EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 6. El Apóstol Pablo

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 6. El Apóstol Pablo


Al momento en que escribo esta reseña del destino del Apóstol Pablo, estoy también enseñando una serie acerca de su vida y enseñanzas. Es por esto que no voy a profundizar demasiado sino dirigir a mis amables lectores a este estudio.

Por otra parte, quisiera hacer énfasis en la importancia de la vida de Pablo. Foakes-Jackson, creo que nos proporciona un buen resumen acerca de este punto:

“Al llegar Pablo, la Iglesia era una pequeña comunidad judía con crudos conceptos mesiánicos; al morir Pablo, la Iglesia era una organización mundial en la que no había ni Judío ni Gentil”. 1

Pablo fue el evangelista más efectivo hacia los no-judíos en la historia del cristianismo primitivo. Aquí la pregunta a saldar es, ¿Murió Pablo como mártir en Roma?

Veamos la síntesis del Dr. McDowell derivada de su libro, The Fate of the Aposteles:

La perspectiva general es que Pablo murió, al igual que Pedro, en Roma bajo el reinado de Nerón. Sin embargo, algunos estudiosos están en desacuerdo con esta perspectiva, como por ejemplo A. N. Wilson:

“Ciertamente no hay evidencia contundente de que Pablo haya muerto como Mártir”.

Wilson más bien cree que Pablo murió en España mientras hacía sus labores misioneras. Sin embargo, otros estudiosos como John McRay afirman que

“hay muy poca duda de que Pablo murió durante el reinado de Nerón en el año 67 o 68 AD”.

Para desempatar estas ideas competentes, estos son algunos de los datos analizados.

PABLO EN ROMA

Filipenses

Filipenses es una de las epístolas—llamadas auténticas—de Pablo; es decir, ni siquiera los eruditos escépticos niegan que fue escrita por él. Esta carta nos da evidencia interna de que fue escrita en Roma sin embargo no todos los estudios están de acuerdo y por eso sólo la tomaremos como un dato de apoyo en un grupo mayor de cuerpo de evidencia.

Segunda de Timoteo

Esta epístola contiene evidencia más directa porque en ella Pablo menciona su prisión en Roma directamente (II Timoteo 1:16-17; 2:9). Aquí la dificultad yace en la cronología de cuándo Pablo escribe esta carta. Pero esto se puede resolver si Pablo es liberado de su primer periodo de prisión en Roma (Hechos 28; Filipenses 1:18-19; 24-26: 2:24) y posteriormente encara un periodo de prisión más severo en Roma, de donde espera su muerte inminente (II Tim. 1:16-17; 2:19; 4:6-8, 16-18).

Algunos estudiosos objetan que II de Timoteo es pesudoepigráfico (no escrito por Pablo) y que por eso la referencia es dudosa. Pero aunque la epístola no haya venido de Pablo directamente (para términos de historicidad) entonces de cualquier forma debió proceder de un grupo íntimamente conectado con el apóstol Pablo. Esto nos proporciona una liga histórica directa entre Pablo y su estancia en Roma.

Hechos

Hechos posiblemente proporciona la evidencia más sólida de la estancia de Pablo en Roma en dónde Pablo dice:

“he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos” (Hechos 28:17b).

El clímax del libro es la llegada de Pablo a predicar en Roma (Hechos 28:31). La mayoría de los estudios fechan el libro de Hechos hacia el 70-85 y unos pocos lo ponen hacia los 90s A.D. Aunque tomemos ésta última fecha, Hechos aún estaría en el rango de tiempo en el que la memoria de los testigos presenciales estaría latente y habrían podido desacreditar la estancia Paulina en Roma si hubiese sido una falsedad.

Evidencia Extra-Bíblica

Algunas fuentes adicionales de la estancia de Pablo en Roma incluyen: 1 de Clemente 6:1, Ignacio (Carta a los Romanos 4:1-3), Tertuliano (Scorpiace 15:4-6), Los Hechos de Pablo.

