si te enfermas, ya no crees que Dios te sanará”. Pero yo respondí: “¡Creeré en Dios aunque no me cure!“ Y francamente, me sentí bien al responder eso. Todavía se siente bien. Incluso entonces pensé, puedo creer que Dios puede curarme, pero también creo que si Él no me cura, entonces Él sabe qué es lo mejor. Creeré en Dios incluso si tengo una enfermedad terminal y Él decide no sanarme. Mi fe no depende de mi buena salud o de mi mala salud.

Podemos aprender de Sadrac, Mesac y Abednego. En Daniel 3 leemos que Nabucodonosor amenazó con arrojarlos a un horno ardiente a menos que lo adoraran. Ellos respondieron: “Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente. Y de su mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, ha de saber, oh rey, que no serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado.” ¡Eso es fe! Dios puede librarnos, oh rey, pero aún si Dios no nos libra, no adoraremos tu imagen.

 

En el 2004, cuando descubrí que tenía cáncer de hueso, le pedí a nuestro amoroso Padre que me sanara, pero al mismo tiempo sabía que nuestro amoroso Padre podría decidir no curarme. Pero, pase lo que pase, le hice saber al Padre, y les hice saber a todos los demás que, pase lo que pase, yo honraría a Dios. Bueno, después de una cirugía de seis horas y media, en la que perdí parte de mi columna vertebral al cáncer, puedo reportar que estoy bien. Eso fue en enero del 2004 y he estado buena salud desde entonces.

Así que por favor, si conoces a alguien que está enfermo, especialmente algún enfermo terminal, no les digas que sabes que Dios los quiere sanar porque, francamente, ¡no lo sabes! Y si estás muy enfermo, es bueno pedir a la gente que ore por ti, y es bueno pedirle a Dios que te cure. ¡Yo lo haría! ¡Yo lo he hecho! Pero no es falta de fe si dices: “No sé si nuestro Padre me sanará o no, pero quiero que todos sepan que voy a honrar al Señor, pase lo que pase”. De hecho, ¡¡eso es fe!!

Cuando haces eso, justificas el juicio de Satanás, sus ángeles y todos los que se niegan a creer. Hablo de esto extensamente en mi libro en el último capítulo, “¿Cómo se relaciona el sufrimiento con nuestra ocupación eterna?”. Doy el enlace a mi libro a continuación.

 

 

 

 

  1. Cuando tenía 19 años, le decía a la gente que debía ignorar los síntomas, y simplemente “declarar” su sanidad. Dejé de hacer esto cuando otro cristiano me preguntó: “¿En qué lugar de la Biblia Jesús sanó de esa manera?” En ese momento terminé con el movimiento de confesión porque ¡Jesús nunca sanó así! La forma en que alguien sabía que había sanado era porque cuando Jesús o los apóstoles sanaban, los “síntomas” ¡desaparecían!
  2. Esto no es lo mismo que la enseñanza de la confesión o declaración positiva. Aquí la persona reconoce que todavía está enferma, pero está declarando que Dios va a sanarla.
  3. Aunque nos llevó algunos años, estamos muy bien con el plan del Padre de no dejarnos tener hijos. Realmente lo estamos. Nuestro amoroso Padre había decidido que no era su voluntad para nosotros el tener hijos. Puedes leer la historia de Jean E. sobre esto. No sólo nuestras vidas no se ven obstaculizadas por no tener hijos, lo vemos como un regalo para nosotros. No tener hijos nos ha permitido hacer otras cosas.
  4. No voy a proporcionar la liga porque no quiero apenar a nadie

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