Cristianos Notables: Dr. Clay Jones. Universidad de Biola

En esta ocasión me gustaría compartir acerca de ciertas personas que han influido mi vida espiritual positivamente porque creo que le pueden ser de bendición y beneficio a usted también.

Un hombre que me ha ayudado no solo con su conocimiento teológico como maestro sino con su ejemplo como cristiano es el Dr. Clay Jones. Profesor de Apologética de la Universidad de Biola, Doctor en Ministerio graduado de la universidad Trinity Evangelical Divinity School. Anteriormente anfitrión de un programa de radio nacional durante 8 años llamado Contend for Truth. Especialista en contestar la pregunta “Por Qué permite Dios el mal en el Mundo?” Acerca de este tema está actualmente escribiendo un libro y es orador frecuente en conferencias sobre el tema.

Su blog tiene un estilo honesto, agudo y algunas veces controversial, pero siempre con el propósito de descubrir las verdades—a veces olvidadas—del cristianismo y su defensa ante un mundo cada vez mas secularizado.

Sub blog en inglés está disponible en su página personal con traducciones al castellano de algunas de ellas en mi blog personal.

El Dr. Jones está disponible en facebook también.

Su blog titulado Una Pregunta que los Testigos de Jehová no Pueden Contestar es el más popular tanto en castellano como en inglés.

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¿Cual es el Pecado Imperdonable?

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¿Cual es el Pecado Imperdonable?

Por el Dr. Clay Jones.

La blasfemia al Espíritu Santo es llamada el “pecado imperdonable,” un pecado jamás perdonado. La mera posibilidad de cometer tal pecado frecuentemente preocupa a muchos cristianos. De hecho mientras cursaba el segundo año de secundaria pensé que yo mismo había cometido esta blasfemia al Espíritu Santo—y consecuentemente caí en depresión. Evidentemente, nuestro estado emocional puede influenciar nuestra percepción de la escritura. En las últimas cuatro décadas desde entonces, me he topado con muchos cristianos que temen haber cometido la blasfemia al Espíritu Santo y siempre me ha sido grato el decirles que no lo han hecho.

La enseñanza de Jesús en cuanto a la blasfemia al Espíritu Santo—el pecado imperdonable—se encuentra en Mateo, Marcos y Lucas, pero en Mateo encontramos la presentación más detallada y cohesiva. En Mateo 12:22 leemos que Jesús cura a un hombre endemoniado que también estaba ciego y mudo. No entenderemos completamente el significado de lo que sigue al menos que comprendamos la maravilla de este momento en Palestina durante el siglo primero. Una persona ciega y muda era una gran carga y una plaga—alguien sucio y digno de evadir—aparte este estaba poseído.

¡Pero Jesús lo sano! De pronto el hombre podía hablar y ver. En un instante fue restaurado. Podía valerse por sí mismo y expresar sus pensamientos. La gente estaba “atónita.” ¡Que cosa tan asombrosa! Que indescriptible alegría y alivio debe haber sido para las personas que lo cuidaban.

Pero en respuesta a este gran e innegable milagro de restauración completa—innegable aun para los fariseos—los fariseos se mofaron, “Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.”1 Por tanto, los fariseos atribuyen la sanación milagrosa a Satán—el “señor de las moscas,” el “Príncipe de las Tinieblas,” el “enemigo malo.” La respuesta de los fariseos muestra una dureza inequívoca contra Dios.

En respuesta, Jesús acentúa lo obvio en el verso 26: “Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?” Tal comportamiento esquizofrénico incapacitaría el reino de Satanás. Pero Jesús eleva la lógica indicando que nadie saquea la casa de un hombre fuerte si no le ata primero, demostrando así que sacó a los demonios por una “autoridad mayor a la de Satanás.”2 En resumen, la sencilla conquista de poderosos seres malignos demuestra lo que la dureza del corazón se niega a conceder: Jesús sanó con el poder del Espíritu Santo.