El viaje de Pablo a Roma se establece firmemente sobre la evidencia bíblica y extra-bíblica presentada así como en la tradición unánime de los Padres Apostólicos. Además, históricamente carecemos de teorías o documentos históricos alternos que contradigan esta perspectiva.

EL MARTIRIO DE PABLO

Aunque Pablo sufrió indeciblemente y anticipó su propia muerte (ver II Cor. 5:1-10), el Nuevo Testamento  no nos dice directamente cómo murió Pablo. Sin embargo hay fuertes presagios de su martirio en algunos pasajes como lo son II Timoteo 4:6-8, Filipenses 1:20-24; 2:17, 23, Hechos 19:13,21; 21:28.

De todos estos, el más claro es II Timoteo 4:6-8:

“Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.

Otras fuentes del martirio de Pablo incluyen 1 Clemente 5:5-7, Ignacio (Epístola a los Efesios 12:2), Policarpo (Epístola a los Filipenses 9:1-2), Dionisio de Corinto, Ireneo (Contra Herejías 3.1.1), Hechos de Pablo.

¿MURIÓ PABLO DECAPITADO?

La tradición unánime es que Pablo murió decapitado. Sin embargo, no es necesario que Pablo haya muerto decapitado para ser considerado mártir. Pero, ya que este dato aparece en las tradiciones de su muerte, es importante investigar su origen histórico.

El primer escrito que menciona la decapitación de Pablo es el libro de los Hechos de Pablo, específicamente la sección llamada Martirio de Pablo. En este escrito, Nerón decreta que todos los cristianos han de morir. Ordena que todos los prisioneros sean quemados, pero ordena que Pablo sea decapitado para respetar la ley Romana. Éste tipo de ejecución es consistente con las leyes y usos romanos en el siglo primero. Otra fuente temprana que afirma que Pablo murió decapitado es Tertuliano en Scorpiace 15:5-6.

CONCLUSIÓNES

Según el detallado análisis—que aquí nos hemos limitado a sintetizar—McDowell concluye lo siguiente de acuerdo a esta escala:

 

  1. Pablo estuvo en Roma—Hecho Histórico con Certeza casi Absoluta (9-10).
  2. Martirio de Pablo— Hecho Histórico con Certeza casi Absoluta (9-10).
  3. Martirio durante el reinado de Nerón—Hecho histórico con Alta Certeza (8).
  4. Muerte por decapitación—Muy Probable (7).

 

 

  1. F. J. Jackson, The Life of Saint Paul, (Boni and Liverlight, Inc. 1926), 15. Mi traducción.

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 5. ¿Fue Pedro Crucificado de Cabeza?


EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 5. ¿Fue Pedro Crucificado de Cabeza?

Por Sean McDowell

Quizás la característica más común que se cree en cuanto al martirio de Pedro es que fue crucificado de cabeza. Según la historia, Pedro se negó a ser crucificado como su maestro Jesús, por lo que pidió morir en una cruz invertida. Y los romanos accedieron gustosamente.

Como lo demuestro en mi reciente libro El Destino de los Apóstoles, la evidencia histórica del martirio de Pedro es bastante convincente. Desde el siglo primero, el testimonio unánime es que Pedro murió como mártir (probablemente en Roma). Y dada la primera referencia en Juan 21:18 (“… cuando seas viejo, extenderás tus manos, y otro te vestirá y te llevará a donde no quieras ir”) y a que la crucifixión era una forma común de castigo para los esclavos y los ciudadanos no romanos, la crucifixión de Pedro también es históricamente probable.

¿Pero qué hay de la afirmación de que fue crucificado de cabeza?

