Revisión de Libro. Cristianismo Real de William Wilberforce.

Por Priscila Fonseca

          Por primera vez me encuentro sin palabras para esta sección. Normalmente cuando termino de leer un libro que me causa impacto, las palabras fluyen como una hoja que reposa en las aguas de un lindo río. Pero algo pasó en cuanto cerré el libro de William Wilberforce que se quedaron atrapadas no en mi mente, sino en mi corazón. Así que haré mi mejor esfuerzo por encontrarles un camino que vaya directo al tuyo.

          Para aquellos poco familiarizados con Wilberforce, solamente les diré que siendo muy joven logró un puesto importante en el parlamento británico y desde ahí estuvo luchando toda su vida por la libertad de los esclavos. Dicha batalla logró alcanzar la victoria 3 días después de la muerte de Wilberforce. Muchos atribuyen ese logro a su libro “Cristianismo Real”, que fue una fuerte crítica al cristiano cultural (aquel que solo se hace llamar “cristiano” mas no ejerce su fe).

          El primer capítulo nos adentra a este mundo hipócrita del cristiano frío y el problema de su total ignorancia hacia las Escrituras: el cristianismo que él llama “cultural”. Aquí estaremos leyendo una perfecta descripción de lo que, a la fecha, seguimos viendo casi diario; personas que creen que por ser moralmente buenas, son acreedoras del cielo, personas que carecen de las verdades básicas del cristianismo, que rechazan a Dios pero proclaman ser lo suficientemente buenas como para evitar el infierno.

          La fe es un tema central en estos capítulos introductorios. Es más, me gustaría situarlos en una sala en un tribunal, donde se está juzgando a dos grupos de cristianos: los que tienen fe en Jesús y los que tienen fe en la prosperidad material. Aquí la fe de una persona puede ser reconocida en cuanto se menciona a Jesús. ¿Su conducta sigue siendo centrada en el cristianismo o de pronto se torna relativa?

          Los cristianos culturales pueden hablar de religión, pero son términos universales, no hay un compromiso con Jesús, no hay un compromiso real con la fe. Esto es lo que hizo que el libro resaltara en la época de Wilberforce como lo sigue haciendo en estos tiempos, es  una verdad que se viene arrastrando desde tiempos de Jesús y no podemos ignorarlo, debemos animar a esas personas a que sean receptores de esta transformación genuina, no solo para esperar riquezas y prosperidad, sino para esperar una vida eterna en presencia de Dios.

          Más adelante, estaremos encontrándonos con capítulos que mencionan las emociones. ¿Por qué son importantes las emociones si nuestra fe es razonable? Pues porque somos seres humanos, y sentimos. Y aunque seamos seres con raciocinio, la verdad es que más de lo que quisiéramos, somos guiados por estas emociones. Pero el gozo del cristianismo es que podemos estar conectados y alineados con Dios a través del corazón y de la mente. Solamente debemos saber controlar las emociones para no ser guiados en la dirección opuesta a Dios. Aquí Wilberforce estará hablándonos sobre la adoración y la importancia de conectarla con las emociones que son cálidas, afectuosas y sinceras al momento de alabar.

          Como dice Wilberforce: basta con leer el libro de Salmos para darnos cuenta de que David era un hombre que experimentaba gran emoción en su fe. Él conoció las alturas y también las profundidades.

          Avanzamos al capítulo tres, donde encontraremos el uso del nombre de Jesús como si fuera un amuleto, como si fuera una alhaja que nos da buena suerte. Pero debemos tener presente siempre que Él es el Señor cuyo nombre debe estar escrito en nuestro corazón, no en nuestra expectativa de riqueza. Su nombre debe darnos paz, no suerte en lo que nosotros decidamos. Su nombre es de alabanza, no de muletilla.

          Qué triste es ver que el cristianismo es cultural y no auténtico.

Para los últimos capítulos, William Wilberforce retoma el tema del pensamiento erróneo de ser “bueno”, de hacer “buenas obras” y la diferencia de estos con la fe auténtica. Pero esta vez se centra más en los problemas de malentendidos dentro de los cristianos culturales y de cómo manejan esta superficial fe. Cierra estos capítulos “problemáticos” con pequeños párrafos con soluciones ante tales problemas, los cuales titula “Siguiendo a Jesús”. ¿Qué mejor forma de resolver un problema que seguir el ejemplo del Maestro?