Y ahora llegamos a uno de los pasajes Bíblicos más serios: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (v. 31-32).

Para empezar, cabe hacer notar que los fariseos nunca mencionaron o enunciaron las palabras “Espíritu Santo” o cosa parecida. Por tanto debe ser posible de cometer la blasfemia del Espíritu Santo sin siquiera mencionar la palabra “Espíritu” o “Espíritu Santo.” ¿Qué fue entonces lo que hicieron los fariseos? Notemos el contexto. Ellos atribuyeron una innegable y clara obra del Espíritu Santo—en este caso la liberación de un hombre torturado por un demonio que resulto en su ceguera y sordera—al poder de Satanás. Esto no fue un simple malentendido. El profesor de estudios neo-testamentarios D. A. Carson esta en lo cierto al afirmar que la blasfemia de los fariseos al espíritu santo es un rechazo de “la verdad con total conciencia de lo que se está haciendo—en pensamiento, voluntad y conciencia rechazando el trabajo del Espíritu a pesar de no haber otra explicación a los exorcismos  de Jesús. Para tal pecado no hay perdón.”3

Luego, en los versos 33 y 34, Jesús continúa aclarando la dura condición de los fariseos. Jesús les dice que “por el fruto se conoce el árbol” y que son una “generación de víboras” que son “malos” y hablan de la “abundancia del corazón.” En otras palabras, la blasfemia de los fariseos no fue un arrebato de la lengua o simplemente una percepción equivocada de la realidad. Más bien fue un rechazo consciente, deliberado, y final por el que darán cuentas en el Día de Juicio.

Toda persona de tierno corazón hacia Dios entraría en estado de pánico después de escuchar la lógica de Jesús, su reprensión y advertencia de condenación eterna. Pero no los fariseos. En su lugar, en el v.38 leemos, “Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.” Es como si dijeran, “A pesar de que has curado a un hombre ciego y mudo en nuestra presencia, demostrado tu dominio sobre seres espirituales, y refutado nuestros argumentos—aun necesitamos más pruebas de que lo que haces viene de Dios.” En el verso 39, Jesús les contesta que su petición de evidencia demuestra la maldad de su dureza: “La generación mala y adúltera demanda señal.”

Por lo tanto, la blasfemia del Espíritu Santo es más que un rechazo, aun repetido, ya sea verbal o no, del testimonio del Espíritu Santo hacia Jesús.

Consideremos dos ejemplos en la Escritura de personas que inicialmente rechazaron el testimonio del Espíritu a Cristo, pero eventualmente lo aceptaron. Jacobo, el hermano de Jesús, creció con él y estuvo presente durante la inauguración de su ministerio de milagros (Juan 2:11-12), y posiblemente estuvo también en este milagro específicamente (Mateo 12:46), pero Jacobo pensaba que Jesús, al menos, estaba confundido o mentalmente inestable (Juan 7:3-5). Más tarde, sin embargo, Jacobo se convierte en un líder de la iglesia Cristiana (Gal. 1:19). Asimismo, Pablo no solo rechaza el mensaje de Cristo inicialmente sino que persigue a aquellos que lo proclaman (Hechos 8:1,9:1). Más tarde, Pablo se convierte en apóstol. Por tanto, es claro que la blasfemia al Espíritu Santo no es simplemente el errar al no reconocer el testimonio del Espíritu hacia Cristo. Más bien, la blasfemia al Espíritu Santo ocurre cuando alguien, a sabiendas, sin ambigüedad, intencional y permanentemente rechaza el testimonio del Espíritu Santo hacia Jesús. El profesor de estudios neo-testamentarios Darrel L. Buck sintetiza bien la situación: “La blasfemia al Espíritu puede verse como una consecuencia de rechazar al Hijo del Hombre. La diferencia entre blasfemar al Hijo del Hombre y al Espíritu es que la blasfemia al Hijo del Hombre es un rechazo instantáneo, mientras que el rechazo al Espíritu es permanente…Una vez que el testimonio del Espíritu y del trabajo de Dios por medio de Jesús es permanentemente rechazado, entonces nada puede ser perdonado, ya que el plan de Dios ha sido igualmente rechazado.”4

Igual que Jesús, nosotros mismos debemos advertir a aquellos que se endurecen contra el mensaje de las Buenas Nuevas. Debido a que esta blasfemia firme, intencional y permanentemente rechaza el trabajo del Espíritu Santo por tanto también pone a la persona más allá del arrepentimiento.