El primer registro de la crucifixión de Pedro—de cabeza—se encuentra en Los Hechos de Pedro, un texto apócrifo de finales del siglo II (c. AD 180-190). Los Hechos de Pedro están llenos de material legendario, como por ejemplo la resurrección de un atún por Pedro, o el vuelo por los aires de Simon Magus. A pesar de eso, el escrito contiene un núcleo histórico. Christine Thomas escribe:

“El simple hecho que los protagonistas de las páginas de los Hechos de Pedro sean individuos pertenecientes al primer siglo es suficiente para demostrar que estas narrativas no eran ficciones completamente divorciadas de la memoria histórica”​​1

En el relato de la muerte de Pedro en Los Hechos de Pedro, éste se acerca al lugar de ejecución y lanza un discurso al pueblo y a la cruz (36:7-8). Concluye diciendo:

“Pero es hora de que, Pedro, entregues tu cuerpo a quienes lo toman. Tómalo, entonces, a quien le corresponde cumplir. Por lo tanto, les pido a los verdugos que me crucifiquen con la cabeza hacia abajo y de ninguna otra”.

Pedro hace un discurso final mientras está boca abajo en la cruz y luego muere (40:11).

Muchos asumen que la petición de Pedro muestra humildad, ya que no se consideró digno de morir de la misma manera que Jesús. Pero el texto no dice esto directamente. Más bien, como lo demuestro más detalladamente en El Destino de los Apóstoles, el estar de cabeza simboliza que la humanidad está caída y ahora ha sido restaurada por medio de la cruz. El mundo ha sido trastornado por el pecado, y entonces Pedro puede ver la naturaleza caída del mundo claramente mientras cuelga con la cabeza hacia abajo en la cruz. Su discurso deja claro que Adán, el “primer hombre”, cayó cabeza abajo y puso al cosmos de cabeza y que sólo a través de Cristo se puede ver al mundo “derecho”. Por lo tanto, las crucifixiones de Jesús y Pedro restauran la creación, a través del Nuevo Adán, a su estado original.

La muerte de cabeza de Pedro claramente lleva una función y narrativa teológica en el texto. ¿Pero podría ser también un dato histórico? El primer padre de la iglesia que lo mencionó, Orígenes, en el volumen 3 de su Comentario sobre Génesis a mediados del siglo tercero (c. 230), no menciona el discurso prolongado de Pedro. No está claro si Orígenes derivó—la muerte boca abajo de Pedro—a partir de una tradición independiente o a partir de los Hechos de Pedro. Tenemos evidencias de que los verdugos romanos variaron sus prácticas de crucifixión por puro sadismo, por lo que no es intrínsecamente inverosímil que Pedro fuese crucificado al revés. Sin embargo, ¿debemos creer que los verdugos romanos tomaron sugerencias de los criminales acerca de cómo querían ser crucificados? Probablemente no.

Sin embargo, si bien es posible que la tradición de la crucifixión de Pedro (de cabeza) conserve un recuerdo real de su destino, la evidencia histórica es simplemente inconclusa.

Documento original.

  1. Christine Thomas, The Acts of Peter: Gospel Literature, and the Ancient Novel (Oxford: Oxford University Press, 2003), 47.

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 4. El Apóstol Pedro.

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 4. El Apóstol Pedro.


Pedro es sin duda alguna el apóstol que con más frecuencia se menciona. Incluso más que Pablo. Pedro perteneció al círculo más íntimo de los seguidores de Jesús y ciertamente fue líder entre ellos. Frecuentemente es el portavoz de los doce y en los tres evangelios sinópticos se nos dice que sólo el confiesa a Jesús como “El Cristo” (Marcos 9:29; Mateo 16:16; Lucas 9:20).

Aunque Pedro negó a Jesús tres veces, su fe fue renovada después de la resurrección. En Hechos 4 se nos dice que, al enfrentar amenazas de las autoridades Judías para dejar de proclamar el “nombre de Jesús”, Juan y Pedro exclamaron:

“Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”.

La primera pregunta a responder es: ¿Estuvo realmente Pedro en Roma después de la crucifixión?