          Vamos finalizando la lectura y encontramos algunas claves para identificar la fe auténtica y cómo ponerla en práctica. La verdad es que siempre es bueno recordar que el camino es estrecho. Es bueno recordar que hay sacrificios que debemos hacer y que hay metas por alcanzar como cristianos, esa meta tiene un solo nombre, Nombre sobre todo nombre: Jesús, quien no solo es nuestro Señor, sino aquel a quien debemos imitar, a quien debemos seguir.

          La lectura finaliza y la exhortación es clara. ¿Viviremos culturalmente tibios o viviremos en ardiente fe genuina? Este es un libro que todo cristiano tiene que leer.

          El tribunal sigue esperando la decisión del Juez, nosotros, los acusados estamos por declarar. ¿Nos declararemos como cristianos culturales o auténticos?

         

 

¿Por qué está Muriendo el Cristianismo?

Por Matt Walsh

Articulo Original http://www.theblaze.com/contributions/maybe-christianity-in-america-is-dying-because-its-boring-everyone-to-death/

Tr. Chris Du-Pond

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Recientemente asistí a un servicio que podría ayudar a resolver el misterio del fantástico declive del Cristianismo en EU.

Déjeme describir la escena, probablemente suene familiar:

Al entrar me di cuenta de haber entrado en un tipo de iglesia totalmente relajada, conveniente, cómoda. Lo primero fue que los miembros del coro vestían shorts y chancletas de plástico. Fantástico…

Había un montón de guitarras acústicas, tambores y tamborines y un teclado. Antes del inicio del servicio/concierto, un tipo salió para “animar” a la gente.  Un acto de apertura no es usualmente parte de la experiencia litúrgica, pero esto es 2015, y pues no nos gusta el silencio solemne ni la oración…

Siempre debe haber ruido. Siempre ruido. Sonidos. Luces. Nunca silencio, ni por un momento.

Finalmente el servicio comienza. El coro, la banda de “jam” para Jesus, o lo que sea que haya sido, tocó una  pieza parecida a una mezcla de soundtrack de película de Disney de los 90’ y una pieza agradable que escucharías si buscaras en el iPod de segunda generación de tu tía. No era realmente contemporáneo, o bueno, o relevante, pero por lo menos no era tradicional, porque… ¡qué asco a lo tradicional! Lo tradicional es anticuado…

El cantante tenía algo de talento, pero se manejaba como concursante de American Idol. Me dio la impresión de estar buscando el aplauso y no la adoración al Amo y Señor del Universo. Su estilo y fachada decía “show de talentos” pero la música decía “festival de queso y vino” o tal vez “sala de espera de dentista”.  Definitivamente no decía “VERDAD” o “ETERNIDAD” o “EL Gran Rey sentado en Su trono entre ejércitos de Ángeles Poderosos.”

El pastor comenzó con otra ronda de chistes. No tenían mucha gracia pero cumplieron el propósito de quitar la seriedad al momento. El “sermón” estaba plagado de jerga juvenil y de cultura pop. Mencionó un par de shows de TV y de Netflix. Utilizo metáforas de deportes. No hizo absolutamente nada con esas referencias, simplemente las colgó ahí como adornos para recalcar que sabe acerca de esos temas.

Creo que también menciono algo de “Angry Birds”. Medio fuera de moda, seguro, pero nos hizo saber que por lo menos ha usado un teléfono inteligente en los últimos cinco años.  ¡Este si nos entiende a los jóvenes!!

El evangelio hizo tal vez una aparición en su mensaje. Las palabras “VERDAD”, “SAGRADO”, “REVERENTE”, “PECADO”, “INFIERNO”, “VIRTUD”, “OBEDIENCIA” y “DEBER” brillaron por su ausencia, justo como están ausentes en la mayoría de las iglesias en todo el país. Desde luego menciono varias veces las palabras “amigo”, “ayudar”, y “tolerancia”. Obviamente tolerancia. Es importante predicar el tipo de principios que podemos aprender de nuestros coaches…sabes.

También dejó esto fuera de su “platica”: cualquier tipo de revelación profunda, un reto, una verdad, una llamada de atención, una motivación a actuar, o a cambiar.

A la mitad del show, giré la cabeza hacia atrás para ver a mis compañeros congregantes. ¿Sabe usted que vi? Cientos de personas cautivadas.

No, no es cierto…!ojalá!