Más aún, consideremos la razón por la cual este es un pecado imperdonable. Los cristianos no creen que el Padre y el Hijo sean menos merecedores de reverencia que el Espíritu Santo. Finalmente la razón es que, precisamente la tarea del Espíritu Santo es la de convencer al mundo de su pecado y la verdad acerca de Jesús y el endurecimiento permanente es imperdonable (Juan 16:7-9).

No es difícil para cristianos batallando con grandes (aunque fuera de foco) inseguridades el culpar sus ansiedades en algo tangible como, “¡Tal vez ya he cometido un pecado imperdonable!” Pero debemos eliminar tales ansiedades llevando todo pensamiento cautivo (2 Cor. 10:5) y cimentar nuestras vidas en el conocimiento de la clara instrucción de la Escritura. Ya que ninguna persona que ha rechazado el trabajo del Espíritu Santo estaría preocupado de haber ofendido al Espíritu Santo. ¡El mero hecho de que la persona esté angustiada acerca de su relación con Jesús es evidencia de que no se ha endurecido contra el Espíritu Santo!

De hecho, si la blasfemia del Espíritu Santo pudiera ocurrir por medo de palabras arrebatadas en medio de una rabieta de enojo, entonces la escritura se estaría contradiciendo. Esto es el caso dados los muchos versos que garantizan la salvación de una persona que se falsificarían si la persona hubiera cometido un pecado imperdonable (Juan 5:24; Juan 1:12; Juan 3:16; Rom. 10:9). Estos versos no dicen, “Y serás salvo al menos que hayas cometido un pecado imperdonable.” Simplemente dicen, “Serás Salvo.”

Un conocimiento profundo de lo que Jesús dice acerca de nosotros disipa inseguridades infundadas. En realidad, esto fue lo que más me ayudo en mis épocas de estudiante. Memoricé versos de la Escritura similares a los que mencione arriba cada vez que temía el haber cometido el pecado y los recite persistentemente repetidamente hasta recuperar la confianza de mi salvación. Romanos 10:9 dice, “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” Por lo tanto, aquellos que confiesan que “Jesús es Señor” y creen que “Dios le levanto de los muertos” pueden concluir con toda seguridad y confianza que no han cometido un pecado imperdonable, sino que serán salvos.

 

Clay Jones es profesor asociado en el programa de maestría en apologética de la Universidad de Biola y se especializa en cuestiones relacionadas a por que Dios permite el mal. Sus más recientes reflexiones se pueden encontrar en http://www.clayjones.net

Este artículo apareció inicialmente en la columna de hermenéutica práctica del “Cristian Research Journal” volumen 34, numero 4 (2011). Para mayor información o suscripción al periódico ir a: http://www.equip.org

 


 

  1. Todas las citas bíblicas tomadas de la versión RV 1960.
  2. D.A Carson, “Mateo,” The Expositor’s Bible Commentary, ed. Frank E. Gaebelein (Grand Rapids: Zondervan, 1984), 290.
  3. Carson, 291-292.
  4. Bock, 1143. La “Blasfemia del Espíritu Santo no es tanto un hecho de rechazo sino una persistente y decisiva aversión al mensaje del Espíritu concerniente a Jesús. Cuando una persona rechaza y rehúsa obstinadamente el mensaje o evidencia, entonces esa persona ya no es perdonada” (Bock, 1141).