1 Pedro 5:13 es la evidencia indirecta más antigua que tenemos de la presencia de Pedro en Roma:

“La que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, os saluda, y también mi hijo Marcos”

Según el erudito Richard Bauckham, la mayoría de los estudiosos modernos reconocen que “Babilonia” se refiere al lugar de dónde se escribe 1 de Pedro.  “La que está en Babilonia” se refiere a una iglesia. La cuidad de Babilonia, para aquél entonces yacía en ruinas así que es poco probable que se refiriera a tal lugar. “Babilonia” era un nombre críptico relativamente común para referirse a Roma.

Una segunda línea de evidencia yace en la alta posibilidad de que Marcos haya sido escrito basado en testimonio de Pedro desde Roma. Papías registra que Marcos fue el intérprete de Pedro y que escribió cuidadosamente todo lo que Pedro recordó de sus experiencias con Jesús. Ireneo, quién posiblemente escribe desde los archivos de Roma, afirmó lo mismo. El único que difiere en cuanto a geografía entre los Padres apostólicos fue Juan Crisóstomo (d. AD 407), quién creía que Marcos registró el recuento de Pedro cuando éste último se encontraba en Egipto. Por otra parte, la evidencia interna también indica que Marcos tiene su origen en Roma.

El austero comentario de Pablo en 2 Timoteo 4:11, “Toma a Marcos y tráelo contigo” así como 1 Pedro 5:13, en donde Marcos envía su saludo, sitúan a Marcos en Roma, muy probablemente con Pedro. Esto, aunque no sea necesariamente indiscutible, constituye evidencia importante de que Pedro, de hecho, estuvo en Roma.

Para un argumento completo con el resto del minucioso análisis ver McDowell, The Fate of the Apostles.

La segunda pregunta a responder es: ¿Murió Pedro Martirizado?

La tradición mantiene que Pedro murió en Roma durante el reinado de Nerón en AD 64-67. Una minoría de eruditos dudan de esta perspectiva. Hay un sinnúmero de fuentes acerca del paradero de Pedro en los primeros dos siglos, así que este estudio se basa en la evidencia más cercana a los hechos.

La primera referencia del martirio de Pedro se encuentra en Juan de la boca del mismísimo Jesús:

Juan 21:18-19

En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras. Esto dijo, dando a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Y habiendo dicho esto, le dijo*: Sígueme.

La naturaleza críptica de este dicho confiere autenticidad a que la fuente sea Jesús mismo. Más aún, no tenemos manuscritos antiguos que carezcan de este pasaje por lo que no es una interpolación.

La referencia de “extender las manos” se conocía en la antigüedad como una referencia a la crucificción. Dado que este argumento es complejo y tomaría bastante tinta, refiero al amable lector al libro de McDowell para mayores detalles.

Un segundo pasaje que presagia la muerte de Pedro es Segunda de Pedro 1:12-15

Por tanto, siempre estaré listo para recordaros estas cosas, aunque vosotros ya las sabéis y habéis sido confirmados en la verdad que está presente en vosotros. Y considero justo, mientras esté en este cuerpo [tienda], estimularos recordándoos estas cosas, sabiendo que mi separación del cuerpo terrenal es inminente, tal como me lo ha declarado nuestro Señor Jesucristo.

La “tienda” se refiere aquí al cuerpo como algo temporal—en espera de algo duradero y permanente—e indica que el tiempo de vida en la tierra de Pedro se acortaba. Esto constituye evidencia temprana de que la iglesia creía que Pedro moriría pronto. Esto independientemente de la autoría de 2 de Pedro.

Otras fuentes que McDowell menciona con lujo de detalle pero que no discutiremos para ser breves incluyen 1 Clemente 5:1-4, Carta de Ignacio a los Romanos 4:3, Carta de Ignacio a Esmirna 3:1-2, El Apocalipsis de Pedro, La Ascensión de Isaías, Los Hechos de Pedro, El Apócrifo de Santiago, Dionisio de Corinto, Ireneo, y Tertuliano.