Vi muchos asientos vacios. El eco desinteresado de un bostezo se podía escuchar por el pasillo. El tipo a mi lado luchaba por mantener sus ojos abiertos. Créanme que lo entendía. Tal vez este era el plan: mantener a la gente sentada y dormida para que no se vaya.

Efectivo, si, pero ¿con qué objeto?

Efectivo a que todo este show se viera rutinario y HUECO…hueco…. Supongo que debería entretenernos, pero nuestra fe no debe ser mero entretenimiento. Es mucho más que eso. Cuando lo reducimos a una mera distracción y a un espectáculo, pierde sustancia, y SIN SUSTANCIA, entre otras cosas, se vuelve aburrida.

Me pregunto lo que ¿pensaría una persona secular si estuviera dispuesta a examinar el Cristianismo y este fuese el primer servicio al que atiende? Claro, no se iría ofendido (o impactado, o emocionado, o energizado), pero.. ¿Tan siquiera podría mantenerse despierto?

¿Se iría con un mejor y más profundo conocimiento de la fe cristiana, o se rascaría la cabeza en confusión, tratando de discernir porque tanta gente se emociona con esto de “Jesus”? ¿Si fuese buscando algo profundo, santo y retador, se iría con el sentimiento de que esa meta fue lograda?

No lo creo…

Y ese es el problema del cristianismo en este país. No solo dentro de nuestros santuarios, sino en todas partes. Frecuentemente no tiene filo, verdad o profundidad. No tiene conciencia de su rico y épico pasado antiguo. No tiene perfil sagrado. No tiene dolor, o belleza, o reverencia. Más bien debería decir que el cristianismo tiene todo eso, fundamental y totalmente, pero muchos cristianos modernos en todas denominaciones han pasado mucho tiempo tratando de quitarle el filo al cristianismo y enterrarlo en mil años de un betún y crema batida de apatía y superficialidad.

Creo que esto puede esclarecer el último estudio anunciando a viva voz acerca de cómo el cristianismo ha retrocedido otro 8% en solo 7 años. Ahora el 70% de los americanos se identifican como cristianos. Aún la mayoría, pero la mayoría más pequeña que hemos tenido en la historia. Y Así, crece el ateísmo, el agnosticismo en popularidad y el cristianismo sigue en hemorragia y desvaneciéndose.

Algunos argumentan que la situación no es tan mala como parece, pero no estoy de acuerdo. Creo que es aún peor.

Después de todo, como 70% de nosotros aún nos “identificamos” como cristianos, pero ¿cuántos realmente se someten, no al Cristianismo, sino al “Cristianismo Conveniente”? (o nominal si se le puede llamar así…solo de nombre). ¿Cuántos son del tipo que se llaman cristianos pero no consideran la Biblia como un documento con autoridad alguna? ¿Cuántos están en el grupo que ven el cristianismo como poco más que un regaño de 30 segundos que le hace “Don Ramón” al chavo del 8? (Ejemplo adaptado**) ¿Cuántos creen que la moral y la fe pueden separarse? ¿Cuántos creen un sabor de cristianismo que no incluye la existencia del pecado o el Infierno? ¿Cuántos son relativistas? ¿Cuántos son proponentes del evangelio de la prosperidad?

¿Cuántos dicen ser cristianos solo porque se han convencido que Jesus ama el matrimonio homosexual o el aborto?

¿Y que pasa cuando excluimos a estos cristianos nominales de la ecuación? Seguimos siendo 70%? Difícilmente. ¿Cuál es el número real: 40%, 30%, 10%, menos aun? No lo sé, pero lo que sea…es deprimente.

Así que mientras cada uno ofrece su propio diagnostico acerca de las causas de esta catástrofe, este es el mío. La luz de la fe va disminuyendo en esta cultura por el tipo de servicio al que atendí. No ese específicamente pero ese tipo de servicio. Y no solo ese tipo de servicio, pero ese tipo de cristianismo en general. Un cristianismo lisiado, y aburrido. Sin sabor, manso…

Toda rama de la fe ha sido infectada con él, y si queremos comprender porque el cristianismo no está ganando almas o conquistando a la cultura,  ¡veamos esto!

Sin embargo, muchos de nuestros líderes, pastores y guías piensan que esto es, más que la enfermedad, el remedio. Es el mismo remedio que hemos tratado por medio siglo. Y conforme el problema empeora, no cambian la medicina, solo aumentan la dosis. Nos dicen que para traer las ovejas al redil—especialmente los “millenials”—el cristianismo debe ser lo menos parecido al cristianismo posible. Debe ser despojado de su verdad, su solemnidad, su sacrificio, su moralidad, su tradición, su historia, sus luchas, sus gozos, y lo que sea que quede será suficiente, sino para traer más gente, por lo menos para no asustarlos y que se vayan de la iglesia.

