El Libro de Abraham muestra la falsedad del Mormonismo

 

El Libro de Abraham muestra la falsedad del Mormonismo

Breve contexto histórico

En 1835, Joseph Smith, fundador de la Iglesia (Santos de los Últimos Días) SUD, adquirió varios papiros egipcios (junto con unas momias) de un irlandés llamado Michael Chandler en Kirtland, Ohio. Según relatos de la época, Smith declaró que esos papiros contenían escritos originales de Abraham y de José de Egipto —figuras bíblicas de enorme relevancia en la tradición judeocristiana (el libro de José nunca se “tradujo”).

Smith afirmó recibir revelación divina y la habilidad, conferida por Dios, de traducir los documentos antiguos, aunque en ese tiempo en Estados Unidos aún nadie podía descifrar completamente los jeroglíficos egipcios. La clave para traducir el egipcio fue el descubrimiento de la Piedra Rosetta en 1799 la cuál fue descifrada en 1822.

Smith completó su “traducción” 1842 (sin ayuda de la Piedra Rosetta ya que el público general no tuvo acceso a la traducción sino hasta mediados-finales de 1800). Fue así como Joseph Smith produjo lo que se conoce hoy como el Libro de Abraham.

En la ilustración se muestra la versión interpretada por Joseph Smith (izq) en comparación con el Papiro (incompleto) remanente (der).

 

El texto narra acontecimientos y doctrinas atribuidos a Abraham, abordando temas como la preexistencia de las almas y la creación espiritual del mundo, entre otros. El Libro de Abraham, con el tiempo, fue canonizado en 1880 y se incluyó dentro de la «Perla de Gran Precio», un conjunto de escrituras canónicas sagradas adicionales a la Biblia y al Libro de Mormón.

Avance de la egiptología y el redescubrimiento de los papiros

Décadas después, tras importantes avances en la egiptología derivados del hallazgo de la Piedra de Rosetta y el desarrollo de métodos para entender los jeroglíficos antiguos, surgieron importantes cuestionamientos. Los papiros que Smith supuestamente usó para su traducción se cree que fueron perdidos en 1871 en un incendio en Chicago. Así que en ese tiempo no se pudo corroborar la traducción de Smith con la egiptología naciente a partir de la Piedra Rosetta.

La Piedra de Rosetta (arriba), hallada en 1799, fue clave para descifrar los jeroglíficos egipcios, ya que contiene el mismo texto en griego, demótico y jeroglífico. Gracias a ella, Champollion logró en 1822 traducir la escritura egipcia, lo que abrió el camino a la egiptología moderna y permitió comprender directamente la historia y cultura del antiguo Egipto.

 

Pero en 1967 sucedió algo sorprendente. Algunos de los fragmentos originales de los papiros adquiridos por Smith fueron redescubiertos en el museo de Arte de Nueva York y entregados a la Iglesia SUD. La iglesia SUD corroboró su autenticidad afirmando que fueron los mismos que Smith tuvo en su posesión. Esto permitió que egiptólogos y expertos pudieran analizarlos utilizando métodos científicos y lingüísticos modernos.

Los resultados de estos análisis fueron contundentes: lejos de tratarse de relatos abrahámicos, los fragmentos provenían de textos funerarios egipcios de carácter común, como el «Libro de los Alientos» y el «Libro de los Muertos». La cabeza de Abraham es en realidad la cabeza de Anubis. Estas eran guías espirituales utilizadas en entierros egipcios, muy posteriores a la época de Abraham estimada por estudiosos bíblicos y arqueólogos. Por tanto, la hipótesis defendida por Smith sobre el origen del texto traducido quedó desmentida a nivel científico. En otras palabras, Smith inventó un libro ficticio.

La evidencia central queda plasmada en la supuesta “traducción” de Smith en contra de la traducción real del papiro. Un ejemplo:

Traducción de Smith:

  • “En la tierra de los caldeos, en la morada de mi padre, yo, Abraham, vi que me era necesario buscar otro lugar donde morar;

Traducción de Egiptólogos:

  • «Osiris será transportado a la Gran Alberca de Khons –y también Osiris Hor, justificado, nacido a Tikhebyt, justificado – después de haber puesto sus brazos sobre su corazón y el permiso de respirar (que Isis hizo y tiene escrito en su interior y exterior) ha sido envuelto en lino real y colocado bajo su brazo izquierdo cerca de su corazón; El resto de los vendajes de la momia deben ser envueltos sobre él. El hombre para quien este libro fue copiado, respirará por los siglos de los siglos, como los dioses «.

Smith tradujo incorrectamente el papiro. Esto ha sido confirmado por expertos tanto mormones como seculares. Estos papiros nada tienen que ver con Abraham, sino que son escritos funerarios típicos del libro de los muertos y sus variantes posteriores.

Libro de las Respiraciones (der). Escritos en el Periodo Ptolemaico, es decir: 50 AC a 50 DC (Son de la época de Jesús, no de Abraham).

 

Otro ejemplo (facsímile #2 del libro de Abraham):

Este es otro facsímile del libro de Abraham que muestra el desconocimiento completo de Smith al “traducir”.

Amuleto Egipcio conocido como hipocéfalo (arriba).