CONCLUSIÓN

Según el detallado análisis—que aquí nos hemos limitado a sintetizar—McDowell concluye lo siguiente de acuerdo a esta escala:

 

  1. Pedro Murió como Mártir—Hecho Histórico con Certeza casi Absoluta (9-10).
  2. La Crucifixión de Pedro—Hecho histórico con Alta Certeza (8).
  3. Pedro estuvo en Roma—Hecho histórico con Alta Certeza (8).
  4. Pedro Murió como Mártir durante el reinado de Nerón—Muy Probable (7).

Al considerar la evidencia más sólida, la perspectiva tradicional de que Pedro fue crucificado durante el reinado de Nerón se mantiene sobe un fundamento histórico muy sólido.

¿Pero qué con la idea de que fue crucificado de Cabeza para no ser crucificado igual que el Señor Jesús?

Ese será el tema a cubrir en nuestro próximo escrito. Parte 5: ¿Fue Pedro Crucificado de Cabeza?

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 3. Método y Análisis Histórico

Esta serie de estudios se basa en la revisión histórica de fuentes primarias relacionadas con los apóstoles de Jesús, principalmente sus destinos y sus martirios. Trabajo realizado por el Dr. Sean McDowell. 

A continuación un resumen del método histórico y de las fuentes a seguir para determinar cuál fue el destino final de cada uno de los apóstoles según los registros históricos más antiguos con los que contamos.

FUENTES

Las fuentes primarias y más antiguas con las que contamos incluyen:

  • El Nuevo Testamento—con énfasis especial en el libro de Hechos.
  • Escritos de los primeros Padres de la Iglesia
  • Escritos Pseudoepigráficos
  • Fuentes Gnósticas
  • Otros escritos extra-bíblicos

En particular, el método histórico utilizado sólo incluye (salvo en contadas excepciones) fuentes del siglo primero y segundo. Este es el periodo en el que testigos cercanos a los hechos estarían aún vivos. Este periodo se conoce como el periodo de “memoria viviente” (del inglés, “Living Memory”). Esto significa que “hacia el fin del siglo segundo aun vivían individuos que personalmente, e incluso a veces vívidamente, recordaban a los discípulos de los apóstoles—y que tal memoria aún se consideraba como digna de peso en debates acerca de cómo interpretar a los portavoces de la fe apostólica”.

ESCALA DE CONFIABILIDAD HISTÓRICA

El Dr. McDowell adopta la siguiente escala epistémica para asignar un nivel de confianza a cada hecho histórico en cuestión.

  1. Ciertamente no histórico
  2. Dudosamente histórico
  3. Improbable
  4. Ligeramente menos que plausible
  5. Plausible
  6. Ligeramente más que plausible
  7. Muy probable
  8. Hecho histórico con alta certeza
  9. Hecho histórico con certeza casi absoluta

Si asignamos números a las probabilidades, la escala quedaría así, siendo el 0-1 la más baja probabilidad y el 9-10 la más alta. Haciendo esto, la escala quedaría así:

  1. Ciertamente no histórico—0-1;
  2. Dudosamente histórico—2;
  3. Improbable—3;
  4. Ligeramente menos que plausible—4;
  5. Plausible—5;
  6. Ligeramente más que plausible—6;
  7. Muy probable—7;
  8. Hecho histórico con alta certeza—8;
  9. Hecho histórico con certeza casi absoluta—9-10;

En Resumen, tenemos aquí una escala del 0 a 10.

