EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 7. El Apóstol Santiago

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 7. El Apóstol Santiago


Santiago, el hermano de Jesús es, lamentablemente, una persona casi olvidada en el pasado—esto incluye, tristemente, a cristianos también. Parecería que el Nuevo Testamento les da más importancia a otros personajes e incluso a mujeres como María.

Parte de la confusión tiene que ver con su nombre, ya que en ocasiones se le llama Santiago y en otras, Jacobo. Este escrito se refiere aquí a Santiago (Jacobo), el mayor de los hermanos de Jesús. Sabemos que era el hermano mayor porque se le menciona primero en la lista de hermanos de Jesús (Marcos 6:3), hecho confirmado aún más por un documento de principios del siglo segundo llamado El Evangelio a los Hebreos, preservado por Jerónimo, en donde a Santiago se le menciona como “mi hermano”. Ya que Pablo se refiere a las esposas de los hermanos de Jesús, es muy probable que Santiago fuese casado (1 Cor. 9:5).

Sabemos también que era una Apóstol 1 ya que Pablo lo menciona y lo conoció en persona:

“Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo (Santiago), el hermano del Señor” (Gal. 1:19, NBLH).

Aunque en la Escritura nunca se le llama “el Justo”, consistentemente se le llama así en la tradición cristiana, es decir, como alguien extremadamente piadoso. Éste título se puede ver en el Evangelio de Tomás 12, en el Evangelio a los Hebreos y otras tradiciones menos antiguas.

Aunque estos escritos son apócrifos y frecuentemente contienen información no histórica, también contienen algunas pepitas de oro histórico que se pueden filtrar con el método historiográfico. Es así que podemos concluir que el término de “el Justo” es posiblemente histórico.

Santiago también es mencionado en la lista a los que aparece Jesús resucitado (1 Cor. 15:7), es uno de los “pilares” o “columnas” en el liderazgo de la iglesia en Jerusalén (Gal. 2:9) y preside en el concilio en Jerusalén relatado en Hechos 15 indicando su prominencia entre los hermanos y apóstoles. No hay duda entre los eruditos de que Santiago fue líder en la iglesia en Jerusalén. Lo único en tela de juicio es cuándo llego a ser preeminente en este papel.

La mayoría de los teólogos y estudiosos coinciden en que los hermanos de Jesús (incluyendo a Santiago) no creían en Jesús en su ministerio terrenal antes de la resurrección (ver Marcos 3:20-35, 6:2-4; Juan 7:3-5; 19:25-27) aunque esto no es unánime. Eminentemente, Richard Bauckham afirma que es más probable que Santiago ya hubiese sido parte del círculo íntimo de Jesús antes de su crucifixión.

Sin embargo, Juan 7:5 parece ser concluyente en que los hermanos de Jesús eran escépticos:

“Porque ni aun Sus hermanos creían en El”.

Es posible concluir, como hecho histórico, que, en algún momento de su vida, Santiago cambió de parecer en cuanto a la identidad y rol de su hermano Jesús, siendo primero escéptico y posteriormente convirtiéndose en apóstol y líder en la iglesia en Jerusalén. Esto es notable y es usado por el Dr. Gary Habermas como uno de los hechos mínimos a favor de la resurrección de Jesús.

EL MARTIRIO DE SANTIAGO

Evidencia Bíblica

No contamos con escritos dentro del Nuevo Testamento que mencionen la muerte de Santiago directamente aunque la misma Carta de Santiago se ha postulado ocasionalmente como argumento a favor de su martirio:

“Han condenado y dado muerte al justo. Él no les hace resistencia” (Santiago 5:6).

Según algunos estudiosos como Painter, esto es una referencia auto-biográfica de su muerte. Painter considera que la epístola es pseudoepigráfica y escrita después de la muerte de Santiago. Sin embargo, otros han argumentado que el contexto inmediato de este pasaje no se presta necesariamente a tal interpretación. Por lo tanto, es necesario analizar evidencia externa del martirio de Santiago.

Evidencia Externa

FLAVIO JOSEFO

El historiador Flavio Josefo nos proporciona el recuento más antiguo de la muerte de Santiago en su obra, Antigüedades de Los Judíos 20.197-203 en un pasaje generalmente sin controversia:

“Informado el César de la muerte de Festo, envió a Albino como procurador de Judea. El rey privó del pontificado a José, y lo concedió a Anán, hijo de Anán. Según se dice, Anán el mayor fué un hombre de muchísima suerte; tuvo cinco hijos, y dió la casualidad de que los cinco obtuvieran el pontificado, siendo el primero que por mucho tiempo disfrutó de esta dignidad. Tal caso no se dió anteriormente con ningún otro pontífice. El joven Anán que, como dijimos, recibió el pontificado, era hombre de carácter severo y notable valor. Pertenecía a la secta de los saduceos que comparados con los demás judíos son inflexibles en sus puntos de vista, como antes indicamos. Siendo Anán de este carácter, aprovechándose de la oportunidad, pues Festo había fallecido y Albino todavía estaba en camino, reunió el sanedrín. Llamó a juicio al hermano de Jesús que se llamó Cristo; su nombre era Jacobo, y con él hizo comparecer a varios otros. Los acusó de ser infractores a la ley y los condenó a ser apedreados 1. Pero los habitantes de la ciudad, más moderados y afectos a la ley, se indignaron. A escondidas enviaron mensajeros al rey, pidiéndole que por carta exhortara a Anán a que, en adelante, no hiciera tales cosas, pues lo realizado no estaba bien. Algunos de ellos fueron a encontrar a Albino, que venía de Alejandría; le pidieron que no permitiera que Anán, sin su consentimiento, convocara al sanedrín. Albino, convencido, envió una carta a Anán, en la cual lleno de indignación le anunciaba que tomaría venganza con él. Luego el rey Agripa, habiéndole quitado el pontificado, que ejerció durante tres meses, puso en su lugar a Jesús hijo de Damneo.”

Eusebio también recuenta este suceso de forma similar a Josefo.2 Estas dos fuentes constituyen un fundamento histórico  a favor de la existencia de Santiago, indicando que fue un cristiano bien conocido e influyente en Jerusalén y establecen su muerte a manos de líderes religiosos. El mismo Josefo había sido fariseo seis años antes y estaría en buena posición de saber los detalles alrededor de estos eventos.

Otro recuento similar nos viene por medio de Hegesipo (mediados a finales del siglo II) en su libro 5 de la obra llamada Hypomnemata. Este recuento es significativamente distinto al de Josefo. En Josefo, Santiago es un personaje secundario. En Hegesipo el punto focal es la piedad de Santiago y su martirio. Hegesipo también agrega que Santiago fue lanzado desde la altura del templo y golpeado a muerte mientras que Josefo afirma que fue apedreado. Los estudiosos difieren considerablemente en cuanto a la confiabilidad del texto de Hegesipo lo que nos debe dar pauta a favor de la cautela en aceptar todo lo que escribe. En cuanto a esto, F. F. Bruce afirma:

Si se eliminan los elementos no históricos de este pasaje, se puede concluir que el sumo sacerdote y sus colegas alarmados por el crecimiento del mesianismo militante, que amenazaba de enredar a la nación con los poderes romanos, exigieron que Santiago fuera disuadido de su afirmación de que Jesús de Nazareth era el Mesías. Éste se niega con la consecuencia de ser condenado a muerte.3

De manera similar, Clemente de Alejandría menciona la muerte de Santiago. Aunque éste no menciona su muerte por lapidación, sí menciona que fue lanzado de un pináculo, lo cual es uno de los pasos en la lapidación judía. Sin embargo, el recuento de Clemente es demasiado similar y es muy probable que la fuente original de Clemente sea el mismo Hegesipo, haciendo de Clemente, posiblemente, una fuente no independiente.

Otros escritos que mencionan la muerte de Santiago incluyen El Primer Apocalipsis de Santiago (texto gnóstico del siglo tercero), El Segundo Apocalipsis de Santiago (otro texto gnóstico anterior al año 400 d.C. de fecha dudosa), las obras pseudoepigráficas llamadas Pseudoclementinas (dos novelas—Reconocimientos y Homilias—dirigidas a Santiago el Justo) escitas entre el siglo tercero y cuarto.

Aunque los recuentos difieren en los detalles, persiste un núcleo histórico claro: tres de las narrativas de martirio sitúan a Santiago en el templo, un gran número de espectadores, la defensa de Santiago de las enseñanzas de Jesús que ultimadamente son rechazadas por las autoridades judías quienes deciden matarlo, y su caída. Las Pseudoclementinas añaden el detalle de que Santiago sufrió persecución por proclamar el mensaje de Jesús.

CONCLUSIÓNES

Dada la evidencia histórica, la referencia de Josefo así como otras fuentes cristianas y gnósticas, no hay mayor duda de que Santiago murió ejecutado en el 62 d.C. Más aún, es posible argumentar exitosamente que el cargo contra Santiago fue el de blasfemia (similar a las razones por las que Jesús fue ejecutado). Esto sería consistente con Josefo (ejecutado por violar la ley) y con las demás fuentes.4

Según el detallado análisis—que aquí nos hemos limitado a sintetizar—McDowell concluye lo siguiente con respecto a Santiago de acuerdo a esta escala:

  1. Santiago murió por lapidación—Hecho Histórico con Certeza casi Absoluta (9-10).
  2. Santiago murió como mártir cristiano— Hecho histórico con Alta Certeza (8).
  3. Santiago fue lanzado de una alta estructura en el templo—Muy Probable (7).
  1. En otro apartado ya he hablado de los apóstoles modernos y de los requisitos del apostolado. Aparte de los 12, Santiago y Pablo fueron apóstoles porque cumplían con tales requisitos. Ver http://veritasfidei.org/1536/
  2. Eusebio, Historia Eclesiástica, 2.23.21-24
  3. F.F. Bruce, Peter, James and John: Studies in Non-Pauline Christianity (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1979), 116. Mi Traducción.
  4. Para mayores detalles ver McDowell, Martirio, 130-131.