 

“Traducción” de Smith:

“Kólob, que significa la primera creación, la más próxima a lo celestial, o sea, a la morada de Dios.”

“Se halla contigua a Kólob, llamada Olíblish por los egipcios, y constituye la siguiente gran creación regente cerca de lo celestial, o sea, el lugar donde Dios mora;”

“Se llama Enish-go-on-dosh en egipcio. Este también es uno de los planetas regentes, y los egipcios dicen que es el sol, y que recibe su luz de Kólob por conducto de Kae-e-vanrash, que es la magna Llave…”

En realidad, se trata de un amuleto funerario bastante común llamado hipocéfalo, llamado así porque se colocó bajo (hipo) la cabeza de una momia (cephalus). Su propósito era mantener mágicamente a los muertos calientes y proteger al cuerpo de la profanación por ladrones de tumbas.

Implicancias para la doctrina mormona

Este hallazgo es mucho más significativo de lo que puede parecer a simple vista. No se trata únicamente de un error de traducción o de interpretación antigua. Si se demuestra que Joseph Smith no fue capaz de traducir correctamente los mensajes supuestamente revelados y entregados por Dios, entonces se genera una pieza de evidencia importante que socava la confianza en sus reclamaciones proféticas. Para aquellos integrantes y líderes de la Iglesia SUD que sostienen la inspiración divina de Smith y la fiabilidad de sus traducciones y revelaciones, la evidencia científica moderna representa un serio reto teológico e institucional.

El método de traducción fue exactamente el mismo usado para traducir las supuestas placas de oro que produjeron el Libro de Mormón. Y fue también el mismo método que usó para buscar tesoros de manera infructuosa y en la opinión de algunos contemporáneos como fraudulenta. En 1826 Smith fue demandado legalmente por Josiah Stowel por usar piedras dentro de un sombrero para buscar tesoros (sin éxito).

La respuesta de la iglesia SUD, ante este problema, ha variado a lo largo del tiempo. Algunos han intentado defender la validez espiritual del texto, argumentando que quizá el proceso de traducción fue más una interpretación por revelación que una traducción literal de los jeroglíficos. Otros se han aferrado a explicaciones alternativas, como la posibilidad de que los fragmentos analizados no sean los mismos del proceso original de traducción, o que el verdadero significado de los símbolos sólo pueda ser descubierto de forma espiritual. Pero si en realidad esto no fue una traducción literal como afirman los mormones sino una revelación literal, entonces ¿de qué sirve usar jeroglíficos y papiros antiguos como referencia si su contenido no sirve para producir el resultado ya que éste depende de una “revelación divina” como afirma la iglesia SUD? Además, tales papiros son muy posteriores a la época de Abraham.

La respuesta oficial de la Iglesia SUD

Los apologistas mormones han tratado de responder ante dos grandes problemas. Primero, los papiros no son lo suficientemente antiguos para haber sido escritos por Abraham, y segundo, no dicen lo que Joseph Smith tradujo. Esos son hechos reales y objetivos. Me parece imposible y mejor dicho, un ejercicio en deshonestidad académica  tratar de defender y tapar los errores de Smith.

Aun así, esta es su respuesta oficial:

“La veracidad y el valor del libro de Abraham no pueden establecerse mediante un debate académico en cuanto a la traducción y la historicidad del libro. La naturaleza del libro de Abraham como libro de Escrituras reside en las verdades eternas que enseña y el poderoso espíritu que transmite. El libro de Abraham imparte profundas verdades acerca de la naturaleza de Dios, Su relación con nosotros como Sus hijos y el propósito de esta vida mortal. La veracidad del libro de Abraham se conoce, en definitiva, mediante un estudio dedicado de sus enseñanzas, la oración sincera y la confirmación del Espíritu.”

Si uno es honesto y objetivo, este tipo de explicaciones no resultan satisfactorias para una revisión imparcial y crítica. El hecho irrefutable es que los fragmentos existentes, comprobados y autenticados, no contienen relación alguna con las historias bíblicas de Abraham y sus enseñanzas. La supuesta traducción divina queda, así, expuesta como inexacta y carente de fundamento histórico y arqueológico. En pocas palabras, un fraude.

El método de investigación y la importancia de la evidencia

Cualquier cosmovisión debe poder someterse a escrutinio y al análisis, especialmente en lo que se refiere a afirmaciones extraordinarias sobre eventos históricos o revelaciones sobrenaturales. El análisis crítico del Libro de Abraham, enmarcado como un caso «forense», proporciona un precedente sobre cómo abordar otras afirmaciones religiosas. Si las pruebas disponibles contradicen una afirmación central, esa creencia merece ser cuestionada con honestidad y si fuera necesario, desechada.

Dadas las circunstancias, cualquier otro texto producido o traducido por Joseph Smith —sea el Libro de Mormón, la Biblia «inspirada» por Smith, o las Doctrinas y Convenios— también quedan, por analogía, dentro de la esfera de revisión escéptica. Y de hecho hay muchos problemas más en el libro de mormón que ya hemos expuesto (por ejemplo, en la evidencia del ADN). El libro de Abraham es solo un eslabón en la cadena de engaños de Joseph Smith.

El caso del Libro de Abraham es una advertencia sobre los riesgos de depositar la fe en individuos o escrituras sin bases históricas firmes.

 

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