Para llenar esta escala, haremos varias preguntas:

  • ¿Cuántas fuentes tenemos? Mientras más fuentes independientes, mejor.
  • ¿Qué tan tempranas son las fuentes? Generalmente las fuentes más antiguas son más confiables.
  • ¿De qué naturaleza son las fuentes? Si hay fuentes cristianas, gnósticas y seculares entonces el hecho tiene mejor sustento que si viniera sólo de fuentes cristianas. Un escrito también tiene más peso que una tradición oral.
  • ¿Existe un núcleo histórico aunque las fuentes discrepen en puntos periféricos? Estos son los criterios principales a seguir en la investigación.

LOS 12 APÓSTOLES

¿Quiénes fueron los 12 apóstoles?

El término, “los Doce” aparece en los cuatro evangelios y en Hechos.

Si resumimos las listas en los evangelios sinópicos quedaremos con la siguiente lista:

  1. Simón (Pedro)
  2. Andrés
  3. Santiago, Hijo de Zebedeo
  4. Juan
  5. Felipe
  6. Bartolomé
  7. Tomás
  8. Mateo (Leví)
  9. Santiago, Hijo de Alfeo
  10. Judas (Tadeo)
  11. Simón el Zelote
  12. Judas Iscariote

Adicionalmente agregaremos al Apóstol Pablo (13) y a Santiago (14), hermano de Jesús, que eventualmente se convierte en líder de la iglesia en Jerusalén.

Una consideración final en cuanto al destino final de los apóstoles y de su posible martirio: los primeros cristianos fueron perseguidos inicialmente por su misma gente: los judíos. Luego por gentiles durante el reinado de Nerón como chivos expiatorios, y posteriormente fueron ejecutados y encarcelados de manera oficial por el Imperio Romano. Al menos a partir de este momento, los cristianos serían perseguidos a causa del nombre de Jesús. Estos factores hacen que no sólo sea plausible sino muy probable que al menos algunos de los apóstoles hayan sido martirizados por proclamar su fe en Jesús.

A Continuación… PARTE 4. El Destino de Pedro.

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES: Parte 2. Importancia

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES


Parte 2: La Importancia del Martirio de los Apóstoles

Por Sean McDowell

 

La disposición de los apóstoles a morir por su fe es uno de los argumentos más citados a favor de la historicidad de la resurrección de Jesús. Y sin embargo, en mi investigación y experiencia, es uno de los temas más ampliamente malentendidos. Es importante no exagerar ni subestimar la importancia de este punto. En mi libro The Fate of the Apostles [El Destino de los Apóstoles], presento cuidadosamente el argumento de esta manera:

Los apóstoles pasaron entre uno y medio y tres años con Jesús durante su ministerio público, esperando que proclamara su reino sobre la tierra. Aunque desilusionados por su muerte prematura, se convirtieron en los primeros testigos de Jesús resucitado y sufrieron persecución; muchos experimentaron posteriormente martirio, firmando su testimonio, por así decirlo, con su propia sangre. La fuerza de su convicción, marcada por su disposición a morir, indica que no inventaron estas afirmaciones; más bien, sin excepción, creyeron que Jesús había resucitado de entre los muertos. Si bien estos hechos no prueban ni la verdad de la resurrección en particular ni el cristianismo en su conjunto, sí demuestran la sinceridad de la creencia de los apóstoles, dando credibilidad a sus afirmaciones sobre la veracidad de la resurrección, que es fundamental para el caso de Cristianismo.

Sin embargo, muchos críticos han rechazado (y con cierta razón) y cuestionado el valor de este argumento. En su libro The Myth of Persecution [El Mito de la Persecución], la profesora Candida Moss, por ejemplo, afirma que a los cristianos

“les gusta pensar en sus mártires como únicos. El hecho de que los primeros cristianos estuvieran dispuestos a morir por sus creencias ha sido visto como un signo de la verdad inherente del mensaje cristiano …. El cristianismo es verdadero, se dice, porque sólo los cristianos tienen mártires”. 1

Quisiera responder en dos partes. Primero, como demuestro en El Destino de los Apóstoles, hay muchos mártires fuera del cristianismo; la afirmación no es que sólo los cristianos tienen mártires, sino que los apóstoles murieron de manera única por la creencia de que realmente habían visto al Cristo resucitado , lo que demuestra la sinceridad de sus convicciones. Las muertes de otros por sus causas religiosas no debilita de ninguna manera el significado (en materia de evidencia) del destino de los apóstoles.

