EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 6. El Apóstol Pablo

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 6. El Apóstol Pablo


Al momento en que escribo esta reseña del destino del Apóstol Pablo, estoy también enseñando una serie acerca de su vida y enseñanzas. Es por esto que no voy a profundizar demasiado sino dirigir a mis amables lectores a este estudio.

Por otra parte, quisiera hacer énfasis en la importancia de la vida de Pablo. Foakes-Jackson, creo que nos proporciona un buen resumen acerca de este punto:

“Al llegar Pablo, la Iglesia era una pequeña comunidad judía con crudos conceptos mesiánicos; al morir Pablo, la Iglesia era una organización mundial en la que no había ni Judío ni Gentil”. 1

Pablo fue el evangelista más efectivo hacia los no-judíos en la historia del cristianismo primitivo. Aquí la pregunta a saldar es, ¿Murió Pablo como mártir en Roma?

Veamos la síntesis del Dr. McDowell derivada de su libro, The Fate of the Aposteles:

La perspectiva general es que Pablo murió, al igual que Pedro, en Roma bajo el reinado de Nerón. Sin embargo, algunos estudiosos están en desacuerdo con esta perspectiva, como por ejemplo A. N. Wilson:

“Ciertamente no hay evidencia contundente de que Pablo haya muerto como Mártir”.

Wilson más bien cree que Pablo murió en España mientras hacía sus labores misioneras. Sin embargo, otros estudiosos como John McRay afirman que

“hay muy poca duda de que Pablo murió durante el reinado de Nerón en el año 67 o 68 AD”.

Para desempatar estas ideas competentes, estos son algunos de los datos analizados.

PABLO EN ROMA

Filipenses

Filipenses es una de las epístolas—llamadas auténticas—de Pablo; es decir, ni siquiera los eruditos escépticos niegan que fue escrita por él. Esta carta nos da evidencia interna de que fue escrita en Roma sin embargo no todos los estudios están de acuerdo y por eso sólo la tomaremos como un dato de apoyo en un grupo mayor de cuerpo de evidencia.

Segunda de Timoteo

Esta epístola contiene evidencia más directa porque en ella Pablo menciona su prisión en Roma directamente (II Timoteo 1:16-17; 2:9). Aquí la dificultad yace en la cronología de cuándo Pablo escribe esta carta. Pero esto se puede resolver si Pablo es liberado de su primer periodo de prisión en Roma (Hechos 28; Filipenses 1:18-19; 24-26: 2:24) y posteriormente encara un periodo de prisión más severo en Roma, de donde espera su muerte inminente (II Tim. 1:16-17; 2:19; 4:6-8, 16-18).

Algunos estudiosos objetan que II de Timoteo es pesudoepigráfico (no escrito por Pablo) y que por eso la referencia es dudosa. Pero aunque la epístola no haya venido de Pablo directamente (para términos de historicidad) entonces de cualquier forma debió proceder de un grupo íntimamente conectado con el apóstol Pablo. Esto nos proporciona una liga histórica directa entre Pablo y su estancia en Roma.

Hechos

Hechos posiblemente proporciona la evidencia más sólida de la estancia de Pablo en Roma en dónde Pablo dice:

“he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos” (Hechos 28:17b).

El clímax del libro es la llegada de Pablo a predicar en Roma (Hechos 28:31). La mayoría de los estudios fechan el libro de Hechos hacia el 70-85 y unos pocos lo ponen hacia los 90s A.D. Aunque tomemos ésta última fecha, Hechos aún estaría en el rango de tiempo en el que la memoria de los testigos presenciales estaría latente y habrían podido desacreditar la estancia Paulina en Roma si hubiese sido una falsedad.

Evidencia Extra-Bíblica

Algunas fuentes adicionales de la estancia de Pablo en Roma incluyen: 1 de Clemente 6:1, Ignacio (Carta a los Romanos 4:1-3), Tertuliano (Scorpiace 15:4-6), Los Hechos de Pablo.

El viaje de Pablo a Roma se establece firmemente sobre la evidencia bíblica y extra-bíblica presentada así como en la tradición unánime de los Padres Apostólicos. Además, históricamente carecemos de teorías o documentos históricos alternos que contradigan esta perspectiva.

EL MARTIRIO DE PABLO

Aunque Pablo sufrió indeciblemente y anticipó su propia muerte (ver II Cor. 5:1-10), el Nuevo Testamento  no nos dice directamente cómo murió Pablo. Sin embargo hay fuertes presagios de su martirio en algunos pasajes como lo son II Timoteo 4:6-8, Filipenses 1:20-24; 2:17, 23, Hechos 19:13,21; 21:28.

De todos estos, el más claro es II Timoteo 4:6-8:

“Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.

Otras fuentes del martirio de Pablo incluyen 1 Clemente 5:5-7, Ignacio (Epístola a los Efesios 12:2), Policarpo (Epístola a los Filipenses 9:1-2), Dionisio de Corinto, Ireneo (Contra Herejías 3.1.1), Hechos de Pablo.

¿MURIÓ PABLO DECAPITADO?

La tradición unánime es que Pablo murió decapitado. Sin embargo, no es necesario que Pablo haya muerto decapitado para ser considerado mártir. Pero, ya que este dato aparece en las tradiciones de su muerte, es importante investigar su origen histórico.

El primer escrito que menciona la decapitación de Pablo es el libro de los Hechos de Pablo, específicamente la sección llamada Martirio de Pablo. En este escrito, Nerón decreta que todos los cristianos han de morir. Ordena que todos los prisioneros sean quemados, pero ordena que Pablo sea decapitado para respetar la ley Romana. Éste tipo de ejecución es consistente con las leyes y usos romanos en el siglo primero. Otra fuente temprana que afirma que Pablo murió decapitado es Tertuliano en Scorpiace 15:5-6.

CONCLUSIÓNES

Según el detallado análisis—que aquí nos hemos limitado a sintetizar—McDowell concluye lo siguiente de acuerdo a esta escala:

 

  1. Pablo estuvo en Roma—Hecho Histórico con Certeza casi Absoluta (9-10).
  2. Martirio de Pablo— Hecho Histórico con Certeza casi Absoluta (9-10).
  3. Martirio durante el reinado de Nerón—Hecho histórico con Alta Certeza (8).
  4. Muerte por decapitación—Muy Probable (7).

 

 

  1. F. J. Jackson, The Life of Saint Paul, (Boni and Liverlight, Inc. 1926), 15. Mi traducción.