El cristianismo se desvanece porque más de nuestros líderes quieren robar a la gente de la verdadera fe y darles esta otra visión más conveniente. Pero esto no es lo que quiere el verdadero cristiano, y los que si la quieren, solo la quieren porque no se parece ya al cristianismo del todo. Y esas personas tarde o temprano se dan cuenta que lo único más secular que el cristianismo secular es el secularismo secular, y no hay razón para preferir el anterior en lugar del posterior. La transición de cristianismo nominal a agnosticismo continúa descarada y naturalmente.

Todavía hay muchos cristianos que desean la fe verdadera, pero generalmente son ignorados o atacados por la misma gente que debería estarlos liderando. Y los cristianos nominales, desde luego, no encuentran felicidad alguna en su cristianismo secular o en el secularismo secular. Aunque no lo sepan, anhelan en el fondo de su alma el verdadero mensaje de Cristo, pero raramente lo escuchan. Y cuando lo escuchan, hay un millón de voces que compiten, muchas dentro de la iglesia, advirtiéndoles que si siguen por ese camino verdadero van a tener que cambiar de comportamiento o de estilo de vida, lo cual es …totalmente inconveniente para ellos.

Eso es usualmente suficiente para disuadirlos de cualquier investigación adicional del cristianismo.

Y así es como llegamos a donde estamos. Simple. Ese es el problema, claro como la luz del día, y sin embargo cada vez que esta conversación sale a flote, se nos dice que el cristianismo está en declive porque los cristianos son demasiado religiosos, demasiado audaces, demasiado dogmáticos, demasiado morales,  y demasiado firmes en sus creencias. Esa es la sabiduría de las masas, pero como hemos visto miles de veces, la sabiduría de las masas de una masa errada nunca debe tomarse seriamente.

Si la fe ha de ganar terreno en este país, solamente va a suceder cuando el cristianismo se presente y entienda como lo que es: una religión de guerreros. Una fe para combatientes y soldados. C.S. Lewis lo dijo mejor:

“Territorio ocupado por el enemigo—Eso es lo que es este mundo. El cristianismo es la historia de cómo el rey justo ha desembarcado en esta tierra, uno diría: de forma incógnita, y nos está llamando a tomar parte en una gran campaña de sabotaje”.

Ahí, ahí está, explicado más irresistiblemente en dos frases. Como cristianos estamos lidiando una batalla contra el mismo Demonio. Estamos avanzando contra las fuerzas más oscuras del universo, y marchamos con Dios a nuestro lado. Y mientras tanto, alrededor de nosotros, en una dimensión invisible a ojos mortales, ángeles, demonios y fuerzas sobrenaturales, buenas y perversas, trabajan para defendernos o destruirnos.

Lo que se juega aquí es infinito. Nuestras almas están en la cuerda floja. Estamos parados en el campo de batalla donde la esperanza de la vida eterna espera a sus soldados fieles. El salmo dice “Bendito sea el SEÑOR, mi Roca, Que adiestra mis manos para la guerra.” Ese es el sentimiento y la actitud a la que nuestros líderes e iglesias nos deberían estar guiando. Esta es la verdad de esta vida y la FE que profesamos. Es una Fe feroz, formidable, temible, verdadera. Es la verdad que las escrituras pasan 1000 páginas tratando de explicar. Es la verdad que debe ser promulgada a gritos de los techos de cada iglesia y proclamada de los labios de todo cristiano.

Esa es la forma de detener el declive del cristianismo en América. Diciéndole a la gente la verdad. La verdad, eso es todo. Moviéndolos, amándolos. Haciéndolos sentir enojo, miedo, anhelo, tristeza, alegría, esperanza, determinación. Todas estas cosas. Son todas partes de nuestra fe, porque nuestra fe lo es todo. Como dijo Chesterton,  “hay más en ella; hay más existencia en pensar en ella; nos da más de la vida”.

Sí, el cristianismo nos da vida. Y posiblemente también venga con cosas que nos incomoden, que sean inconvenientes y no nos relajen, pero una cosa es segura: el cristianismo no es aburrido.

Y lo mejor de todo, es que el cristianismo es verdad.