En segundo lugar, la voluntad de los apóstoles de morir por sus creencias no demuestra “la verdad inherente del mensaje cristiano”, como afirma Moss. Más bien, muestra que los apóstoles realmente creían que Jesús había resucitado de la tumba. Los apóstoles podrían haberse equivocado, pero su voluntad de morir como mártires establece su inconfundible sinceridad. Los apóstoles no eran mentirosos; más bien, creían haber visto al Jesús resucitado, estaban dispuestos a morir por esta afirmación, y como lo demuestro en El Destino de los Apóstoles, muchos realmente murieron así.

Los apóstoles no eran mentirosos; más bien, creían haber visto al Jesús resucitado, estaban dispuestos a morir por esta afirmación, y como lo demuestro en El Destino de los Apóstoles, muchos realmente murieron así.

Aquí está la conclusión: la disposición de los apóstoles a morir por su fe no prueba que el cristianismo sea verdadero; simplemente muestra que los apóstoles creían sinceramente que Jesús había resucitado. No inventaron la historia. Ellos creyeron que Jesús se levantó de la tumba y se les apareció personalmente. Su disposición a pagar el precio más alto por esta convicción muestra la profundidad de su sinceridad.

A Continuación…PARTE 3. Método y Análisis Histórico


Sean McDowell, Ph.D. es profesor de Apologética Cristiana en Biola University, un autor de más de 15 libros, un orador reconocido internacionalmente, y un maestro de secundaria a tiempo parcial. Síguelo en Twitter: @sean_mcdowell y su blog en seanmcdowell.org.

 

  1. Candida Moss, The Myth of Persecution: How Early Christians Invented a Story of Martyrdom (New York: HarperCollins, 2013), 17, 81.

El Destino de los Apóstoles: Introducción

EL DESTINO DE LOS APÓSTOLES


Esta es la primera de una serie de publicaciones destinadas a dispersar las investigaciones históricas acerca del destino de los apóstoles del Dr. Sean McDowell. El material, que apenas se ha publicado en Inglés, constituye el primer volumen actualizado y completo referente a este tema histórico tan importante.

Parte 1: Introducción

Por Sean McDowell

 

El Libro de los Mártires de John Foxe, escrito en el siglo 16, ha sido la fuente histórica principal para estudiar las vidas y el martirio de los apóstoles.

Aunque es cierto que algunos eruditos han escrito acerca de apóstoles prominentes como Pedro, Pablo, Juan y Santiago, hay muy poca documentación acerca de los demás apóstoles. En su nuevo libro, The Fate of the Apostles [El Destino de los Apóstoles], Sean McDowell aporta un análisis razonado, completo e histórico acerca del destino de los doce apóstoles además de los apóstoles Pablo y Santiago.
McDowell analiza la evidencia existente en cuanto al martirio de cada apóstol así como su importancia en el tema de la confiabilidad de sus testimonios.
La cuestión del destino de los apóstoles también es central para la confiabilidad del kerygma: ¿en verdad creyeron los apóstoles que Jesús les apareció vivo después de verlo morir crucificado, o simplemente inventaron una historia? ¿Qué tan confiables son los relatos de la resurrección?

La disposición de los apóstoles a dar la vida por su fe es popularmente usada como argumento en estudios acerca de la resurrección y McDowell ofrece un análisis formal, nuevo y erudito en relación a este argumento dentro de las esferas de estudios del Nuevo Testamento, Historia de la Iglesia y Apologética.

Sean McDowell, Ph. D.

Fuente original.

A continuación… Parte 2: La Importancia del Martirio de los Apóstoles.