EL AMOR DE SPURGEON. Reseña de Libro: SOLAMENTE POR GRACIA

Reseña de Libro: SOLAMENTE POR GRACIA


El Amor de Spurgeon

Por Priscila Fonseca

 El libro se titula “Solamente por Gracia” y algo que nos va a llenar desde la primera, hasta la última página de este libro, es el claro amor que Spurgeon tenía hacia el prójimo y sobre todo hacia Dios.

Ya desde el índice, nos encontramos con una sección titulada “Para Ti”. Una bella dedicatoria para los no creyentes, hablándoles de la intención de llevarlos a un camino de paz, un camino trazado para todo aquel que decide creer en Dios.

          No creo que llamarlo el “Príncipe de los Predicadores” sea mero halago. Si llevó tantas almas a Cristo fue porque tenía un claro don de predicación y esto lo plasmaba en cada libro que publicaba.

          Una manera en que podemos identificar el sello de Charles en este pequeño libro, es que está escrito como si fueran discursos breves. De esta manera nos introduce al concepto de justificación que obtenemos por gracia. Y no es el arquetipo de justificación humana, sino la justificación de los impíos, que solo Dios nos puede ofrecer.

          Spurgeon quiere que el libro sea claro para las personas incrédulas, para aquellos que aun viven en pecado y son completamente ignorantes de sus consecuencias. Spurgeon le habla al pecador, cómo Cristo nos mostró que debemos amar a nuestros enemigos. ¿De qué otra manera queremos llevar a las personas a una convicción real de sus pecados? ¿A “bibliazos”? No, debemos utilizar nuestra Biblia para llevarlos en amor a la entrega genuina a Cristo. Y para lograrlo, éste pequeño libro nos va a ayudar muchísimo.

          Dentro de sus capítulos, podemos encontrar que Jesús vino a quitar el pecado de tres maneras; vino a salvar de la culpa del pecado,  del poder del pecado, y de la presencia del pecado. Interesante saberlo ¿verdad? Este capítulo los va a deleitar, mientras aborda el tema de la “Salvación de Pecar” (pg. 35).

          ¡Pero, espera Charles! ¿No estás olvidando algo importante para iniciar una conversión hacia Cristo? No, Spurgeon tiene claro el orden de su guía para llevar al lector a una profunda comprensión de lo que se necesita para llegar a Jesús y lo aborda en el capítulo 6: La Fe.

¿Qué es la fe? ¿No son las cosas más sencillas de aplicar, las más difíciles de explicar? Yo creo que sí. Pero a nuestro autor esto no le representa un gran desafío, ya que pacientemente nos va describiendo el conocimiento, la creencia y la confianza que se necesitan para experimentar la fe. Nos lleva desde versículos de Salmos hasta Romanos para explicar detalladamente qué es la fe y cómo vivirla. Porque de nada sirve un entendimiento de la fe si no la ponemos en práctica.

Bien, ya tengo fe. ¿Ahora qué, maestro? El paso siguiente nos lleva a la deidad de Jesucristo. Considero que es uno de los temas más sensibles a tocar cuando evangelizamos, porque podemos caer en el error de humanizarlo demasiado o de retratarlo como un dios completamente distante. Los dejo con un pequeño párrafo introductorio que encontramos en el capítulo sobre Jesús:

“No se te pide que creas en un Cristo muerto, sino en un Redentor que murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Así es que puedes acudir a Jesús en seguida como a un amigo vivo y presente.”

 ¿Quién querría dejar escapar la oportunidad de tener esta amistad con Dios?

          Nos vamos acercando al final de esta joya literaria. Sin embargo, el autor nos ha dado todos los pasos para reconocernos pecadores,  reconocer la necesidad de un Salvador y para cerrar con broche de oro, no nos deja a la deriva; sino que nos brinda un par de capítulos más para guiarnos a la perseverancia de los santos, a mantenernos gozosos en el camino angosto y recto.

          Spurgeon no nos deja voltear la última página sin antes preguntarnos a la cara y sin rodeos: “¿Por qué quieres morir?” Teniendo al alcance la salvación, muchas personas deciden no tomarla y esto claramente le preocupa a Spurgeon.

          En cambio, para aquellas personas que sí decidieron tomar ésta oportunidad de salvación, les deja un mensaje que a mí se me quedó grabado en lo más profundo y con esas mismas palabras me despido: ¡Adiós! Mas no para siempre: te encargo: ¡Encuéntrame en el cielo!